CGT de los Argentinos - Organización y lucha.
Ya hace más de un siglo que el trabajador argentino asumió que el único modo de conquistar sus derechos y derrotar al enemigo es a través de la lucha, que esa lucha debe darse en forma colectiva y organizada, y que esa forma de organización es el sindicato.
De esa necesidad surgió La Confederación General del Trabajo de la República Argentina o CGT allí por 1930, sostenidos ideológicamente desde los valores de conciencia de clase, lucha y unidad de los trabajadores; una central obrera fundada como resultado de un acuerdo inicial entre socialistas y sindicalistas revolucionarios, al que se sumarían los comunistas y que se originó a partir de la fusión de dos centrales preexistentes: la Unión Sindical Argentina (USA), continuadora de la FORA del IX Congreso y la Confederación Obrera Argentina.
Después de la caída de Perón, el Partido Peronista se divide, a grandes rasgos, en peronismo y neoperonismo, este último dirigido por Vandor, un traidor para los trabajadores, que no seguía a Perón y para el que, quienes lo seguían, eran calificados de trotskistas. La otra vertiente, el peronismo, dirigido por Domingo Blajaquis, seguía luchando por su líder (Perón).
En ese marco, los trabajadores pierden su referencia natural que es el sindicato, donde sus cuestionamientos los convertían en “comunistas”.
Patrones y dirigentes descubren que tienen un enemigo en común: la clase trabajadora. Este descubrimiento conduce rápidamente al acuerdo entre el vandorismo y las corporaciones industriales.
Para llevarlo a la práctica, el gremio se convierte en aparato. La violencia que se ejercía hacia fuera ahora es hacia dentro, todos los recursos económicos y políticos, creados para enfrentar a la patronal, se vuelven contra los trabajadores.
El “aparato” no es otra cosa que la simple patota, delincuentes de las alianzas. A medida que el vandorismo se expande a todo el campo gremial y se disputa la hegemonía política, el aparato es todo, se confunde con el régimen, es la CGT y la Federación Patronal, los jefes de la Policía y el Secretario de Trabajo, los jueces y el periodismo complaciente.
En este contexto surge la CGT de los Argentinos, nacida del Congreso Normalizador “Amado Olmos” de la central obrera, celebrado del 28 al 30 de marzo de 1968; se presenta como una respuesta combativa a las variantes de adaptación al régimen por estas conducciones burocratizadas del sindicalismo peronista, nucleadas en las 62 Organizaciones con la hegemonía del metalúrgico Vandor. Las consignas más clasistas de la CGTA traducen ese origen: “Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra”, y “unirse desde abajo y organizarse combatiendo”.
La actitud antiburocrática de la CGTA significó un salto cualitativo en el modo como los sectores más dinámicos y combativos de la clase trabajadora y el activismo peronistas fueron procesando el desarrollo de su experiencia de clase desde esa identidad política. De manera más explícita en algunos de esos sectores, de forma más latente en otros, con la CGTA empezaron a asumir como un hecho el fin de la condición movimientista original del peronismo, su quiebre en varios peronismos distintos y antagónicos.
Una manifiesta tendencia hacia posiciones clasistas fue el resultado de ese triple proceso de síntesis. Funcionó como efecto, pero también como causa de profundización, de la convergencia de esos sectores del activismo sindical y político del peronismo con expresiones de la izquierda marxista y de la militancia cristiana radicalizada.
En el ya famoso programa del 1° de mayo de la CGT de los Argentinos, redactado por Rodolfo Walsh, y en la tradición de los documentos preliminares de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), de las 62 Organizaciones pre-vandoristas, aparece como la traducción sistematizada de esa emergente concepción clasista. Es a partir de ese nuevo estadio en la conciencia de clase de los trabajadores peronistas desde donde el programa propone, con párrafos que parecen en muchos casos escritos para la Argentina menemista de los 90 y para la actual argentina macrista, caminos de unidad de acción para los empresarios nacionales, los pequeños y medianos empresarios, los profesionales, los estudiantes, los intelectuales, los artistas, los religiosos.
En sus tres o cuatro años de existencia efectiva, la CGTA intentó ser también, en su práctica cotidiana, ese ámbito de convergencia, como lo fuera en el Cordobazo.
Lo consiguió, de manera parcial, incompleta, a veces conflictiva, en el plano de la compleja relación entre organizaciones sindicales y políticas del peronismo revolucionario, la izquierda y la Iglesia tercermundista. También en el del encuentro en la acción entre ese activismo y grupos de intelectuales, profesionales y artistas.
Raimundo Ongaro, Jorge Fernando Di Pascuale, Agustín Tosco, Rodolfo Walsh, entre otros, tenían ideales, creían en la lucha, venían de la lucha, allí residía su subjetividad militante, creían en la revolución, y pelearon por ella con claridad, conscientes de las necesidades económicas, sociales y políticas del trabajador y del pueblo que continúan vigentes aún hoy.
Nos queda la pregunta, como trabajadores pertenecientes a una clase, “organizados” en los sindicatos, en los tiempos del macrismo, del neoliberalismo creciente y arrasador en América Latina ¿dónde están nuestros dirigentes, dónde los sucesores de Ongaro o Tosco?, ¿dónde está el sindicato? ¿dónde está la clase que lucha? Somos perseguidos, roban nuestros derechos, nos sacan el trabajo, nos atacan sistemáticamente, nos reprimen, arrinconan e interpelan, y ¿cuál es nuestra respuesta? ¿Seguir peligrosamente adormecidos, esperando que un grupo de neoburócratas decidan tranzar por salarios miserables o bajas en el infame impuesto al salario? ¿sumarnos cada tanto a una marcha de protesta por despidos o ajustes salariales? o releer la Historia, aprender de nuestras derrotas pero también de nuestro aciertos y triunfos, como lo fue la CGTA y contraatacar con más fuerza, con esa fuerza que solo viene de abajo, colectiva y organizada y que históricamente mostró su poder y a la que tanto temen