LA EDUCACION COMO OBJETIVO

 

Una muy particular teoría de la felicidad

El error mayor de cualquier análisis político es des contextualizar los hechos, parcializar sobre unos pocos datos y desconocer o poner fuera de análisis otros no menos relevantes. Ocurre que solo cuando ya se había terminado de escribir la nota anterior se tuvo noticia de lo que está aún ocurriendo en Oaxaca, México, con una nueva masacre de maestros que se oponen, que intentan oponerse valerosamente al derechazo de una reforma educativa (qué ironía usar este adjetivo en una atmósfera de militarización que carga con las vidas de quienes defienden las luces en el pueblo). Esta reforma es in-consulta, violenta, y vivida como el desgraciado final de lo que es el humanismo educativo. Léase en consecuencia a lo que ocurre en Oaxaca como la manifestación del objetivo continental de una política de ocupación inminente, un desembarco final ya sin formas ni recatos. La Alianza del Pacífico ni es alianza ni es pacífica.

La visión neoliberal del actual gobierno pretende ocuparse de todos los aspectos en que haya habido algún avance popular o en que el estado se hubiera distraído en los últimos años. Con la exhaustividad de un paranoide repasa la escena política y baja línea y corrige hasta arrasar con todas aquellas prácticas instituidas en que otro tipo de visión podría habilitarse. Ya a fines de febrero llegó a las instituciones de enseñanza terciaria (profesorados) de la provincia de Buenos Aires la comunicación de que los nuevos diseños curriculares de matemáticas, física, química, biología, historia, lengua y literatura, inglés y geografía se encontraban “en proceso de implementación a través de la instancia de revisión final y prueba dentro de los comités de expertos” y que su aplicación áulica y universal sería a partir del 2017. La pregunta de quiénes son los expertos y en qué, que podría desvelarnos, nunca habrá de ser respondida.

La sospecha es que todo lo bajado hasta ahora es un anticipo que será luego modificado. A grandes líneas, se podría anticipar: recorte. Y qué faltaría aún: más recorte, cierre de carreras, personal sin trabajo, la implementación de una visión en que todo resto de progresismo, o aparente progresismo, sea desterrado y condenado. Indicio fundamental ya lo es la reducción de horas de cátedra de la formación del futuro profesor. Otro: cambio de cátedras. La sospecha es que todavía repiten parte del discurso kirchnerista para ganar tiempo, y que tras el receso de fin de año descerrajarán sus verdaderas y no santas intenciones. ¿Reacciones? En las reuniones de “perfeccionamiento” docente la reacción hasta ahora ha sido nula y se han suscitados muy pocos (o ninguno) comentarios. Acatamiento pasivo, como si fueran siempre otros los que perderán horas y las vagas promesas repetidas por directivos de que se reubicará siempre a los que las perdieran estuviera avalada por algún hecho anterior, y fuera norma de conducta establecida. ¿El alumnado? No parece, hasta el momento, que la docencia fuera el ámbito al que se incorporan y que lo que pasara en ella les incumbiera. La historia escolar contaba que el desastre de Cancha Rayada había ocurrido porque el ejército patriota estaba dormido.

Pero ¿qué sigue? No se trata solamente de ahorrar unos pesos con alguna hora recortada o alguna materia defenestrada. Lo que notoriamente se espera es la purga ideológica, el cambio de concepción que se exprese en la defensa a ultranza del ideal individualista, excluyente, en que la educación –y no ésta, la privada- se vea como patrimonio de pocos y “merecedores”. Concretamente, la vuelta de tuerca que falta incluye el cierre de instituciones, su reducción, otros enfoques, el toque medievalista que toda esta gestión, rebuzno casi, da a todo aquello contra lo cual la emprende. Menos escuelas, menos instituciones formadoras, menos alumnos, más privatización de todo el ámbito educativo. Más regimentación y control de lo que hace o dice el docente en el aula.

En educación, tras el caballito de madera del consenso, siempre se menearon ficciones de expertos. Muchos de esos expertos ni siquiera son argentinos o conocen un poco las necesidades educativas del país. A veces sobre dos o tres líneas se conforma todo un panorama: recuérdese a Ménem pidiendo que se omitieran de la historia nacional toda mención a los enfrentamientos que hubiera habido entre los componentes del nunca del todo nacido Mercosur. Piénsese que ahora se trata de modificar la experiencia histórica de todo un pueblo y su relación con el gigante del norte. Habrá que educar en la ponderación y sumisión a quien siempre se declarara amigo pese a sus actitudes en contrario. ¿Y con América Latina? No cabe duda que se elevará a barbarie los procesos populares para exaltar a los complacientes con el imperialismo y que están gobernados sobre la base de la exclusión, la injusticia social, la represión y la falta de libertades públicas. La educación ha sido –declaradamente o no- siempre territorio especialmente sensible a lo que la derecha denomina “seguridad nacional”. O sea, un grado de militarización particularmente peligroso para los que la ven como formadora de individuos para la libertad.

Por lo pronto olvidémonos de todo cuanto podría pensarse en términos de calidad o equidad educativa: si bien eran dos fetiches, ahora se convertirán en dos fetiches innombrables.