GUERRA DEL PUEBLO, EJERCITO DEL PUEBLO


Esta obra trata de la guerra de liberación del pueblo vietnamita, del carácter popular de esta lucha y de su brazo ejecutor, el Ejército del Pueblo, que pasando de la guerra de guerrillas a la regular, llevaría al episodio definitivo de la contienda, Dien Bien Fu, donde el poderío militar imperialista francés fue derrotado.  
 

INDICE
 
Prólogo LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA CONTRA LOS IMPERIALISTAS FRANCESES Y LOS INTERVENCIONISTAS NORTEAMERICANOS [1945-1954] I. Algunos datos geográficos e históricos II. Breve exposición del desarrollo de la guerra de liberación nacional III. Los problemas fundamentales de nuestra guerra de liberación IV. Los factores del éxito  
LAS GRANDES EXPERIENCIAS DE NUESTRO PARTIDO COMO DIRIGENTE DE LA LUCHA ARMADA Y DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS I. Nuestro partido dirigió con éxito la preparación de la insurrección armada y la insurrección general de agosto de 1945 II. Nuestro partido dirigió con éxito la guerra de resistencia contra el imperialismo francés y la intervención norteamericana III. Nuestro partido dirigió triunfalmente la organización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias  
DIEN BIEN FU  
I. Breve resumen de la situación militar durante el invierno de 1953 y la primavera de 1954 II. La dirección estratégica III. La dirección de las operaciones en Dien Bien Fu IV. Algunos problemas tácticos V. La moral del ejército VI. El pueblo al servicio del frente VII. La guerra de liberación de nuestro pueblo ha sido una larga y prodigiosa batalla como la de Dien Bien Fu  
ANEXO  
I. La fisonomía del frente durante el verano de 1953 II. La nueva tentativa del enemigo: el plan Navarre III. Nuestro plan para el invierno de 1953 y la primavera de 1954; la evolución de la situación militar en los diversos frentes IV. La histórica campaña de Dien Bien Fu  

PRÓLOGO de Ernesto Che Guevara  
Consideramos un alto honor prologar este libro basado en los escritos del general Vo Nguyen Giap, actualmente viceprimer ministro, ministro de la Defensa Nacional y comandante en jefe del Ejército Popular de la República Democrática de Vietnam. El general Giap habla con la autoridad que le confiere su larga experiencia personal y la del partido en la lucha de liberación. La obra, que tiene de por si una actualidad permanente, reviste más interés, si cabe, debido a la tumultuosa serie de acontecimientos ocurridos en los últimos tiempos en esta región de Asia y a las controversias surgidas sobre el uso adecuado de la lucha armada como medio de resolver las contradicciones insalvables entre explotadores y explotados, en determinadas condiciones históricas. Los combates que, exitosamente, llevaran durante largos años los heroicos ejércitos y el pueblo entero de Vietnam, se repiten ahora; Vietnam del Sur está en pie de guerra; la parte del país arrebatada a su legítimo dueño, el pueblo vietnamita, está cada vez más cerca de la victoria. Aun cuando los enemigos imperialistas amenacen con enviar miles de hombres, los desaforados hablen del uso de la bomba atómica táctica y el general Taylor sea nombrado embajador en la llamada “República de Vietnam del Sur” y, tácitamente, comandante en jefe de los ejércitos que tratarán de liquidar la guerra del pueblo, nada impedirá su derrota. Muy cerca, en Laos, se ha encendido la guerra civil, provocada también por las maniobras de los norteamericanos, apoyados de una manera u otra por sus aliados de siempre, y el reino neutral de Camboya, parte, como sus hermanos, Laos y Vietnam, de la antiguamente llamada Indochina Francesa, está sujeto a violaciones de sus fronteras y a ataques permanentes, por su posición enhiesta en defensa de la neutralidad y de su derecho a vivir como nación soberana. Por todo esto, la obra que prologamos rebasa los límites de un episodio histórico determinado y adquiere vigencia para toda la zona; pero, además, los problemas que plantea tienen particular importancia para la mayor parte de los pueblos de América Latina sometidos al dominio del imperialismo norteamericano, sin contar con que sería de extraordinario interés el conocimiento de ella para todos los pueblos del África que día a día sostienen luchas cada vez más duras, pero también repetidamente victoriosas, contra los colonialistas de diversa índole. Vietnam tiene características especiales; una civilización muy vieja y una larga tradición como reino independiente con particularidades propias y cultura autóctona. Dentro de su milenaria historia, el episodio del colonialismo francés apenas es una gota de agua. Sin embargo, sus cualidades fundamentales y las opuestas del agresor, igualan, en términos generales, las contradicciones insalvables que se presentan en todo el mundo dependiente, así como la forma de resolverlas. Cuba, sin conocer estos escritos, así como tampoco otros que sobre el tema se habían hecho narrando las experiencias de la Revolución China, inició el camino de su liberación por métodos parecidos, con el éxito que está hoy a la vista de todos. Por tanto, esta obra plantea cuestiones de interés general para el mundo en lucha por su liberación. Pueden resumirse así: la factibilidad de la lucha armada, en condiciones especiales en que hayan fracasado los métodos pacíficos de lucha de liberación; el tipo que debe tener ésta, en lugares con grandes extensiones de terreno favorable a la guerra de guerrillas y con población campesina mayoritaria o importante. A pesar de que el libro está basado en una recopilación de artículos, tiene buena hilación y ciertas repeticiones no hacen más que darle mayor vigor al conjunto. Se trata en él de la guerra de liberación del pueblo vietnamita; de la definición de esta lucha como guerra del pueblo y de su brazo ejecutor como ejército del pueblo; de la exposición de las grandes experiencias del partido en la dirección de la lucha armada y la organización de las fuerzas armadas revolucionarias. El capítulo final versa sobre el episodio definitivo de la contienda, Dien Bien Fu, en el que ya las fuerzas de liberación ganan en calidad y pasan a la guerra de posiciones, derrotando también en este terreno al enemigo imperialista. Se empieza narrando cómo, después de acabada la guerra mundial con el triunfo de la Unión Soviética y de las potencias aliadas del Occidente, Francia burló todos los acuerdos y llevó a una situación de extrema tensión a todo el país. Los métodos pacíficos y racionales de resolver las controversias fueron demostrando su inutilidad, hasta que el pueblo tomó la vía de la lucha armada; en ésta, por las características del país, el peso fundamental recaía en el campesinado. Era una guerra de características campesinas, por los lugares fundamentales de acción y por la composición fundamental del ejército; pero estaba dirigida por la ideología del proletariado, haciendo válida una vez más la alianza obrero-campesina como factor fundamental de la victoria. Aunque en los primeros momentos, por la característica de la lucha anticolonialista y antimperialista, era una guerra de todo el pueblo y una gran cantidad de gentes cuya extracción no respondía exactamente a las definiciones clásicas de campesino pobre o de obrero, se incorporaba también a la lucha de liberación, poco a poco se definían los campos y comenzaba la lucha antifeudal, logrando entonces su verdadero carácter de antimperialista, anticolonialista, antifeudal, dando como resultado el establecimiento de una revolución socialista. La lucha de masas fue utilizada durante todo el transcurso de la guerra por el partido vietnamita. Fue utilizada, en primer lugar, porque la guerra de guerrilla no es sino una expresión de la lucha de masas y no se puede pensar en ella cuando ésta está aislada de su medio natural, que es el pueblo; la guerrilla significa, en este caso, la avanzada numéricamente inferior de la gran mayoría del pueblo que no tiene armas pero que expresa en su vanguardia la voluntad de triunfo. Además, la lucha de masas fue utilizada en las ciudades en todo momento como arma imprescindible para el desarrollo de la lucha; es bien importante significar que nunca en el transcurso de la acción por la liberación del pueblo vietnamita, la lucha de masas nada entregó de sus derechos para acogerse a determinadas concesiones del régimen; no parlamentó sobre concesiones mutuas, planteó la necesidad de obtener determinadas libertades y garantías sin contrapartida alguna, evitando así que, en muchos sectores, la guerra se hiciera más cruel aún de lo que la hacían los colonialistas franceses. Este significado de la lucha de masas en su carácter dinámico, sin compromisos, le da una importancia fundamental a la compresión del problema de la lucha por la liberación en Latinoamérica. El marxismo fue aplicado consecuentemente a la situación histórica concreta de Vietnam y por ello, guiados por un partido de vanguardia, fiel a su pueblo y consecuente en su doctrina, lograron tan sonada victoria sobre los imperialistas. Las características de la lucha, en donde hubo que ceder terreno y esperar muchos años para ver el resultado final de la victoria, con vaivenes, flujos y reflujos, le dan el carácter de guerra prolongada. Durante todo el tiempo de la lucha se pudo decir que el frente estaba donde estaba el enemigo; en un momento dado, éste ocupaba casi todo el país y el frente estaba diseminado por donde el enemigo estuviera; después hubo una delimitación de líneas de combate y allí había un frente principal, pero la retaguardia enemiga constituía constantemente otro escenario para los bandos en lucha, de manera que la guerra fue total y que nunca los colonialistas pudieron movilizar cómodamente, en un terreno de base sólida, sus tropas de agresión contra las zonas liberadas. La consigna “dinamismo, iniciativa, movilidad, decisión rápida ante situaciones nuevas”, es la síntesis suma de la táctica guerrillera, y en esas pocas palabras está expresado todo el dificilísimo arte de la guerra popular. En ciertos momentos, las nuevas guerrillas, alzadas bajo la dirección del partido, estaban todavía en lugares en los cuales la penetración francesa era muy fuerte y la población estaba aterrorizada; en esos casos, practicaban constantemente lo que los vietnamitas llaman la “propaganda armada “. La propaganda armada es simplemente la presencia de fuerzas de liberación en determinados lugares, que van mostrando su poderío y su imbatibilidad, sumidas en el gran mar del pueblo como el pez en el agua. La propaganda armada, al perpetuarse en la zona, catalizaba las masas con su presencia y revolucionaba inmediatamente la región, agregando nuevos territorios a los ya obtenidos por el ejército del pueblo. Es así como proliferaron las bases y las zonas guerrilleras en todo el territorio vietnamita; la táctica, en este caso, estaba resumida en una consigna que se expresa así: Si el enemigo se concentra, pierde terreno, si se diluye, pierde fuerza; en el momento en que el enemigo se concentra para atacar duramente, hay que contraatacar en todos los lugares donde renunció al empleo disperso de sus fuerzas; si el enemigo— vuelve o ocupar determinados lugares con pequeños grupos, el contraataque se hará de acuerdo con la correlación existente en cada lugar, pero la fuerza fundamental de choque del enemigo se habrá diluido una vez más. Esta es otra de las enseñanzas fundamentales de la guerra de liberación del pueblo vietnamita. En la lucha se ha pasado por tres etapas que caracterizan, en general, el desarrollo de la guerra del pueblo: se inicia con guerrillas de pequeño tamaño, de extraordinaria movilidad, diluibles completamente en la geografía física y humana de la región; con el correr del tiempo se producen procesos cuantitativos que, en un momento dado, dan paso al gran salto cualitativo que es la guerra de movimientos. Aquí son grupos más compactos los que actúan, dominando zonas enteras, aunque sus medios son mayores y su capacidad de golpear al enemigo mucho más fuerte; la movilidad es su característica fundamental. Después de otro periodo, cuando maduran las condiciones, se llega a la etapa final de la lucha en que el ejército se consolida e, incluso, a la guerra de posiciones, como sucedió en Dien Bien Fu, puntillazo a la dictadura colonial. En el transcurso de la contienda que, dialécticamente, se va desarrollando hasta culminar, en el ataque de Dien Bien Fu, en guerra de posiciones, se crean zonas liberadas, o semiliberadas del enemigo que constituyen territorios de autodefensa. La autodefensa es concebida por los vietnamitas también en un sentido activo como parte de una lucha única contra el enemigo; las zonas de autodefensa pueden defenderse ellas mismas de ataques limitados, suministran hombres al ejército del pueblo, mantienen la seguridad interna de la región, mantienen la producción y aseguran el abastecimiento del frente. La autodefensa no es nada más que una parte mínima de un todo, con características especiales; nunca puede concebirse una zona de autodefensa como un todo en sí, es decir, una región donde las fuerzas populares traten de defenderse del ataque del enemigo mientras todo el territorio exterior a dicha zona permanece sin convulsiones. Si así sucediera, el foco sería localizado, atenazado y batido, a menos que pasara inmediatamente a la fase primera de la guerra del pueblo, es decir, a la lucha de guerrillas. Como ya hemos dicho, todo el proceso de la lucha vietnamita debió basarse fundamentalmente en el campesinado. En un primer momento, sin una definición clara de los contornos de la lucha, ésta se hacía solamente por el interés de la liberación nacional, pero, poco a poco se delimitaban los campos, se transformaba en una típica guerra campesina y la reforma agraria se establecía en el curso de la lucha, cuando se profundizaban las contradicciones y, a la vez, la fuerza del ejército del pueblo; es la manifestación de la lucha de clases dentro de la sociedad en guerra. Esta era dirigida por el partido con el fin de anular a la mayor cantidad posible de enemigos y de utilizar al máximo las contradicciones con el colonialismo de los amigos poco firmes. Así, conjugando acertadamente las contradicciones, pudo el partido aprovechar todas las fuerzas emanadas de estos choques y alcanzar el triunfo en el menor tiempo posible. Nos narra también el compañero Vo Nguyen Giap la estrecha ligazón que existe entre el partido y el ejército; cómo, en esta lucha, el ejército no es sino una parte del partido dirigente de la lucha; de la estrecha ligazón que existe a su vez entre el ejército y el pueblo; cómo ejército y pueblo no son sino la misma cosa, lo que una vez más se ve corroborado en la síntesis magnífica que hiciera Camilo: “el ejército es el pueblo uniformado”. El cuerpo armado, durante la lucha y después de ella, ha debido adquirir una técnica nueva, técnica que le permita superar las nuevas armas del enemigo y rechazar cualquier tipo de ofensiva. El soldado revolucionario tiene una disciplina consciente. Durante todo el proceso se caracteriza fundamentalmente por su autodisciplina. A su vez, en el ejército del pueblo, respetando todas las reglas de los códigos militares, debe haber una gran democracia interna y una gran igualdad en la obtención de los bienes necesarios a los hombres en lucha. En todas estas manifestaciones, el general Nguyen Giap enseña lo que nosotros conocemos por nuestra propia experiencia, experiencia que se realiza algunos años después de logrado el triunfo por las fuerzas populares vietnamitas, pero que refuerza la idea de la necesidad del análisis profundo de los procesos históricos del momento actual. Este debe ser hecho a la luz del marxismo, utilizando toda su capacidad creadora, para poder adaptarlo a las cambiantes circunstancias de países, disímiles en todo el aspecto exterior de su conformación, pero iguales en la estructura colonizada, la existencia de un poder imperialista opresor y de una clase asociada a él por vínculos muy estrechos. Después de un análisis certero, llega el general Giap a la siguiente conclusión: “En la coyuntura actual del mundo, una nación, aunque sea pequeña y débil, que se alce como un solo hombre bajo la dirección de la clase obrera para luchar resueltamente por su independencia y la democracia, tiene la posibilidad moral y material de vencer a todos los agresores, no importa quiénes sean. En condiciones históricas determinadas, esta lucha por la liberación nacional puede pasar por una lucha armada de larga duración, la resistencia prolongada, para alcanzar el triunfo.” Estas palabras sintetizan las características generales que debe asumir la guerra de liberación en los territorios dependientes. Creemos que la mejor declaración para acabar el prólogo, es la misma que utilizan los editores vietnamitas y con la que estamos identificados: “Ojalá que todos nuestros amigos que, como nosotros, sufren todavía los ataques y las amenazas del imperialismo, puedan encontrar en Guerra del pueblo, ejército del pueblo, lo que hemos hallado nosotros mismos: nuevos motivos de fe y esperanza.” Comandante Ernesto Che Guevara



LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA CONTRA LOS IMPERIALISTAS FRANCESES Y LOS INTERVENCIONISTAS NORTEAMERICANOS [1945-1954]

 
I. ALGUNOS DATOS GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS  
VIETNAM es uno de los Estados más antiguos del sudeste asiático. Se extiende como una S inmensa sobre el borde del Pacífico. Comprende el Bac Bo al norte, que forma, con el delta del Río Rojo, una región rica de posibilidades agrícolas e industriales; el Nam Bo al sur, vasta llanura aluvial regada por el Mekong y esencialmente agrícola, y el Trung Bo al centro, larga y estrecha banda de tierra que une los dos deltas. Para describir la configuración de su país, los vietnamitas se complacen en evocar una imagen familiar: la de una pértiga con una cesta cargada de arroz en cada extremo. Vietnam tiene una extensión territorial de 330 000 kilómetros cuadrados y alrededor de 25 000 000 de habitantes. En el curso de su historia muchas veces milenaria el pueblo vietnamita se ha distinguido por sus tradiciones de lucha heroica contra la agresión extranjera. En el siglo XIII logró detener la invasión de los mongoles que habían extendido su dominación a toda la China feudal. Hacia mediados del siglo XIX los imperialistas franceses emprendieron la conquista del país. Pese a una resistencia que duró muchas décadas, Vietnam fue reducido progresivamente al estado de colonia para formar después, con Camboya y Laos, la Federación de Indochina Francesa. Pero desde el establecimiento de la dominación de los imperialistas franceses el Movimiento de Liberación Nacional del pueblo vietnamita se desarrolló continuamente. Se produjeron numerosos alzamientos, reprimidos uno tras otro, pero cada vez más potentes. Después de la primera Guerra Mundial un poderoso movimiento de masas que ganó a amplias capas intelectuales y pequeñoburguesas penetró profundamente en los trabajadores agrícolas y en la clase obrera que comenzaba a surgir. El año 1930 señaló un nuevo desarrollo de la lucha por la liberación nacional con la fundación del Partido Comunista Indochino —el actual Partido de los Trabajadores de Vietnam—, que asumía la misión de dirigir la lucha del pueblo vietnamita contra los imperialistas y la casta de los terratenientes feudales, por el triunfó de la revolución nacional y democrática. En 1939 estalló la segunda Guerra Mundial. Francia fue rápidamente ocupada por los nazis, y Vietnam se transformó en colonia de los fascistas japoneses. El Partido Comunista analizó certeramente la nueva situación: se iniciaba un nuevo ciclo de guerras y revoluciones. Fijó como objetivo de todo el pueblo la ampliación del Frente Nacional Unido Antiimperialista, la preparación de la insurrección general armada y el derrocamiento de los imperialistas franceses y japoneses para reconquistar la independencia nacional. Se funda el Vietnam Doc Lap Dong Minh (Frente de la Independencia del Vietnam) —en abreviatura Vietminh, absorbiendo a todas las clases y capas sociales patriotas. Se inicia la guerra de guerrillas en la región montañosa del Bac Bo. Se constituye una zona liberada. En agosto de 1945 el Ejército Rojo soviético y las fuerzas aliadas derrotaron al ejército japonés. Termina la guerra mundial. La liquidación de los fascismos alemán y nipón provocó un serio debilitamiento del sistema capitalista. Con la victoria de la Unión Soviética nacen numerosas democracias populares. El sistema socialista desborda las fronteras de un solo país. En el mundo se abre un nuevo periodo histórico. En Vietnam, frente a esta nueva coyuntura internacional, el Partido Comunista Indochino y el Frente Vietminh llamaron al país a la insurrección general. En todas partes el pueblo se levantó en masa. Potentes manifestaciones y demostraciones se sucedieron sin interrupción. En agosto estalla la revolución que neutraliza a las tropas niponas en pleno desastre, derriba a la administración feudal projaponesa e instaura el poder popular en Hanoi y en todo el país, desde el Bac Bo al Nam Bo. En la capital, Hanoi, el 2 de septiembre, el gobierno popular provisional, presidido por el presidente Ho Chi Minh, se presentó ante la nación, proclamó la independencia de Vietnam y llamó a la nación a unirse, a mantenerse presta a defender el país contra toda tentativa de agresión imperialista. Se creó la República Democrática de Vietnam, primera democracia popular en el sudeste asiático. Pero los imperialistas pretendían ahogar en la cuna el régimen democrático y hacer nuevamente de Vietnam una colonia. Tres semanas después, el 23 de septiembre de 1945, el Cuerpo Expedicionario Francés abrió el fuego en Saigón. Toda la nación vietnamita se alzó contra la agresión. Ese día comenzó una guerra de liberación nacional que duró nueve años con heroísmo inusitado y en medio de dificultades inimaginables, y que finalizó con la victoria de nuestro pueblo y la severa derrota de los agresores en Dien Bien Fu. Pero cuando, con el entusiasmo extraordinario provocado por la Revolución de Agosto, el pueblo vietnamita se agrupa en torno al gobierno provisional, se producen nuevos hechos que hacen más difícil y compleja la situación política. Cumpliendo los acuerdos adoptados por los aliados para lograr el desarme de los japoneses, las fuerzas del Kuomintang chino1 entran en la parte de Vietnam situada al norte del paralelo 16 y las fuerzas inglesas desembarcan en el sur. Las tropas de Chiang Kai-shek aprovecharon la ocasión para despojar a la población y saquear el país, mientras ayudaban por todos los medios a los elementos más reaccionarios de la burguesía y de los terratenientes vietnamitas, afiliados al Vietnam Quoc Dan Dang (el Kuomintang vietnamita)2 y al Fuc Quoc projaponés (Partido de la Restauración Nacional Vietnamita). Con la ayuda china estos elementos provocaron tumultos en todas partes, ocuparon cinco provincias cerca de la frontera, promovieron incidentes en el mismo corazón de la capital y se prepararon febrilmente para derribar el poder popular. En el sur los ingleses se dedicaban activamente a apresurar el retorno de los imperialistas franceses. Jamás hubo tantas tropas extranjeras en el suelo de Vietnam. Pero nunca el pueblo vietnamita había estado tan decidido a luchar. Tales son, a grandes rasgos, los datos geográficos e históricos indispensables para la comprensión del desarrollo de la guerra de liberación nacional del pueblo vietnamita.


II. BREVE EXPOSICIÓN DEL DESARROLLO DE LA GUERRA DE LIBERACIÓN NACIONAL  
Al terminar la guerra los franceses pensaban apoyarse en las tropas británicas para reconquistar el Nam Bo y utilizarlo después como trampolín para preparar su marcha sobre el norte. Habían capitulado ante los japoneses, pero, terminada la guerra, consideraban que tenían un derecho indiscutible a volver como señores a su antigua colonia. Se negaban a admitir que en ese periodo de tiempo la situación había cambiado radicalmente. En septiembre de 1945 las tropas coloniales francesas, armadas por los ingleses y reforzadas rápidamente por el Cuerpo Expedicionario Francés, bajo el mando del general Leclerc, desencadenaban la agresión en Saigón con el apoyo directo del ejército inglés. La población del Nam Bo se lanzó enseguida al combate. Dada la extrema debilidad de sus fuerzas armadas, el poder popular tuvo que retirarse al campo, después de duros combates callejeros en Saigón y en las grandes ciudades. La casi totalidad de las poblaciones y vías de comunicación del Nam Bo y del sur del Trung Bo caían sucesivamente en manos del enemigo. Los colonialistas creían estar a punto de acabar la reconquista del Nam Bo. El general Leclerc declaraba que terminaría la ocupación y la “pacificación” en diez semanas. Pero los acontecimientos siguieron otra dirección. Fortalecida por el apoyo de todo el país, la población del sur continuaba la lucha. En toda la campiña del Nam Bo las guerrillas se reforzaron, sus bases se multiplicaron y extendieron, el poder popular se mantuvo y afirmó a lo largo de los nueve años de la resistencia, hasta el restablecimiento de la paz. Sabiendo que la invasión del Nam Bo no era más que la primera fase del plan de agresión de los franceses, nuestro partido guiaba a la nación hacia la preparación de una resistencia prolongada. A fin de concentrar todas las fuerzas hostiles al imperialismo francés, adoptó una lúcida política: Unidad de todos los capaces de participar en esta unidad, neutralización de todos los que pudiesen ser neutralizados, ampliación del Frente Nacional Unido con la creación del Lien Viet (Frente de Unión Nacional de Vietnam), organización urgente de las elecciones generales con sufragio universal para constituir la primera asamblea nacional de la República Democrática de Vietnam, encargada de votar una Constitución y formar un gobierno de resistencia ampliamente representativo, hasta con la participación del Vietnam Quoc Dan Dang (el Kuomintang vietnamita). Evitábamos en ese momento todo roce con las tropas de Chiang Kai-shek. El problema que se planteaba entonces al Cuerpo Expedicionario Francés era saber si le sería fácil volver al norte de Vietnam por la fuerza. Indudablemente no, ya que nuestras fuerzas eran allí más poderosas que en el sur. Por su parte, nuestro gobierno quería salvaguardar a toda costa la paz a fin de consolidar el poder popular apenas constituido y reconstruir el país devastado por largos años de guerra. Por ello se celebraron entre nuestro gobierno y los franceses negociaciones que dieron por resultado el Acuerdo Preliminar del seis de marzo de 1946. Según los términos de este convenio, se autorizó a contingentes limitados de tropas francesas a estacionarse en cierto número de localidades del norte de Vietnam para conjuntamente con el ejército vietnamita, relevar a las tropas de Chiang Kai-shek. A cambio, el gobierno francés reconocía a Vietnam como un Estado Ubre con su gobierno, su asamblea nacional, su ejército y sus finanzas propios, y se comprometía a retirar sus tropas de Vietnam en un plazo de cinco años. En cuanto al status político del Nam Bo, debía ser fijado por un referéndum. Las relaciones entre la República Democrática de Vietnam y Francia se hallaban entonces en una encrucijada. ¿Se consolidaría la paz o se reanudarían las hostilidades? Los colonialistas consideraban el Acuerdo Preliminar como un recurso para introducir una parte de sus tropas en el norte de Vietnam, una maniobra dilatoria en el marco de su plan de generalización de las hostilidades. Por ello, las conversaciones de la Conferencia de Dalat tuvieron un resultado negativo y las de la Conferencia de Fontainebleau sólo lograron un frágil modus vivendi.3 Durante todo ese tiempo los colonialistas, partidarios de la guerra, persistían en su táctica de usurpaciones locales. En lugar de cumplir el armisticio continuaban sus operaciones de limpieza del Nam Bo y establecían un gobierno títere local, mientras en Bac Bo se lanzaban a provocaciones, atacaban varias provincias, saqueaban y mataban a los habitantes del centro minero de Hongai, creando en todas partes un ambiente de tensión y preparando golpes de fuerza. Fiel a su política de paz e independencia, nuestro gobierno trató por todos los medios de arreglar amistosamente los conflictos; en diversas y sucesivas apelaciones demandó del gobierno francés, presidido entonces por el Partido Socialista Francés (SFIO), cambiase de política a fin de evitar una guerra perjudicial para ambas partes. Al mismo tiempo nos dedicábamos activamente a fortalecer nuestra retaguardia y a prepararnos para la eventualidad de una guerra de resistencia. Obtuvimos buenos resultados en el aumento de la producción. Pusimos gran atención al fortalecimiento de la defensa nacional. Reprimimos con éxito a los del Vietnam Quoc Dan Dang, liberando a todas las regiones que habían caído en sus manos. En noviembre de 1946 la situación se agravó. Los colonialistas atacaron Hai Phong. Después de librar combates callejeros, nuestras tropas se retiraron a los arrabales. En diciembre los franceses provocaron un clima de tensión en Hanoi: matanza de civiles, ocupación de ciertos servicios públicos, envío de un ultimátum exigiendo el desarme de nuestros grupos de autodefensa y el derecho de asegurar por sí mismos el orden en la ciudad. Finalmente extendieron el conflicto armado. Habían escogido deliberadamente el camino de la guerra, que debía ser también el de su propia ruina. El 19 de diciembre la resistencia se extendió a todo el país. Al día siguiente, en nombre del partido y del gobierno, el presidente Ho Chi Minh llamó al pueblo a levantarse para aplastar al enemigo y salvar a la patria, a combatir hasta la última gota de sangre y rechazar categóricamente toda nueva esclavitud. En el momento en que las hostilidades se generalizaron en todo el país, ¿cuál era la correlación de fuerzas? Desde el punto de vista material el enemigo era indiscutiblemente más fuerte que nosotros. Nuestras tropas recibieron, pues, la orden de combatirlo en todas partes donde tuviera guarnición, para debilitarlo e impedirle desplegarse demasiado rápidamente; seguidamente, cuando las condiciones llegasen a ser desfavorables para nosotros, replegar la mayor parte de nuestros efectivos hacia la retaguardia para preservar nuestras fuerzas con el objetivo de una resistencia prolongada. Los combates más destacados se desarrollaron en Hanoi, donde nuestras tropas lograron sostener sólidamente un vasto sector durante dos meses enteros antes de retirarse indemnes de la capital. En esos días en que la patria estaba en peligro, todo el pueblo vietnamita permanecía indisolublemente unido en un combate a muerte. Respondiendo al llamamiento del partido, había escogido resueltamente el camino de la libertad y la independencia. El gobierno central se había retirado a las bases de la región montañosa del Viet Bac; se crearon zonas militares —pronto unidas por interzonas— y se reforzaron los poderes de las autoridades locales para movilizar al pueblo y organizar la resistencia. Nuestro gobierno continuaba invitando al gobierno francés a no obstinarse en el error y volver a las negociaciones pacíficas. Pero, bajo el pretexto de la negociación, el gobierno francés exigió el desarme de nuestras tropas. Respondimos a esa obstinación intensificando la resistencia. De hecho, el alto mando francés reagrupaba tropas y preparaba febrilmente una gran ofensiva relámpago con la esperanza de terminar la guerra. En octubre de 1947 lanzaba una gran campaña contra nuestra base principal, el Viet Bac, para decapitar la resistencia y aniquilar nuestras fuerzas regulares. Pero esta gran operación fracasó rotundamente. Las fuerzas del Cuerpo Expedicionario sufrieron graves pérdidas sin llegar a inquietar a nuestros órganos dirigentes ni quebrantar nuestras unidades regulares. El enemigo fracasó en su estrategia de una ofensiva relámpago para una decisión rápida. Nuestro pueblo estaba decidido a resistir prolongadamente. A partir de 1948, habiendo comprendido que la guerra debía prolongarse, el enemigo cambió de estrategia. Empleó sus fuerzas reagrupadas en la “pacificación” y en la consolidación de las regiones ya ocupadas, sobre todo en el Nam Bo, aplicando el principio de que fuesen los vietnamitas los que combatiesen contra los vietnamitas, e intentando mantener la guerra a toda costa. Creó un gobierno central títere, organizó activamente unidades auxiliares, se dedicó al pillaje económico. Ampliando poco a poco su zona de ocupación en el norte, controló la mayor parte del delta del Río Rojo. Durante todos esos años el Cuerpo Expedicionario Francés, en un proceso de extrema dispersión, disemina sus fuerzas en millares de posiciones de importancia para la ocupación y el control. Pero las dificultades militares y financieras, cada día más numerosas, llevaban poco a poco a los franceses a dar paso a la intervención de los norteamericanos. Ante el cambio de estrategia del enemigo, preconizamos intensificar las guerrillas, hacer de su retaguardia nuestras propias posiciones avanzadas. Nuestras unidades se dispersaban en compañías autónomas que operaban en profundidad en la zona controlada por el enemigo, para desencadenar la guerrilla, establecer bases y proteger el poder popular local. Se trataba de una guerra extremadamente dura y generalizada en todos los terrenos: militar, económico y político. El enemigo realizaba operaciones de limpieza y nosotros luchábamos dificultándolas. Organizaba tropas auxiliares vietnamitas e instalaba autoridades títeres; nosotros manteníamos firme el poder popular local, liquidábamos a los más importantes colaboracionistas, eliminábamos a los traidores y hacíamos una activa propaganda por la desintegración de las fuerzas auxiliares. Paciente y progresivamente creábamos bases guerrilleras grandes y pequeñas. En el mapa del teatro de operaciones, fuera de la zona libre, “zonas rojas”4 que se extendían y se multiplicaban incesantemente comenzaban a aparecer en el corazón mismo de las regiones ocupadas. El territorio nacional era liberado pulgada a pulgada en la retaguardia enemiga. En esta guerra no había frente definido. El frente estaba donde se encontraba el enemigo. En todas partes y en ninguna. A consecuencia de nuestra nueva estrategia, la tentativa enemiga de mantener la guerra por la guerra y que los vietnamitas combatiesen a los vietnamitas tropezó con serias dificultades y fracasó. El centro de gravedad del frente se desplazaba progresivamente hacia la retaguardia del enemigo. Durante ese tiempo la zona libre no cesaba de consolidarse. Nuestro ejército crecía en la lucha. En la medida en que se desarrollaba la guerrilla, crecían nuestras formaciones locales y estábamos en mejores condiciones para reagrupar nuestras fuerzas. A fines de 1948 y comienzos de 1949 nos lanzamos por primera vez a pequeñas campañas que causaron al enemigo pérdidas sensibles. Los franceses empezaron a inquietarse seriamente. La comisión investigadora presidida por el general Revers terminó sus trabajos con un informe bastante pesimista, llegando a la conclusión de que era necesario solicitar una ayuda más amplia de los Estados Unidos. 1949 fue el año del extraordinario triunfo de la Revolución China y del nacimiento de la República Popular China. Este gran acontecimiento histórico, que modificó la fisonomía de Asia y del mundo, ejerció una influencia considerable sobre la guerra de liberación del pueblo vietnamita. Saliendo del aislamiento que le había impuesto el enemigo, Vietnam se encontraba desde ahora geográficamente unido al campo socialista. A comienzos de 1950 la República Democrática de Vietnam fue reconocida oficialmente por la República Popular China, la Unión Soviética y los otros países hermanos. Al ario siguiente, en el curso de su II Congreso, el Partido Comunista Indochino decidió cambiar de nombre y se convirtió en el Partido de los Trabajadores de Vietnam. El Frente Vietminh y el Linviet (Frente de Unión Nacional de Vietnam) se fusionaron. En 1953 el partido y el gobierno decidieron realizar la reforma agraria para liberar las fuerzas de producción y dar un impulso más vigoroso a la resistencia. El conjunto de todos estos hechos contribuyó a modificar a nuestro favor la fisonomía de la guerra. En efecto, el año 1950 señaló un nuevo desarrollo de nuestra prolongada resistencia. Durante el invierno, en la campaña de la frontera, abrimos nuestra primera contraofensiva relativamente importante que logró la liberación de las provincias de Cao Bang, Lang Son y Lao Kay. Enseguida desatamos una serie de operaciones ofensivas en el frente del delta. El enemigo sufrió nuevas derrotas. El general De Lattre de Tassigny fue enviado a Indochina. La ayuda militar concedida por los Estados Unidos después de un convenio firmado en 1950, aumentaba sin cesar. La guerra de agresión, lanzada inicialmente por los colonialistas franceses, se convertía cada vez más en una guerra hecha con los dólares norteamericanos y la sangre francesa. Era verdaderamente una guerra sucia. En su plan, aprobado por Washington, el general De Lattre preconizaba el establecimiento de una sólida línea de bunkers5 en el delta del Río Rojo para contener nuestros ataques y un reagrupamiento de fuerzas para realizar violentas operaciones de limpieza a fin de “pacificar” a todo trance la zona ocupada. Esperaba poder crear así las condiciones para una ofensiva que permitiría a las fuerzas francesas recuperar la iniciativa y atacar nuestra zona libre. En octubre de 1951 el enemigo ocupaba Hoa Binh. Respondimos desatando inmediatamente la campaña de Hoa Binh: por un lado lo conteníamos y aniquilábamos frontalmente; por otro, aprovechando la debilidad de su dispositivo, nuestras divisiones se infiltraban en la misma retaguardia del delta del Río Rojo para desarrollar allí ataques frontales. Nuestras vastas bases guerrilleras se ampliaban más, liberando a casi dos millones de habitantes. Hoa Binh fue liberada. Así fracasó el plan de De Lattre. En 1952 nos lanzamos a una campaña en el noroeste y liberamos vastos territorios hasta Dien Bien Fu. A comienzos de 1953 las unidades de voluntarios vietnamitas, cooperando con el ejército de liberación del Pathet-Lao, desencadenaron la campaña del Alto Laos que logró la liberación de la provincia de Sam Neua. En resumen, he aquí la situación de los diversos teatros de guerra: El frente principal era el del norte de Vietnam, donde se había desarrollado la mayor parte de las batallas importantes. A comienzos de 1953 la casi totalidad de la región montañosa, o sea más de dos tercios del territorio del norte de Vietnam, estaba liberada. El enemigo ocupaba todavía Hanoi y el delta del Río Rojo, o más exactamente las grandes ciudades y las vías de comunicación más importantes; nuestras bases guerrilleras —nuestra zona libre— abarcaban ya a cerca de los dos tercios de las aldeas y localidades situadas en esa región. En el centro y en el sur de Vietnam manteníamos todavía muy sólidamente grandes zonas libres mientras continuábamos desarrollando poderosamente nuestras bases guerrilleras en la zona ocupada. La fisonomía de los teatros de operaciones se había modificado seriamente: la zona ocupada por el enemigo se reducía gradualmente, mientras que la principal base de la resistencia, la zona libre del norte de Vietnam, se ampliaba y consolidaba de día en día. Nuestras fuerzas conservaban constantemente la iniciativa de las operaciones. El enemigo se encontraba arrinconado en un peligrosísimo callejón sin salida. Los franceses se atascaban cada vez más en su guerra de agresión. La ayuda norteamericana, que cubría solamente el 15% de los gastos de esa guerra en 1950 y 1951, llegaba en 1952 al 35 % y al 45 % en 1953, para alcanzar el 80 % en 1954. Pero la situación del Cuerpo Expedicionario no tenía salida. En el otoño de 1953, aprovechando el armisticio de Corea, norteamericanos y franceses se dedicaron a aumentar sus fuerzas armadas en Indochina con el objetivo de continuar y extender las hostilidades. Aprobaron el plan Navarre, que se proponía aniquilar nuestras fuerzas regulares, ocupar todo el Vietnam y transformarlo en colonia y en base militar franco-americana; tenían la esperanza de terminar victoriosamente la guerra en dieciocho meses. Era de hecho el plan de los ultras Laniel-Dulles. Para realizar precisamente la primera parte de ese plan, el general Navarre concentró en el norte más de la mitad de las fuerzas móviles del teatro de guerra indochino, incluidos los refuerzos recientemente llegados de Francia, lanzó ataques contra nuestra zona libre y arrojó tropas paracaidistas en Dien Bien Fu para transformarlo en base de una ofensiva ulterior. El enemigo quería concentrar sus fuerzas. Nosotros le forzamos a dispersarlas. Al desatar una serie de fuertes ofensivas en los puntos que dejaba relativamente descubiertos, le obligábamos a diseminar sus tropas por todas partes para contener nuestros ataques. Creamos así las condiciones favorables para el ataque a Dien Bien Fu, el campo atrincherado más poderoso de Indochina, considerado inexpugnable por el Estado Mayor franco-americano. Decidimos estrangular al enemigo en Dien Bien Fu. Fueron llevadas allí nuestras mejores unidades. Movilizamos los recursos humanos y materiales de la retaguardia para garantizar nuestras victorias en primera línea. Después de 55 días y 55 noches de combate, el Ejército Popular de Vietnam realizó el más alto hecho de armas de toda la guerra de liberación: la destrucción de la guarnición de Dien Bien Fu. Esta batalla, que modificó el curso de los acontecimientos, contribuyó de manera decisiva al éxito de la Conferencia de Ginebra. En julio de 1954 la conclusión de los acuerdos de Ginebra restablecía la paz en Indochina sobre la base del respeto a la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Vietnam, Camboya y Laos. Por esos acuerdos, el norte de Vietnam, poblado por más de 13 millones de habitantes, es hoy enteramente libre. Este triunfo venía a coronar casi un siglo de lucha por la liberación nacional y particularmente los nueve años de la dura guerra de resistencia llevada a cabo por el pueblo vietnamita. Señaló la vergonzosa derrota de los imperialistas franceses y norteamericanos y de sus lacayos. Pero actualmente la mitad de nuestro país vive todavía bajo el yugo de los norteamericanos y las autoridades de Ngo-Dinh-Diem. Lejos de haber terminado, la lucha de nuestro pueblo por su liberación nacional prosigue, ahora, por métodos pacíficos.


III. LOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE NUESTRA GUERRA DE LIBERACIÓN  
La guerra de liberación del pueblo vietnamita era una guerra justa, que tenía como objetivos reconquistar la independencia y la unidad de la patria, dar y asegurar a los campesinos el derecho a la tierra y defender las conquistas de la Revolución de Agosto. Por ello, fue ante todo una guerra del pueblo. Una cuestión decisiva fue educar, movilizar, organizar y armar a todo el pueblo para que participara en la resistencia. El enemigo de la nación vietnamita era el imperialismo, al que debíamos derrotar. Pero como desde hacía mucho tiempo se había ligado a los terratenientes feudales, la lucha antimperialista no podía de ninguna manera separarse de la lucha antifeudal. Por otra parte, en un país colonial atrasado como el nuestro, donde los campesinos representaban la inmensa mayoría de la población, la guerra del pueblo era esencialmente una guerra realizada por los campesinos bajo la dirección de la clase obrera. Por ello, movilizar y organizar a todo el pueblo venía a ser prácticamente movilizar y organizar a las masas campesinas. El problema de la tierra era aquí de una importancia decisiva. Así, a la luz de un análisis completo, la guerra de liberación del pueblo vietnamita aparece, en su esencia, como una revolución nacional democrática popular realizada militarmente, cuyas dos tareas fundamentales y esenciales eran el derrocamiento del imperialismo y de los terratenientes feudales. La tarea antimperialista era la primordial. El Vietnam atrasado, país colonial que acababa de rebelarse para proclamar su independencia e instaurar el poder popular, no disponía más que de fuerzas armadas recientemente organizadas, inexpertas y mal equipadas. Su enemigo, en cambio, era una potencia imperialista que conservaba un potencial económico y militar bastante considerable, pese a la reciente ocupación alemana y que contaba, además, con el apoyo activo de los Estados Unidos. La correlación de fuerzas en el aspecto material hacía resaltar nuestra debilidad y la potencia del enemigo. La guerra de liberación del pueblo vietnamita para poder crear condiciones de victoria, debía ser una guerra de prolongada resistencia especialmente difícil. Toda concepción nacida de la impaciencia que pretendiese una victoria rápida hubiera sido un grave error. Había que aplicar resueltamente la estrategia de la resistencia prolongada, exaltar la decisión de lograr la libertad por el propio esfuerzo, preservar y aumentar poco a poco nuestras fuerzas, hostigando y destruyendo progresivamente las del enemigo. Era preciso acumular millares de pequeños éxitos para llegar a una gran victoria. A este precio podíamos modificar paso a paso la correlación de fuerzas, pasar de la inferioridad inicial a la superioridad y obtener la victoria decisiva. Muy pronto nuestro partido supo caracterizar esta guerra: guerra del pueblo y guerra prolongada. Partiendo de esta apreciación, resolvió a lo largo de la dura resistencia todos los problemas planteados por la guerra. La certera dirección del partido nos ha conducido a la victoria. Desde el punto de vista de la dirección militar, nuestra estrategia y nuestra táctica debían ser las de una guerra del pueblo y una resistencia prolongada. Nuestra estrategia fue, como hemos destacado, desarrollar una lucha potente y larga. Generalmente una guerra así puede tener diversas fases. En principio hay la fase defensiva, la fase de equilibrio de las fuerzas y la de la contraofensiva general. En la realidad, según las condiciones particulares propias de cada parte, su desarrollo puede ser más vivo y más complejo. Sólo una guerra prolongada podía permitirnos utilizar al máximo nuestras ventajas políticas, superar nuestra inferioridad material, para salir de nuestra debilidad inicial y llegar a ser fuertes. Preservar y aumentar nuestras fuerzas, tal fue nuestro principio, limitándonos a atacar cuando la victoria era cierta y negándonos a librar batallas que pudiesen causarnos pérdidas, prohibiéndonos toda acción aventurera; era preciso que aplicásemos imperativamente la consigna: fortalecernos sin cesar de combatir. Las formas de combate debían ser particularmente adaptadas; dicho de otro modo, debíamos elevar al máximo el espíritu combativo y vencer la superioridad material del enemigo por el heroísmo de nuestras tropas. La forma esencial, sobre todo en el comienzo de la guerra, fue la guerrilla. Esta, en el teatro de operaciones vietnamita, ha conseguido grandes victorias: podía ser aplicada en la montaña igual que en el delta, con armas buenas o malas y aun sin armas, y debía permitirnos finalmente aprovisionarnos del enemigo. Toda la población participaba en la guerra dondequiera que se presentara el enemigo, y cada poblado tenía su dispositivo de defensa; cada distrito tenía sus tropas regionales, que combatían bajo la dirección del comité local del partido y del poder popular, en coordinación con el ejército regular, para desgastar o aniquilar a las tropas contrarias. Con el desarrollo de nuestras fuerzas, la guerrilla se transformó pronto en guerra de movimiento, una forma de guerra de movimiento aún muy impregnada de las características de la guerrilla, que llegaría a ser después, en el frente principal, el del norte, la forma esencial de combate. En ese proceso de desarrollo de la guerra de guerrillas y acentuación de la guerra de movimiento, nuestro Ejército Popular creció sin tregua. De combates librados con efectivos del orden de una sección o una compañía pasó a campañas de bastante más envergadura en que entraban en acción varias divisiones. Poco a poco su armamento se mejoró, esencialmente con las armas arrancadas al enemigo. Desde el punto de vista militar, la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha demostrado que un ejército popular insuficientemente equipado, pero combatiendo por una causa justa, siguiendo una estrategia y una táctica justas, es plenamente capaz de vencer a un ejército moderno. En lo que concierne a la dirección de la economía de guerra, en el marco de un país agrícola que emprende una resistencia prolongada, como en el caso de Vietnam, el problema de la retaguardia debía plantearse bajo la forma de la edificación de bases de resistencia en el campo. El aumento y la defensa de la producción, el desarrollo de la agricultura eran problemas de extrema importancia tanto para el aprovisionamiento del frente como para el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida de la población. El problema de la fabricación de armas evidentemente tenía que ser planteado. En la edificación de las bases rurales y la consolidación de la retaguardia para impulsar la resistencia, la política agraria del partido desempeñaba un papel determinante. Era, por otra parte, la tarea antifeudal de la revolución. El problema nacional en un país colonizado, por ser esencialmente una cuestión campesina, determinaba que el crecimiento de las fuerzas de resistencia dependiese esencialmente del problema agrario. La Revolución de Agosto había derribado al Estado feudal. Con la reducción de las tasas de arriendo y de los tipos de interés, el poder popular aseguró a los campesinos sus primeras ventajas materiales. Las tierras acaparadas por los imperialistas y los traidores fueron confiscadas y repartidas. Las tierras y los arrozales comunales fueron más equitativamente repartidos. A partir de 1953, estimando necesario promover más activamente la realización de la tarea antifeudal, el partido resolvió realizar la reforma agraria en el curso de la guerra de resistencia: línea que probó ser justa pese a ciertas insuficiencias en su aplicación. Esta política fue coronada por el éxito. Al aportar a los campesinos ventajas materiales efectivas, inspiró al pueblo y al ejército un entusiasmo nuevo en la continuación de la guerra de resistencia. Gracias a esta justa política agraria, la vida del pueblo, pese a las innumerables dificultades de la guerra de resistencia, fue mejorada de una manera general no solamente en las vastas zonas libres del norte, sino hasta en las bases guerrilleras del sur. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha demostrado que la construcción de bases de resistencia en el campo es particularmente importante y que la revolución antimperialista y la revolución antifeudal están íntimamente ligadas y no pueden ser separadas. Desde el punto de vista político, la unión de todo el pueblo, la movilización de todas las energías para la resistencia representaban un problema de primera importancia: el del Frente Nacional Unido contra los imperialistas y sus lacayos vietnamitas. En Vietnam, nuestro partido obtuvo un gran éxito en su política del Frente. Desde los años difíciles de la segunda Guerra Mundial, creó la Liga de la Independencia de Vietnam. En esta época, como durante los primeros años de la guerra de resistencia, retiró temporalmente la consigna de la revolución agraria y preconizó sólo la reducción de las tasas de arriendo y de tipos de interés, lo que permitió neutralizar a una parte de los propietarios agrarios uniendo a nuestra causa a elementos patriotas de esa clase. Inmediatamente después de la Revolución de Agosto, con su política de la más amplia unión en un frente unido, el partido neutralizó a los elementos vacilantes de los propietarios agrarios y limitó así el sabotaje de los partidarios del Vietnam Quoc Dan Dang.7 Más tarde, cuando la reforma agraria se impuso imperativamente por el desarrollo de la resistencia, nuestro partido se dedicó a dividir a los propietarios agrarios previendo para cada categoría de propietarios un trato correspondiente a su actitud política, sobre el principio de la liquidación del régimen de apropiación feudal de las tierras. El Frente Unido obtuvo igualmente grandes éxitos en la realización de la unión de todas las nacionalidades, e importantes resultados en la adhesión de las tendencias religiosas. Nuestro Frente Nacional Unido debía ser una amplia concentración; debía unir a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas, neutralizar a todas las fuerzas susceptibles de ser neutralizadas, dirigir la lucha primordial contra el principal enemigo de la revolución, el imperialismo. Debía establecerse también sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos y puesto bajo la dirección de la clase obrera. En Vietnam la alianza de los obreros y los campesinos tiene un brillante pasado y sólidas tradiciones, habiendo sido el partido de la clase obrera el único partido político resuelto a combatir en todas las circunstancias por la independencia nacional y el primero en lanzar la consigna de “la tierra para los que la trabajan” y en luchar firmemente por traducirla en actos. Sin embargo, en los primeros años de la resistencia, por no calcular toda la importancia de la cuestión campesina, no se concedió una atención suficiente al problema de la alianza de los obreros y los campesinos. Esta falla fue superada posteriormente, especialmente a partir del momento en que el partido decidió hacer de los campesinos los verdaderos dueños del campo con la realización de la reforma agraria. Con la victoria de la resistencia y el éxito de la reforma agraria, el partido ha devuelto la independencia a la mitad del país y dado la tierra a los campesinos; la alianza de los obreros y los campesinos ha ido reforzándose día tras día. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha probado que, ante un enemigo poderoso, la victoria sólo se asegura con un sólido y amplio frente nacional unido, basado en la alianza de los obreros y los campesinos.


IV. LOS FACTORES DEL ÉXITO  
En Vietnam, la guerra de liberación ha obtenido una gran victoria. En el norte, completamente liberado, los imperialistas han sido barridos, la clase de los propietarios agrarios ha sido liquidada y la población avanza por el camino de la edificación del socialismo, que al mismo tiempo hará del norte un firme sostén para la reunificación pacífica de la patria. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque ha sido una guerra Justa, librada por la independencia y la unidad de la patria, por los intereses de la nación y del pueblo, que participó activamente en la resistencia y vivió todos los sacrificios por la victoria final. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque teníamos una fuerza armada revolucionaria del pueblo, el Ejército Popular de Vietnam. Forjado en la línea política del partido, ese ejército estaba animado por una combatividad a toda prueba, llevó a cabo un perseverante trabajo político entre sus hombres y aplicó una estrategia y una táctica de guerra popular. Habíase desarrollado partiendo de cero, contando en sus filas con los elementos de vanguardia de los trabajadores, los campesinos y los intelectuales revolucionarios, y había salido de las organizaciones patrióticas de las masas populares. Nacido del pueblo, ha combatido por el pueblo. Es un ejército dirigido por el partido de la clase obrera. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque teníamos un amplio y sólido Frente Nacional Unido que englobaba a todas las capas revolucionarias, a todas las nacionalidades que viven en el territorio vietnamita, a todos los patriotas. Ese frente ha sido edificado sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos, bajo la dirección del partido. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque disponíamos de un poder popular instaurado durante la Revolución de Agosto y cada día más firme. Ese poder era un gobierno de alianza de clases, alianza de las clases revolucionarias y ante todo alianza de los obreros y los campesinos. Era la dictadura de la democracia popular —de hecho, dictadura de obreros y campesinos—, bajo la dirección del partido. El poder popular había hecho todo lo posible para movilizar y organizar a todo el pueblo para la continuación de la resistencia; había dado al pueblo ventajas materiales efectivas no solamente en las zonas liberadas, sino también en las bases guerrilleras que se hallaban en la retaguardia enemiga. Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha obtenido una gran victoria ha sido gracias a los factores que acabamos de enumerar, pero ante todo porque fue organizada y dirigida por el partido de la clase obrera: el Partido Comunista Indochino hoy convertido en Partido de los Trabajadores de Vietnam. Fue éste el que, a la luz del marxismo-leninismo, procedió a un análisis certero de la sociedad vietnamita y de la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros, para definir las tareas fundamentales de la revolución nacional democrática popular y decidir el comienzo de la lucha armada y la línea general dé la guerra de liberación: la resistencia prolongada, la libertad por el propio esfuerzo, resolvió certeramente los diversos problemas planteados por la organización y la dirección de un Ejército Popular, de un poder popular, de un Frente Nacional Unido. Inspiró al pueblo y al ejército un espíritu revolucionario consecuente e inculcó a la nación la voluntad de superar todas las dificultades, soportar todas las privaciones y llevar hasta el fin la larga y dura resistencia. Nuestro partido, encabezado por el presidente Ho Chi Minh, merece plenamente ser el dirigente de la clase obrera al mismo tiempo que del pueblo y de la nación. El presidente Ho Chi Minh, líder del partido y de la nación, es el auténtico símbolo de las tradiciones de lucha del pueblo vietnamita. Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha terminado con nuestra victoria es porque no hemos combatido solos, sino con la solidaridad de los pueblos progresistas del mundo entero, en primer lugar la de los países hermanos, con la Unión Soviética a la cabeza. La victoria del pueblo vietnamita no puede separarse de esa solidaridad; no puede aislarse de los éxitos de los países socialistas y del movimiento de liberación nacional, ni de las victorias del Ejército Rojo soviético durante la segunda Guerra Mundial y del pueblo chino en el curso de los últimos años; tampoco puede estar al margen de la simpatía y el apoyo de los pueblos amantes del progreso, entre ellos el pueblo francés bajo la dirección del Partido Comunista Francés y los pueblos de Asia y África. La victoria del pueblo vietnamita es la de un país colonial pequeño y débil, sin ejército regular, que se alzó en lucha armada contra la agresión de una potencia imperialista que disponía de un ejército moderno y que era respaldada por los imperialistas norteamericanos. Ese país colonial ha logrado instaurar y mantener un régimen de democracia popular y se ha abierto el camino hacia el socialismo. Es éste uno de los grandes acontecimientos históricos del movimiento de liberación nacional y del movimiento revolucionario proletario en la nueva coyuntura internacional creada después de la segunda Guerra Mundial, en la época de transición del capitalismo al socialismo, la época de la desintegración del imperialismo. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha contribuido a poner en evidencia esta nueva verdad histórica: en la coyuntura internacional de hoy, un pueblo débil que se levanta y combate resueltamente por su liberación es plenamente capaz de vencer a sus enemigos cualesquiera sean y lograr la victoria final. Esta verdad guía e impulsa actualmente al pueblo vietnamita por el camino de la lucha por la paz, el socialismo, la unidad y la independencia de la patria, camino que lo llevará hacia nuevas victorias.

 

GUERRA DEL PUEBLO, EJERCITO DEL PUEBLO

EL 22 de diciembre de 1959 el Ejército Popular de Vietnam festeja el decimoquinto aniversario de su fundación. Quisiera en esta ocasión hablaros someramente de la lucha y la construcción de las fuerzas armadas revolucionarias en Vietnam. Quisiera al mismo tiempo subrayar los puntos fundamentales que caracterizan la política militar del partido de vanguardia de la clase obrera y del pueblo vietnamita, el Partido Comunista Indochino, hoy Partido de los Trabajadores de Vietnam. Como enseña el marxismo-leninismo, “la historia de toda la sociedad hasta nuestros días no ha sido más que la historia de la lucha de clases”. Esa lucha puede revestir la forma política o la forma armada, no siendo la lucha armada más que la continuación de la lucha política. En una sociedad que permanece dividida en clases, nosotros distinguimos dos tipos de política: la política de las clases y las naciones que explotan y oprimen a las otras y la de las clases y las naciones explotadas y oprimidas. Por ello hay dos tipos de guerra, dos tipos de Estado, de ejércitos diametralmente opuestos, unos revolucionarios, populares y justos, otros contrarrevolucionarios, antipopulares e injustos. La Revolución Rusa de octubre señaló una nueva era en la historia de la humanidad. Un Estado de tipo nuevo hizo su aparición, el de la dictadura del proletariado, el de los obreros y los campesinos, de los trabajadores y los pueblos soviéticos al fin liberados. Nació un ejército de tipo nuevo, el Ejército Rojo, verdadero ejército del pueblo bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética. Surgido en la insurrección de octubre y templado en los combates que la siguieron, iba a convertirse en poco tiempo en el más poderoso ejército del mundo, siempre presto a defender al primer Estado de obreros y campesinos. En Asia, después de la primera gran guerra, la revolución nacional democrática del pueblo chino, bajo la favorable influencia de la Revolución Rusa, adquirió un impulso extraordinario. Para liberarse, el pueblo chino se alzó en lucha armada, durante varias decenas de arios. En esa guerra revolucionaria, toda heroísmo y sacrificios, nació y creció el Ejército de Liberación Chino, ejército también de tipo nuevo, auténticamente popular, dirigido por el Partido Comunista Chino. Con sus quince arios, el Ejército Popular de Vietnam es un joven ejército revolucionario. Se ha desarrollado en el curso de la guerra de liberación nacional del pueblo. vietnamita de la que surgió, y asume actualmente la tarea de defender la edificación del socialismo en el norte, contribuyendo a forjar una poderosa base para la reunificación pacífica del país. También constituye un ejército de tipo nuevo, un ejército auténticamente popular, dirigido por el partido de la clase obrera de Vietnam. Tanto en la URSS como en China y en Vietnam, las guerras y los ejércitos revolucionarios se parecen por sus características fundamentales comunes: su naturaleza popular y revolucionaria y la justa causa que defienden. La guerra y el ejército revolucionarios vietnamitas tienen, sin embargo, características especiales. En efecto, desde el comienzo, en la Unión Soviética la guerra revolucionaria se situó en el marco de una revolución socialista; se desarrolló, por otra parte, en un país independiente dotado de una economía industrial moderna ya bastante importante que, bajo el régimen socialista, no cesa de desarrollarse. En cuanto a la de China, permaneció durante un largo periodo en el marco de la revolución nacional democrática de un país semicolonial, un país inmensamente grande y poblado por más de seiscientos millones de habitantes. La guerra revolucionaria en Vietnam, aun persiguiendo como en China los objetivos de la revolución nacional democrática, se diferenció por el hecho de que tuvo lugar en un país colonial, en un país mucho más pequeño que China tanto en superficie como en población. Por ello, la historia de la lucha armada y de la creación de las fuerzas armadas en Vietnam es la de una pequeña nación sometida a la dominación colonial, que no disponía ni de un vasto territorio ni de numerosa población, que tuvo que alzarse, pese a carecer al principio de un ejército regular, contra las fuerzas de agresión de una potencia imperialista, para triunfar finalmente, liberando la mitad del país y permitiéndole emprender el camino del socialismo. En cuanto a la política militar del partido, fue una aplicación del marxismo-leninismo a las condiciones concretas de la guerra de liberación en un país colonial.  

I  
Vietnam, entre los países del sudeste asiático, es uno de los que tienen más vieja historia. Con sus 330 000 kilómetros cuadrados y sus 25 000 000 de habitantes, por su situación geográfica a orillas del Pacífico se ha convertido hoy en uno de los puestos avanzados del mundo socialista. En el curso de su historia varias veces milenaria, en muchas ocasiones la nación vietnamita ha resistido victoriosamente las invasiones de los feudales chinos. Puede enorgullecerse de sus tradiciones de lucha y de su carácter indomable para salvaguardar la independencia del país. Después de haber invadido a Vietnam en la segunda mitad del siglo XIX, el imperialismo francés lo convirtió en una colonia. Desde entonces fue constante la lucha contra los colonialistas, los levantamientos se sucedieron pese a las represiones y participaron en ellos capas cada vez más amplias de todas las clases sociales. En 1930 se fundó el Partido Comunista Indochino. Bajo su dirección el movimiento de liberación nacional del pueblo vietnamita adquiere un nuevo impulso. Después de diez años de una lucha política heroica, en el umbral de la segunda Guerra Mundial, preconiza la preparación de la lucha armada, el inicio de la guerra de guerrillas y la creación de una zona libre. El poderoso movimiento antijaponés por la salvación nacional, conduce a la Revolución de Agosto de 1945. A favor de los acontecimientos que caracterizan la situación internacional de entonces —victoria del Ejército Rojo soviético y de las fuerzas aliadas sobre el fascismo nipón—, el pueblo vietnamita, participando activamente en la insurrección victoriosa, instaura el poder popular. Ha nacido la República Democrática de Vietnam, primera democracia popular en el sudeste asiático. La situación política de Vietnam era entonces particularmente difícil y compleja. Las tropas de Chiang Kai-shek habían penetrado en el norte y las de la Gran Bretaña en el sur del país para desarmar a los japoneses que conservaban todavía su armamento inmediatamente después de la capitulación. En esas condiciones, los franceses, después de la creación de la República Democrática, desencadenaron una guerra de reconquista contra Vietnam con la esperanza de restablecer su dominación. El pueblo vietnamita se irguió en respuesta al llamamiento del partido y del gobierno encabezado por el presidente Ho Chi Minh. Comenzó una guerra por la liberación del país. Sin embargo, no se había perdido toda esperanza de arreglo pacífico: en marzo de 1946 se concluyó un acuerdo preliminar, para el cese de las hostilidades, entre el gobierno de la República Democrática de Vietnam y el de Francia. Pero los colonialistas franceses no tenían en ese acuerdo más que un objetivo dilatorio. Por eso apenas firmado, lo violaron ocupando sucesivamente diversas regiones. En diciembre de 1946 la guerra se generalizó en todo el país. Iba a hacer estragos durante nueve años, los nueve años posteriores al fin de la segunda Guerra Mundial, para terminar con la victoria del pueblo vietnamita. Nuestra guerra de liberación fue una guerra del pueblo, una guerra justa. Esta característica esencial iba a determinar su significación y decidir el desenlace final. Al inicio de la invasión imperialista, el general Leclerc, primer comandante del Cuerpo Expedicionario Francés, estimaba que la operación para la reocupación de Vietnam sería un paseo militar. Los generales franceses consideraron débil y temporal la resistencia con que tropezaron al principio en el sur y persistieron en pensar que les bastarían a lo sumo diez semanas para ocupar y pacificar todo el sur de Vietnam. ¿Por qué se permitieron tal afirmación? Porque consideraban que para hacer frente a su agresión era necesario un ejército; y el de Vietnam acababa de crearse, era todavía numéricamente débil, mal organizado, encuadrado por oficiales y suboficiales sin experiencia, dotado de un equipo viejo e insuficiente, de una reserva de municiones muy limitada, y sin tanques, aviones ni artillería. Con semejante ejército ¿cómo emprender una resistencia seria, cómo rechazar los ataques de la poderosa segunda división blindada? Todo lo que podía hacer era agotar su reserva de municiones antes de deponer las armas. Efectivamente, el ejército vietnamita era entonces débil desde todos los puntos de vista y carecía de todo. El enemigo tenía razón en ese aspecto. Pero le era imposible considerar un hecho fundamental y determinante: el ejército vietnamita, aunque materialmente muy débil, era un ejército del pueblo; la guerra en Vietnam no enfrentaba sólo a dos ejércitos; al provocar las hostilidades, los colonialistas se habían enemistado a toda una nación, y efectivamente toda la nación vietnamita, todo el pueblo vietnamita se habían alzado contra ellos. Por no poder comprender esta profunda realidad, los generales franceses creían en una reconquista cómoda, pero el pueblo vietnamita iba a dar cuenta de ellos. Los estrategas burgueses se asombran todavía del desenlace de la guerra de Indochina. ¿Por qué la nación vietnamita ha podido vencer a una potencia imperialista como Francia, respaldada por los intervencionistas norteamericanos? Han tratado de explicar esta extraordinaria realidad por la justeza de la estrategia y de la táctica, por los métodos de combate adoptados y por el heroísmo del Ejército Popular de Vietnam. Evidentemente, esos factores han contribuido al feliz desenlace de la resistencia. Pero la mejor respuesta debe ser la siguiente: el pueblo vietnamita ha vencido porque su guerra de liberación era una guerra del pueblo. Cuando la resistencia se generalizó en todo el país, el Partido Comunista Indochino destacó en sus directivas que esa resistencia debía ser obra de todo el pueblo. Esto condensa todo el secreto de la victoria. Nuestra resistencia era una guerra del pueblo, puesto que sus objetivos políticos eran romper el yugo imperialista para reconquistar la independencia nacional, derribar a la clase de los propietarios feudales para dar la tierra a los campesinos, o para decirlo de otra manera, resolver radicalmente las dos contradicciones fundamentales de la sociedad vietnamita —contradicción entre la nación y el imperialismo de una parte, contradicción entre el pueblo, esencialmente los campesinos, y la clase de los propietarios feudales de otra—, y abrir el camino del socialismo a la revolución vietnamita. Manteniendo firmemente la estrategia y la táctica de la revolución nacional democrática, el partido indicó al pueblo los objetivos por alcanzar: independencia y democracia. No bastaba, sin embargo, tener objetivos enteramente de acuerdo con las aspiraciones fundamentales del pueblo. Era preciso además hacer los mayores esfuerzos para despertar la conciencia en las masas populares, educarlas y alentarlas, organizarías en el combate por la salvación nacional. El partido se consagró enteramente a ese trabajo, a la concentración de todas las fuerzas nacionales, a la ampliación y consolidación de un Frente Nacional Unido, el Frente Vietminh y luego el Frente Lienviet, que fue un magnífico ejemplo de la más amplia unidad de las capas populares en la lucha antimperialista, en un país colonial. Ese frente reunía, en efecto, las fuerzas patrióticas de todas las clases y de todas las capas sociales, hasta los terratenientes progresistas, todas las nacionalidades del país, mayoritarias o minoritarias, los creyentes patriotas de todas las religiones. “La unidad, la gran unidad, por la victoria, por la gran victoria”, consigna lanzada por el presidente Ho Chi Minh, se hizo una realidad durante la larga y dura resistencia. Hicimos una guerra del pueblo, en un país colonizado durante muchos arlos. Por ello, el factor nacional fue de una importancia primordial; hacía falta unir a todas las fuerzas necesarias para derrocar a los imperialistas y sus lacayos. Esta guerra se desarrollaba, por otra parte, en un país agrícola atrasado donde los campesinos, que representaban a la gran mayoría del país, constituían las fuerzas esenciales tanto de la revolución como de la resistencia. Por eso las relaciones entre el problema nacional y el campesino debían ser claramente definidas, y la solución por etapas del problema agrario, a fin de movilizar a las grandes masas campesinas, considerada como uno de los factores esenciales y decisivos de la victoria. Siempre preocupado por los intereses del campesinado, el partido comenzó por preconizar la reducción de las tarifas de arriendo y las de préstamos; después, cuando la estabilización de la situación lo permitió, llevó a cabo con mucha firmeza la movilización de las masas para la reforma agraria a fin de dar la tierra a los campesinos y con ello sostener y reforzar la resistencia. En el curso de los años de guerra se manifestaron diversas tendencias erróneas: ocuparse únicamente de la organización y aumento de las fuerzas armadas, descuidando la movilización y la organización de las amplias capas populares; movilizar al pueblo para la guerra sin ocuparse seriamente de sus diarios intereses inmediatos; satisfacer los intereses inmediatos de la población en general sin conceder atención suficiente a los de los campesinos. El partido luchó resueltamente contra todas esas tendencias. Para llevar la resistencia a la victoria era preciso velar por el fortalecimiento del ejército mientras se movilizaba y educaba al pueblo, y se ampliaba y consolidaba el Frente Nacional Unido; era preciso movilizar a las masas para la resistencia tratando de satisfacer sus intereses inmediatos y mejorar sus condiciones de vida, esencialmente las de los campesinos. Era imprescindible un Frente Nacional Unido muy amplio sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos bajo la dirección del partido. Los imperativos de la guerra popular de Vietnam exigían la adopción de una estrategia y una táctica apropiadas sobre la base de las características, de las condiciones concretas del campo de batalla y de la correlación de las fuerzas en presencia. Dicho de otro modo, estrategia y táctica de guerra popular, en un país colonial, económicamente atrasado. En primer lugar, esta estrategia debía ser la estrategia de una guerra prolongada. No se trata de que todas las guerras revolucionarias, todas las guerras populares, deban obligatoriamente pasar por el mismo proceso. Si desde el comienzo las condiciones son favorables al pueblo y la correlación de fuerzas se inclina al lado de la revolución, la guerra revolucionaria puede terminar victoriosamente en breve plazo. Pero la guerra de liberación del pueblo vietnamita comenzaba en condiciones muy diferentes: teníamos que enfrentarnos con un enemigo mucho más fuerte. Evidentemente, esa correlación de fuerzas nos impedía librar batallas decisivas desde el inicio de las hostilidades y con mayor razón paralizar la agresión desde las primeras operaciones de desembarco en nuestro suelo. En una palabra, nos era imposible vencer rápidamente. Sólo por una larga y dura resistencia podíamos desgastar poco a poco las fuerzas del adversario mientras reforzábamos las nuestras; hacer inclinarse gradualmente la balanza de las fuerzas en nuestro favor y lograr finalmente la victoria. No teníamos otro camino. Esta estrategia y la consigna de resistencia prolongada fueron decididas por el Partido Comunista Indochino desde los primeros días de la guerra de liberación. En este espíritu el Ejército Popular de Vietnam, después de haber librado feroces combates callejeros en las grandes ciudades, por propia iniciativa se repliega estratégicamente hacia el campo para mantener allí sus bases y preservar sus fuerzas vitales. La guerra revolucionaria prolongada debía constar de diferentes etapas; la etapa de la defensiva, la de equilibrio de fuerzas y finalmente la de la contraofensiva. La realidad viva era evidentemente más compleja. Se necesitaron varios años de una guerra de guerrillas cada vez más intensa y generalizada para lograr el equilibrio de las fuerzas y desarrollar nuestro potencial de guerra. Cuando las condiciones interiores y exteriores lo permitieron, pasamos a la contraofensiva, primero con una serie de operaciones locales y luego con otras de más envergadura que debían conducir a la victoria decisiva de Dien Bien Fu. La aplicación de esta estrategia de resistencia prolongada exigía un trabajo de educación, una lucha ideológica entre el pueblo y los miembros del partido, un gigantesco esfuerzo de organización desde el doble punto de vista militar y económico, sacrificios y un heroísmo extraordinario en el ejército y en el pueblo, en el frente y en la retaguardia. A veces se manifestaron tendencias erróneas, queriendo unas veces quemar las etapas para terminar la guerra rápidamente y otras comprometer importantes fuerzas en aventuras militares. El partido las corrigió con una lucha obstinada y perseveró en el camino que se había fijado. En las horas difíciles aparecieron algunas vacilaciones que el partido afrontó con energía, y mantuvo firme su determinación en la lucha y la fe en la victoria final. La guerra popular prolongada en Vietnam exigía igualmente métodos de combate apropiados: ajustados a la naturaleza revolucionaria de la guerra, como a la correlación de fuerzas en aquel momento, que acusaba una clara superioridad del enemigo, y a las bases materiales y técnicas todavía muy débiles del Ejército Popular. Este método de lucha era la guerrilla. Puede decirse que la guerra de liberación del pueblo vietnamita fue una larga y amplia guerra de guerrillas que pasó de lo simple a lo complejo para terminar en la guerra de movimiento en los últimos años de la resistencia. La guerrilla es la guerra de las masas populares de un país económicamente atrasado levantándose contra un ejército de agresión poderosamente equipado y bien entrenado. Si el enemigo es fuerte, se le evita; si es débil, se le ataca; a su armamento moderno se opone un heroísmo sin límites para vencerlo hostigándole o aniquilándole de acuerdo con las circunstancias, y combinando las operaciones militares con la acción política y económica; no hay línea de demarcación fija: el frente está donde esté el enemigo. Concentración de las tropas para alcanzar una superioridad aplastante sobre el enemigo donde esté bastante al descubierto a fin de destruir sus fuerzas vitales; iniciativa, agilidad, rapidez, sorpresa, velocidad en el ataque y en el repliegue. Mientras la relación estratégica de las fuerzas sea desfavorable, reagrupar audazmente las tropas para obtener una superioridad absoluta en el combate en un punto dado, durante un tiempo dado. Con pequeñas victorias, desgastar poco a poco las fuerzas del enemigo y al mismo tiempo mantener y acrecentar las nuestras. En estas condiciones concretas, se ha comprobado que es absolutamente necesario no perder de vista que el objetivo principal de los combates es la destrucción de las fuerzas vitales del adversario y que en consecuencia hay que evitar las pérdidas y tratar de conservar a todo trance el terreno. Y con el único objetivo de recuperar después los territorios ocupados y liberar totalmente el país. En nuestra guerra de liberación las guerrillas se generalizaron en todas las regiones ocupadas temporalmente por el enemigo. Cada habitante fue un soldado; cada aldea una fortaleza, cada célula del partido y cada comité administrativo de comuna, un Estado Mayor. El pueblo entero participaba en la lucha armada, combatiendo, de acuerdo con los principios guerrilleros, en pequeños grupos, pero siempre siguiendo una igual y única línea, siguiendo las mismas directivas, las del Comité Central del partido y del gobierno. A diferencia de numerosos países que hicieron guerras revolucionarias, Vietnam, en los primeros años de su lucha, no presentó ni podía presentar batalla abierta; tuvo que limitarse a las guerrillas. A costa de mil dificultades y de innumerables sacrificios, estas guerrillas fueron desarrollándose progresivamente para terminar adoptando la forma de guerra de movimiento que adquiría cada día mayor envergadura y que, mientras conservaba ciertas características de la lucha guerrillera, realizaba campañas en regla con un número cada vez mayor de ataques a posiciones fortificadas. Partiendo de pequeñas acciones con efectivos de una sección o una compañía para aniquilar a algunos hombres o un grupo enemigo, nuestro ejército pasó después a combates más importantes con un batallón o un regimiento para destrozar una o varias compañías enemigas; finalmente emprendió campañas cada vez mayores utilizando varios regimientos y después varias divisiones, hasta llegar a Dien Bien Fu, donde el Cuerpo Expedicionario Francés perdió 16 000 hombres de sus unidades más selectas. Este proceso de desarrollo permitió a nuestro ejército marchar firmemente hacia la victoria. Guerra popular, guerra prolongada, lucha guerrillera que adquiere poco a poco proporciones de una guerra de movimiento, tales son las enseñanzas más preciosas de la guerra de liberación de Vietnam. Siguiendo esta línea, el partido dirigió la resistencia a la victoria. Después de tres mil días de combate, de dificultades y sacrificios, nuestro pueblo venció a los imperialistas franceses y a los intervencionistas norteamericanos. Hoy, en la mitad del país ya liberado, más de catorce millones de nuestros compatriotas, con su trabajo creador, curan las terribles heridas de la guerra, reconstruyen el país y edifican el socialismo. Mientras, prosigue la lucha para terminar la revolución nacional democrática en todo el país y reunificar la patria sobre la base de la independencia y la democracia.  


II  
Después de este análisis a grandes rasgos de la guerra de liberación del pueblo vietnamita, hablaré del Ejército Popular de Vietnam. La fuerza armada del pueblo vietnamita nació y creció en la guerra de liberación nacional. Su primer embrión apareció con los destacamentos de defensa creados por los soviets de Nhge An, que se mantuvieron en el poder algunos meses en el periodo de auge revolucionario de los años 1930-1931. Pero la creación de fuerzas armadas revolucionarias no fue realmente considerada sino al comienzo de la segunda Guerra Mundial, cuando la preparación de la insurrección armada pasó al primer plano de nuestras preocupaciones. Nuestras formaciones militares y paramilitares hicieron su aparición durante el alzamiento de Bac Son y en las bases revolucionarias de la región de Cao Bang. Como consecuencia de la organización de la sección del Ejército de Salvación Nacional, el 22 de diciembre de 1944 fue creada una unidad del tipo de sección: la sección de propaganda del Ejército de Liberación. Nuestra base militar, organizada en la ilegalidad, estaba entonces limitada a algunos distritos de las provincias de Cao Bang, Bac Can y Lang Son, en las selvas del norte. En cuanto a las fuerzas armadas revolucionarias, sólo comprendían unidades populares de autodefensa y algunos grupos y secciones enteramente desembarazados de los trabajos de producción. Sus efectivos aumentaron rápidamente, y ya había algunos millares de guerrilleros a comienzos de 1945, cuando los japoneses atacaron a los franceses. En el momento de la instauración del poder popular en las regiones rurales de seis provincias del Viet Bac erigidas en. zona libre, las organizaciones armadas existentes se fusionaron para formar el Ejército de Liberación de Vietnam. Durante la insurrección de agosto, al lado del pueblo y de los destacamentos de autodefensa, el Ejército de Liberación contribuyó a la conquista del poder. Sus efectivos aumentaron rápidamente al incorporar las fuerzas paramilitares reagrupadas en el curso de las gloriosas jornadas de agosto. Con un material irregular capturado a los japoneses y a sus milicianos Bao-an —sólo en fusiles, dieciséis tipos diferentes, entre ellos viejos modelos franceses y hasta mosquetones de las fuerzas zaristas recuperados por los japoneses—, este joven ejército mal equipado tuvo que hacer frente inmediatamente a la agresión del Cuerpo Expedicionario Francés dotado de un armamento moderno. Como compensación, un material tan atrasado exigía, en cambio, del ejército y del pueblo vietnamitas, una abnegación total y un heroísmo sobrehumano. El enemigo atacaba las regiones en que se estacionaban nuestras tropas; éstas se diseminaban en amplias zonas desprovistas de toda formación regular; el pueblo se enfrentaba al avance enemigo con armas rudimentarias: lanzas, cuchillos, arcos, ballestas, trabucos. Desde los primeros días se vieron aparecer tres tipos de formaciones armadas: las organizaciones paramilitares o guerrilleras, las tropas regionales y las unidades regulares. Esas formaciones fueron, en el plano organizativo, la expresión de la política de movilización general del pueblo en armas, y cooperaron estrechamente para aniquilar al enemigo. Campesinos, obreros e intelectuales afluyeron a las fuerzas armadas de la revolución. Se improvisaron oficiales con cuadros dirigentes del partido y del aparato del Estado. Pero había que resolver la gran dificultad del armamento. En todo Vietnam no había una sola fábrica de material de guerra; desde hacía casi un siglo la posesión y el uso de armas habían estado siempre rigurosamente prohibidos por la administración colonial. La importación era imposible, ya que los países vecinos eran hostiles a la República Democrática de Vietnam. La única fuente de aprovisionamiento tenía que ser el frente: quitar las armas al enemigo para utilizarlas contra él. Al luchar contra Vietnam, el Cuerpo Expedicionario Francés, bien a su pesar, proveía al Ejército Popular vietnamita de armamentos franceses y hasta norteamericanos. Pese a sus prodigiosos esfuerzos, las fábricas de armas que habíamos instalado con maquinaria improvisada no podían satisfacer ni mucho menos todas nuestras necesidades. Una gran parte de nuestro material militar procedía del botín de guerra. Como he subrayado, el ejército vietnamita no pudo al principio lanzar al combate más que pequeñas unidades, como secciones o compañías. Las fuerzas regulares, en un momento dado, habían tenido que fraccionarse parcialmente en compañías autónomas para facilitar la extensión de las guerrillas, mientras se mantenían paralelamente batallones móviles para acciones más importantes. Después de cada combate victorioso, las fuerzas armadas populares lograban un nuevo adelanto. Templándose en los combates, estimuladas por las victorias, las formaciones guerrilleras creaban las condiciones para el crecimiento de las tropas regionales. Y éstas a su vez favorecían el desarrollo de las fuerzas regulares. Durante nueve años, siguiendo este camino heroico y erizado de dificultades, nuestro Ejército Popular creció por su voluntad de vencer a toda costa. Se convirtió en un ejército de centenares de miles de hombres, articulado sucesivamente en regimientos y en divisiones, logrando una uniformidad progresiva en la organización y el equipo. Esta fuerza, cada vez más consciente políticamente y cada vez mejor entrenada militarmente, logró combatir y vencer a los quinientos mil hombres del Cuerpo Expedicionario Francés, equipados y aprovisionados por los Estados Unidos. El ejército vietnamita es efectivamente un ejército nacional. Al combatir al imperialismo y a los traidores a su servicio, combatió por la independencia nacional y la unidad del país. Forman parte de él los mejores hijos de Vietnam, procedentes de todas las capas revolucionarias, de todas las nacionalidades tanto mayoritarias como minoritarias. Es digno de simbolizar el despertar irresistible de la conciencia nacional, la unión de todo el pueblo vietnamita en la lucha contra la agresión imperialista, para salvar al país. Nuestro ejército es un ejército democrático. Porque combate por los intereses democráticos del pueblo, por la defensa del poder democrático popular. Totalmente impregnado de los principios democráticos en su política interna, se somete a una disciplina rigurosa, pero libremente aceptada. Nuestro ejército es un ejército del pueblo cuyos intereses fundamentales defiende, en primer lugar los de los trabajadores, los obreros y los campesinos. Desde el punto de vista de su composición social, está integrado por una gran mayoría de combatientes selectos de origen campesino y obrero y de intelectuales fieles a la causa de la revolución. Es el verdadero ejército del pueblo, de los trabajadores, el ejército de los obreros y los campesinos, dirigido por el partido de la clase obrera. Durante toda la guerra de liberación nacional, sus objetivos de lucha eran los mismos del partido y del pueblo: la independencia de la nación y la posesión de la tierra por los que la trabajan. Después de lograrse la paz, como instrumento de la dictadura del proletariado tiene la misión de defender la revolución socialista y la edificación del socialismo en el norte, apoyar la lucha política para la reunificación pacífica del país y contribuir a la consolidación de la paz en Indochina y en el sudeste asiático. En el primero de los puntos de su Juramento de Honor, el combatiente del Ejército Popular de Vietnam jura  
“sacrificarse sin reservas por la patria, luchar por la causa de la independencia nacional, de la democracia y del socialismo, bajo la dirección del Partido de los Trabajadores de Vietnam y del gobierno de la República Democrática, por construir un Vietnam pacífico, unificado, independiente, democrático y próspero y contribuir al fortalecimiento de la paz en el sudeste asiático y en el mundo”.  
Eso es lo que hace del Ejército Popular de Vietnam un verdadero hijo del pueblo. El pueblo, a cambio, no le escatima su afecto y su apoyo. Esta es la fuente inagotable de su poder. El Ejército Popular de Vietnam ha sido creado por el partido, que no ha cesado después de formarle y educarle. Ha estado siempre, y seguirá estándolo, bajo la dirección del partido, que es el único capaz de crear un ejército revolucionario, un verdadero ejército del pueblo. Desde su creación y en el curso de su desarrollo, esta dirección del partido ha estado concretada en el plano de la organización. El ejército ha tenido siempre sus comisarios políticos. En las unidades, los jefes militares y políticos asumen sus responsabilidades bajo la dirección del comité del partido del escalón correspondiente. El Ejército Popular es el instrumento del partido y del Estado revolucionario para la realización, bajo la forma armada, de las tareas de la revolución. La profunda conciencia de los objetivos del partido, la fidelidad a la causa de la nación y de la clase obrera y el espíritu de sacrificio son para el ejército cuestiones fundamentales, cuestiones de principio. Por ello, el trabajo político en sus filas reviste una importancia primordial. El trabajo político es el alma del ejército. Al inculcar a éste la ideología marxista-leninista, tiende a elevar su conciencia política y su nivel ideológico, a reforzar la posición de clase de sus cuadros y sus soldados. Durante la guerra de liberación, le permitió compenetrarse con la política de resistencia prolongada y con la necesidad imperiosa, para el pueblo y el ejército, de contar con sus propias fuerzas para superar las dificultades. Le inculcó la profunda significación de la movilización de las masas para realizar sucesivamente la reducción de las rentas y la reforma agraria, lo que tuvo un efecto decisivo sobre la moral de las tropas. Después de la nueva etapa abierta por el restablecimiento de la paz, el trabajo político está centrado en la línea de la revolución socialista en el norte y de la lucha por la reunificación del país. Pero eso no es todo. El trabajo político abarca también la correcta aplicación en el ejército de los programas del partido y el gobierno, el establecimiento de buenas relaciones con la población y entre los soldados y los cuadros. Ahora su objetivo es mantener y reforzar la combatividad, unir el patriotismo auténtico al internacionalismo proletario, desarrollar el heroísmo revolucionario y la tradición de nuestro ejército que se resume en su lema: “Resuelto a combatir, decidido a vencer.” El trabajo político es el trabajo de propaganda y educación de las masas; es además el trabajo de organización del partido en el ejército. Hemos puesto siempre atención especial en el fortalecimiento de las organizaciones del partido en las unidades. Del 35 al 40% de los oficiales y de los soldados se han adherido a ellas; entre los cuadros el porcentaje sobrepasa el 90%. El Ejército Popular ha velado siempre por establecer y mantener buenas relaciones con el pueblo. Se fundan en la identidad de sus objetivos de lucha: el pueblo y el ejército, en efecto, están en lucha contra el enemigo, por salvar a la patria y asegurar el pleno éxito de la obra de liberación de la nación y de la clase obrera. El pueblo es al ejército como el agua al pez, decimos nosotros. Y ese dicho está lleno de sentido. Nuestro ejército ha combatido en el frente, ha trabajado también para educar al pueblo y le ha ayudado en cuanto ha podido. El combatiente vietnamita ha observado cuidadosamente el punto nueve de su Juramento de Honor: “En los contactos con el pueblo, ajustarse a las tres recomendaciones:  
—Respetar al pueblo —Ayudar al pueblo —Defender al pueblo... a fin de ganar su confianza y su afecto y realizar una perfecta alianza entre el pueblo y el ejército.”  
Nuestro ejército ha organizado constantemente jornadas de ayuda a los campesinos en los trabajos de producción, en la lucha contra las inundaciones y la sequía. Ha observado siempre una actitud correcta en sus relaciones con el pueblo. Jamás ha atentado contra sus bienes aunque fuesen solamente una aguja o un trozo de hilo. Durante la resistencia principalmente, en la retaguardia del enemigo, hizo todo lo posible por defender la vida y los bienes de las gentes sencillas; en las regiones nuevamente liberadas siguió estrictamente las consignas del partido y del gobierno, lo que le ganó el respaldo sin reservas de las más amplias masas, aun en las regiones de poblaciones minoritarias y las aldeas católicas. Desde que se logró la paz, millares de sus cuadros y soldados han participado en los grandes movimientos para la realización de la reforma agraria, para la colectivización agrícola y la transformación socialista del artesanado, la industria y el comercio privados. Ha tomado parte activa en la rehabilitación económica, en las jornadas de trabajo socialistas. Ha participado en la construcción de vías de comunicación, ha construido sus propios cuarteles y roturado tierras para crear granjas del Estado. El Ejército Popular de Vietnam se ha preocupado siempre por establecer y mantener buenas relaciones tanto entre cuadros y soldados como entre los propios cuadros. Salidos de las capas laboriosas, oficiales y soldados sirven igualmente los intereses del pueblo y se dedican a la causa de la nación y de la clase obrera. Evidentemente, cada uno de ellos tiene sus funciones, y por consiguiente sus propias responsabilidades. Pero entre ellos se han establecido relaciones de camaradería basadas en la igualdad política y la fraternidad de clase. El cuadro tiene afecto por sus soldados; debe orientarlos en su trabajo y en sus estudios, y además estudiar sus problemas y tomar en consideración sus deseos e iniciativas. En cuanto al soldado, debe respetar a sus superiores y ejecutar correctamente todas sus órdenes. El oficial del Ejército Popular debe dar el ejemplo desde todos los puntos de vista: ser audaz, valiente, asegurar la disciplina y la democracia interna, lograr una perfecta unidad entre sus hombres. Debe comportarse como un jefe, un dirigente de masas de su unidad. La base de estas relaciones entre soldados y oficiales, igual que entre los cuadros y los propios soldados, es la solidaridad en el combate, el afecto recíproco de compañeros de armas. El Ejército Popular practica una disciplina estricta, junto a una amplia democracia interna, como lo exige el punto dos de su Juramento de Honor: “el combatiente está obligado a ejecutar rigurosamente las órdenes de sus superiores y a entregarse en cuerpo y alma al cumplimiento, inmediato y estricto, de las tareas que le son confiadas”. ¿Puede decirse que la guerrilla no exigía una disciplina severa? Desde luego que no. Es cierto que pedía a los cuadros y a los dirigentes dejar a cada unidad o a cada región cierto margen de iniciativa para emprender cualquier acción positiva que juzgara oportuna. Pero una dirección centralizada y un mando unificado en un grado dado eran siempre necesarios. Quien dice ejército dice disciplina estricta. Tal disciplina no está de, ninguna manera en contradicción con la democracia interna de nuestras tropas. La regla es la aplicación de los principios del centralismo democrático, tanto en la vida de las células de los comités ejecutivos del partido en los diversos escalones, como en las reuniones plenarias de las unidades combatientes. Los hechos han demostrado que así se respeta más la democracia en el interior de las unidades, se refuerza la unión, se eleva el sentido de disciplina y se ejecutan mejor las órdenes; la combatividad del ejército, en fin, será mayor. El restablecimiento de la paz ha creado en Vietnam una situación nueva. El norte está totalmente liberado, mientras el sur vive bajo la dominación de los imperialistas norteamericanos y sus agentes, la pandilla de Ngo-Dinh Diem.9 El norte ha entrado en la etapa de la revolución socialista mientras continúa la lucha por liberar el sur de las trabas coloniales y feudales. Para salvaguardar la paz y la edificación del socialismo, para contribuir a hacer del norte una sólida fortaleza para la reunificación pacífica del país, no debemos descuidar el problema de las fuerzas de defensa nacional. El Ejército Popular debe hacer frente a los intentos belicistas de los imperialistas norteamericanos y sus lacayos, y para ello organizar poco a poco un ejército regular y moderno. Hay que destacar en primer lugar que, en el proceso de su transformación en ejército regular y moderno, sigue siendo un ejército revolucionario, del pueblo. Esta es la característica fundamental que hace que en el norte el ejército regular, moderno y popular difiera radicalmente del ejército de Ngo-Dinh Diem,10 ejército regular y moderno también, pero contrarrevolucionario, en manos de los enemigos del pueblo. El Ejército Popular debe necesariamente velar por el fortalecimiento de la dirección del partido y del trabajo político. Debe trabajar por consolidar al máximo la unión entre los cuadros y los soldados, entre las tropas y el pueblo, elevar el sentido de la disciplina libremente admitida y al mismo tiempo mantener la democracia interna. Actuando en este sentido, el partido, en el curso de estos últimos años, ha prestado atención especial a las actividades de sus organizaciones y al trabajo político en el ejército. Oficiales, suboficiales y soldados, todos han seguido cursos de educación política encaminados a aclararles las tareas de la revolución socialista y de la lucha por la reunificación nacional, a consolidar la posición de clase y a reforzar la ideología marxista-leninista. Se trata de un problema muy importante, sobre todo porque el Ejército Popular se ha desarrollado en un país agrícola y cuenta en sus filas con una fuerte mayoría de obreros agrícolas y pequeños burgueses de las ciudades. Nuestros combatientes han adquirido una educación política perseverante; su moral se ha templado en el combate. Pese a esto, la lucha contra la influencia de la ideología burguesa y pequeñoburguesa sigue siendo necesaria. Gracias al fortalecimiento del trabajo ideológico, el ejército se ha convertido en un instrumento eficaz al servicio de la dictadura del proletariado, fiel a la causa de la revolución socialista y de la reunificación nacional. Los nuevos progresos que ha realizado en el aspecto político han hallado su plena expresión en el movimiento “Rápidamente sobrepasemos las normas del programa”, amplio movimiento de masas que se desarrolla en nuestras tropas paralelamente al movimiento de emulación socialista entre los trabajadores de Vietnam del Norte. Importa proseguir, activa y firmemente, sobre la base de un fortalecimiento continuo de la conciencia política, la transformación progresiva del Ejército Popular en un ejército regular y moderno. De acuerdo con el desarrollo logrado durante los últimos años de la resistencia, nuestro ejército, anteriormente sólo de infantería, se ha convertido en un ejército compuesto de diferentes armas. Si el problema del mejoramiento de los equipos y la técnica es importante, el de los cuadros y los soldados que han de usarlas todavía lo es más. Nuestro ejército se ha interesado constantemente por la superación de los oficiales de origen obrero y campesino o intelectuales revolucionarios probados en el combate. Se esfuerza en ayudarles a elevar su nivel cultural y técnico para permitirles llegar a ser oficiales y suboficiales competentes de un ejército regular y moderno. Para elevar la capacidad combativa del ejército, para lograr una fuerte centralización del mando y una coordinación estrecha entre las diferentes armas, es indispensable poner en vigor reglamentos propios de un ejército regular. Esto no quiere decir que no se haya hecho nada en este sentido durante los años de la resistencia; se trata más bien de perfeccionar las reglamentaciones que ya existían. Lo esencial es no olvidar el principio de que toda nueva reglamentación debe inspirarse en el carácter popular del ejército y en la necesidad absoluta de mantener la dirección del partido. Al mismo tiempo que los reglamentos generales, se ha promulgado el estatuto de los oficiales; una escala de sueldos ha sustituido al antiguo régimen de pago en especie; por las recompensas y condecoraciones se han otorgado concesiones complementarias. Todas esas medidas han tenido por efecto el fortalecimiento de la disciplina y de la unidad interior de las tropas, y la acentuación del sentido de responsabilidad entre los oficiales, los suboficiales y los soldados. La instrucción militar, con la educación política, es una tarea central en la organización del ejército en tiempo de paz. El problema de los reglamentos de combate, de una idea táctica y unos principios tácticos apropiados adquiere una gran importancia. Se trata de hacer la síntesis de las experiencias pasadas, de analizar bien las condiciones concretas de nuestro ejército desde el punto de vista de la organización y el equipo, así como las de nuestras bases económicas o del terreno del país, terreno de bosques y selvas, terreno de llanuras y arrozales. Se trata de asimilar bien la ciencia militar moderna de los ejércitos de los países hermanos. Hay que hacer esfuerzos perseverantes en la instrucción de las tropas y en la formación de cuadros. Durante numerosos años, el Ejército Popular se nutría del voluntariado: todos los cuadros y soldados eran enrolados voluntariamente y por un periodo indeterminado. Engrosaba sus filas con el aflujo de lo mejor de la juventud, presta a responder al llamamiento de la patria. Desde el logro de la paz, ha sido necesario sustituir el voluntariado por el servicio militar obligatorio. Esta sustitución ha sido acogida calurosamente por la población. Una buena parte de los voluntarios vuelven, después de su desmovilización, a los campos y a las fábricas; otros sirven en unidades afectadas a los trabajos de producción, tomando así una parte activa en la edificación del socialismo. El reclutamiento se realiza sobre la base de la consolidación y el desarrollo de las organizaciones de autodefensa en las comunas, las fábricas y los establecimientos escolares. Los miembros de esas organizaciones paramilitares están prestos no solamente a volver al ejército permanente, del que constituyen una reserva particularmente importante, sino también a garantizar la seguridad y la defensa de sus propias regiones. El Ejército Popular estaba íntimamente ligado a la guerra de liberación nacional, en el fuego de la cual nació y creció. En el momento actual su desarrollo no se podría tampoco separar de la edificación del socialismo en el norte ni de la lucha del pueblo por un Vietnam reunificado, independiente y democrático. Con el afecto y el apoyo del pueblo, el Ejército Popular cumplirá su tarea: defender la paz y la patria.


III  
El partido de vanguardia de la clase obrera vietnamita, encabezado por el presidente Ho Chi Minh, líder del pueblo y de la nación, es el organizador y el guía que ha conducido al pueblo y a su ejército a la victoria. Aplicando el marxismo-leninismo a la revolución nacional democrática en un país colonial, ha hecho un análisis certero de las contradicciones de la sociedad y ha definido claramente las tareas fundamentales de la revolución. En el problema de la guerra de liberación nacional, ha examinado dialécticamente la correlación de las fuerzas en presencia decidiendo una estrategia y una táctica apropiadas. Inspirándose en el marxismo-leninismo, ha creado y dirigido un heroico Ejército Popular. No ha cesado de inculcar el espíritu revolucionario al pueblo y a su ejército. El partido ha sabido asimilar las preciosas experiencias de la Revolución de Octubre, que, con el Ejército Rojo soviético, ha mostrado el camino de la liberación a los trabajadores de los países capitalistas y a los pueblos coloniales. También ha asimilado las enseñanzas de la revolución y del ejército de liberación chinos que han enriquecido las teorías de la revolución nacional democrática, de la guerra y el ejército revolucionarios en un país semicolonial. Sus extraordinarios ejemplos sirvieron enormemente a la lucha y los éxitos del pueblo vietnamita. Haciendo nuestras esas inestimables experiencias, nuestro partido ha tenido siempre en cuenta la realidad concreta de la guerra revolucionaria en Vietnam, lo que le ha permitido enriquecer a su vez las teorías de la guerra y del ejército revolucionarios. En el momento actual, en el plano internacional, las fuerzas de los países socialistas, con la Unión Soviética a la cabeza, han alcanzado una potencia hasta ahora desconocida; el movimiento de liberación nacional está en todas partes en pleno desarrollo, y son mayores las posibilidades de lograr una paz duradera en el mundo. Sin embargo, el imperialismo continúa sus preparativos de guerra y trata de reforzar sus alianzas militares de agresión. Mientras se observa un mejoramiento de la situación internacional, el sudeste asiático sigue siendo uno de los focos más peligrosos en el mundo. El imperialismo norteamericano refuerza incesantemente su dominio militar y político en el sur de nuestro país. Continúa la misma política de intervención en Laos, pretendiendo transformarlo en una colonia y en una base militar para una nueva guerra de agresión. El pueblo vietnamita y su ejército respaldan la acción por el desarme, por disminuir la tensión y lograr una paz duradera. Pero deben al mismo tiempo redoblar la vigilancia, fortalecer su combatividad, velar por su potencial de defensa y contribuir al estrechamiento en los lazos fraternales entre los pueblos y los ejércitos revolucionarios de los países socialistas. Están decididos a cumplir sus obligaciones: defender las realizaciones de la revolución socialista y la construcción del socialismo en el norte del país, proseguir la lucha por la reunificación pacífica de la patria, mantenerse dispuestos a impedir cualquier intento imperialista de provocar una guerra de agresión y contribuir así a la salvaguardia de la paz en el sudeste asiático y en el mundo.


LAS GRANDES EXPERIENCIAS DE NUESTRO PARTIDO COMO DIRIGENTE DE LA LUCHA ARMADA Y DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS


NUESTRO partido surgió cuando el movimiento revolucionario vietnamita estaba en pleno auge. Desde el comienzo dirigió a los campesinos, les impulsó a alzarse y a instaurar el poder de los soviets. Así, pues, tuvo conciencia rápidamente de los problemas que plantean el poder revolucionario y la lucha armada. Como enseña el marxismo-leninismo, para todas las revoluciones, cualesquiera que sean, ha sido siempre primordial el problema del poder y del camino de la instauración del poder revolucionario. “La única vía de liberación” es “la ludia armada de masas”.12 En 1930-31 el movimiento revolucionario fue reprimido. Al frente de las masas en la lucha política, ilegal o semilegal, nuestro partido se dedica activamente a restablecer las bases revolucionarias y a impulsar el movimiento. En 1939, con el estallido de la segunda gran guerra,13 se producen cambios en la situación exterior e interior y se plantea de nuevo el problema de la preparación de la insurrección armada para la liberación nacional. Desde entonces nuestro partido trabajó preparando al pueblo para la insurrección. La insurrección triunfó en agosto de 1945; seguidamente, durante nueve años, dirigió la larga guerra de resistencia del pueblo y lo condujo a la victoria. De treinta años de lucha revolucionaria, nuestro partido ha pasado quince en la ilegalidad, antes de instaurar el poder revolucionario en todo el país y llegar así a ser un partido en el poder. Desde que toma en sus manos la dirección del Estado, en los años de la lucha armada y después del restablecimiento de la paz, la construcción de las fuerzas armadas revolucionarias ha sido siempre una de sus tareas primordiales, pues constituye la pieza esencial del Estado revolucionario. Examinando el camino recorrido, resalta claramente que la lucha armada ha ocupado un lugar muy importante en el movimiento revolucionario de nuestro pueblo, bajo la dirección del partido. Este, en el curso de numerosos años de una lucha armada extremadamente dura y heroica, ha acumulado experiencias inestimables y de gran importancia tanto para el fortalecimiento de la organización de las fuerzas armadas revolucionarias y la consolidación de la defensa nacional en el norte, como para la continuación de la revolución nacional democrática en el conjunto del país. La lucha armada revolucionaria, para cualquier país, está sometida a leyes fundamentales generales. Pero tiene también, en cada país, particularidades y leyes propias. Rusia era una potencia imperialista en la que la economía capitalista había alcanzado ya cierto grado de desarrollo. La Revolución de Octubre fue una insurrección de la clase obrera y de los trabajadores de las ciudades que derribó el capitalismo e instauró el poder soviético de los obreros y campesinos. La guerra revolucionaria que siguió fue a la vez una guerra civil llevada a cabo por los trabajadores de la Unión Soviética contra los guardias blancos de la burguesía y de los terratenientes y una guerra por la defensa de la patria frente a la intervención de una coalición de catorce países capitalistas. Más tarde, la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética fue una guerra revolucionaria llevada a cabo contra las fuerzas del fascismo por el pueblo trabajador de un país socialista ya poderoso, pero cercado por países capitalistas. La China de ayer era un país semicolonial y semifeudal inmensamente grande, superando extraordinariamente a todos los países del mundo desde el punto de vista demográfico, pero de una economía agrícola muy atrasada. Durante un largo periodo, la lucha armada fue allí una guerra civil vigorosa que enfrentaba al pueblo con los medios feudales y burgueses importadores ligados al imperialismo, y durante la resistencia, una enérgica guerra revolucionaria contra los agresores imperialistas. Esta lucha armada se planteaba la realización de los objetivos políticos de la revolución nacional democrática y debía abrir a la Revolución China el acceso al socialismo. Vietnam de ayer era un país colonial y semifeudal, pequeño y poco poblado, de economía agrícola en extremo atrasada. La lucha armada adoptó respectivamente las formas de la insurrección y de la guerra de resistencia, realizadas por todo un pueblo contra el imperialismo y los elementos feudales reaccionarios a fin de alcanzar los objetivos políticos de la revolución nacional democrática como en China —la independencia de la nación, la entrega de la tierra a los que la trabajan— y preparar las condiciones para el paso de la revolución vietnamita a la etapa del socialismo. Como se ve, nuestra lucha armada revolucionaria refleja las leyes de la lucha armada revolucionaria en general, aunque con particularidades y leyes propias. El éxito de nuestro partido en la dirección de esta lucha armada revolucionaria y en la creación de las fuerzas armadas revolucionarias es un éxito del marxismo-leninismo. Es la aplicación certera y creadora de los principios marxistas leninistas a las guerras revolucionarias y a las fuerzas armadas revolucionarias en las condiciones concretas de un país colonial y semifeudal, pequeño y débil, que ha tenido que luchar contra un enemigo poderoso durante un tiempo bastante largo y bajo el cerco del imperialismo.  


I. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ CON ÉXITO LA PREPARACIÓN DE LA INSURRECCIÓN ARMADAY LA INSURRECCIÓN GENERAL DE AGOSTO DE 1945  

En 1939, inmediatamente después de estallar la segunda gran guerra en Europa, el Comité Central del partido comprendió que se iniciaba un nuevo ciclo de guerras y revoluciones y “que la coyuntura indochina indicaba ya la hora de la liberación nacional”. En 1940 y a comienzos de 1941, se produjeron levantamientos sucesivos en Bac Son, Nam Ky y Do Luong. Aunque ahogados en sangre por el enemigo, fueron “el disparo que señaló el inicio de la insurrección general en todo el país, el primer paso en la lucha armada de las naciones indochinas”.14 En efecto, en aquellos días, bajo el doble dominio de los imperialistas franceses y japoneses, nuestro pueblo vivía en la miseria; el movimiento revolucionario estaba sometido a una feroz represión. Nuestro partido siguió haciendo una propaganda intensa entre el pueblo, concentrando las fuerzas patrióticas en el Frente Vietminh estableciendo bases guerrilleras, organizando fuerzas armadas revolucionarias y preparando la insurrección armada. Agosto de 1945 marcó los grandes éxitos del Ejército Rojo soviético y de las fuerzas aliadas. Los japoneses capitularon. La insurrección hervía en todo el país. En ciudades y campos millones de hombres se levantaron, y se sucedieron las manifestaciones y demostraciones de fuerza. Fue la insurrección general, el triunfo de la Revolución de Agosto. El dos de septiembre, a nombre del gobierno provisional, el presidente Ho Chi Minh proclamó la independencia de Vietnam ante la nación y el mundo entero. Así fue fundada la República Democrática de Vietnam, primera democracia popular del sudeste asiático. La insurrección general de agosto obtuvo una brillante victoria: la lucha del pueblo vietnamita contra franceses y japoneses durante la segunda Guerra Mundial derrocó la dominación casi secular del imperialismo, una monarquía varias veces milenaria, e instauró la República Democrática. La insurrección general de agosto abrió una era nueva en la historia de la nación vietnamita, la era del pueblo dueño de su destino. La preparación del levantamiento durante los años de la guerra mundial y la insurrección general de agosto han proporcionado ricas enseñanzas. En su libro La Revolución de Agosto, el camarada Truong Chinh ha analizado las cualidades y debilidades de esta revolución y ha sacado las conclusiones convenientes. En el presente artículo partiremos de todo el proceso de preparación de la insurrección armada hasta la victoria de agosto, para extraer de ella las enseñanzas esenciales, que son al mismo tiempo una brillante demostración de los éxitos obtenidos por nuestro partido. 1. El éxito de la insurrección general de agosto se debe en primer lugar a una dirección estratégica justa del Comité Central del partido en el problema de la liberación nacional, que fue la tarea central del partido y del pueblo y que se realizó uniendo a todas las fuerzas patrióticas.


La sociedad vietnamita de tiempos anteriores, colonial y semifeudal, se caracterizaba por dos contradicciones fundamentales, una entre el imperialismo y la nación entera, otra entre los terratenientes feudales y el pueblo, esencialmente las masas campesinas; de esas dos contradicciones, la primera tenía que ser considerada como la esencial. La revolución vietnamita era, pues, una revolución nacional democrática popular que tenía dos tareas fundamentales: una antimperialista, otra antifeudal; de esas dos tareas, la primera, la que tendía al derrocamiento del imperialismo y al logro de la liberación nacional, tenía que ser considerada como la esencial. Desde 1930, al destacar las dos contradicciones de nuestra sociedad, nuestro partido había definido claramente las dos tareas de nuestra revolución y le había dado así impulso en profundidad y en amplitud. Pero hubo que esperar hasta 1939-41 para que la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional fuera concebida claramente como una tarea primordial. Partiendo de una justa apreciación de los grandes acontecimientos que se produjeron internacional y nacionalmente, el partido hizo de la liberación nacional una tarea urgentísima para todo el pueblo. El VI Pleno del Comité Central, celebrado a fines de 1939, precisaba: “La situación ha evolucionado. El imperialismo francés es un delincuente que pretende desatar una guerra imperialista mundial. La dominación que pesa sobre las colonias como Indochina —abiertamente un régimen fascista militar— y el intento de los colonialistas de pactar con los japoneses han colocado a los pueblos indochinos ante un problema de vida o muerte. Para su salvación los pueblos de Indochina no tienen otro camino que la lucha por el derrocamiento de los imperialistas franceses, contra toda agresión extranjera, venga de los blancos o de los amarillos, a fin de conseguir la liberación y la independencia.” El VIII Pleno ampliado del Comité Central, celebrado en 1941, precisando la nueva orientación de la dirección revolucionaria del partido, definía el programa concreto de la revolución de liberación nacional. “En la situación actual —subrayaba—, la consigna del partido es, en primer lugar, liberar a toda costa a los pueblos indochinos del yugo franco-japonés. Para realizar estas tareas es necesario ante todo concentrar en un frente unido a todas las fuerzas de Indochina, a todos los patriotas, y darlo todo en la lucha por el derecho a la independencia y la libertad de la nación, por la derrota de los ocupantes franceses y japoneses. Unir a todas las fuerzas de todas las clases, de todos los partidos y agrupaciones revolucionarias que trabajen por la salvación de la patria, de todas las creencias religiosas, de todas las nacionalidades que luchan contra los japoneses, ése es el trabajo esencial de nuestro partido.” El Comité Central definía, por otra parte, una nueva política del partido: suspender provisionalmente la consigna de la revolución agraria y sustituirla por la reducción de las tasas de arriendo y de préstamos, la confiscación de las tierras pertenecientes a los imperialistas y a los traidores y su distribución a los campesinos; al mismo tiempo, decidir la fundación del Vietminh (Liga de la Independencia de Vietnam) y de las organizaciones de salvación nacional. Vista desde el ángulo de la tarea de liberación nacional en la que había puesto el acento, la resolución del VIII Pleno era una decisión extremadamente lúcida y justa que respondía perfectamente a la situación de entonces y a las aspiraciones fundamentales y profundas de cada clase o capa patriótica. He ahí por qué en poco tiempo el Frente Vietminh reunió importantes fuerzas populares y se convirtió en la más poderosa organización política de las amplias masas revolucionarias; su programa era acogido calurosamente en todos los medios sociales, su prestigio ganaba a todo el país. La resolución del VIII Pleno fue un programa concreto que desempeñó un papel decisivo en el triunfo de la Revolución de Agosto. Es necesaria una nota complementaria: en esta época, desde el punto de vista estratégico, la clase de los terratenientes feudales no se consideraba claramente como objetivo de la revolución; desde el punto de vista teórico, la tarea de la liberación nacional estaba en cierta medida separada de la revolución democrática burguesa; en lo inmediato se sobrestimaba a la clase terrateniente, sin subrayar suficientemente el papel de la alianza de los obreros y los campesinos como base del Frente Nacional Unido. Esas insuficiencias debían gravitar más tarde sobre el estado ideológico y sobre el trabajo del partido; concretamente condujeron a cierta subestimación de la tarea antifeudal durante los primeros años del poder popular y la guerra de resistencia. 2. El éxito de la insurrección general de agosto se debe al hecho de que el Comité Central, mientras adoptaba una orientación nueva respecto a la tarea revolucionaria, supo dar a tiempo una nueva orientación sobre las formas de lucha y plantear el problema de la preparación de la insurrección armada.


El paso de la lucha política a la lucha armada constituye un gran cambio que exige una enorme preparación. Si la insurrección es un arte, un punto esencial del contenido de este arte es dirigir el paso a nuevas formas de lucha adaptadas a la situación política de cada periodo, y mantener una relación exacta entre la lucha política y la lucha armada en cada periodo. Al comienzo, la acción política es siempre el elemento esencial y la lucha armada queda en un segundo plano; esas dos formas evolucionan progresivamente para llegar a ser igualmente importantes y desembocar al fin en una etapa en que la forma armada ocupa el primer lugar; pero aun entonces es necesario saber precisar el momento en que la preponderancia de la lucha armada no es más que parcial y aquel en que se impone a todo. Las formas de la lucha dominan sobre las del trabajo y la organización. En las condiciones de la lucha decisiva y encarnizada que proseguíamos, una desviación en la dirección de nuestra acción y de las organizaciones, o dicho de otro modo, una falta de firmeza o de prudencia y una falsa evaluación de las condiciones subjetivas y de la correlación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución debían inevitablemente llevar a dificultades y fracasos. La justeza de la dirección en la preparación de la insurrección armada debía garantizar a las fuerzas revolucionarias la posibilidad de desarrollarse de manera segura y de acuerdo con las circunstancias, hasta que madurasen las condiciones de la insurrección. El VIII Pleno del Comité Central precisaba: Para preparar las fuerzas necesarias para una insurrección, nuestro partido debe:  
1. Ampliar y consolidar las organizaciones de salvación nacional. 2. Multiplicar nuestras organizaciones en los centros urbanos, las plantaciones, las minas, las concesiones. 3. Multiplicar nuestras organizaciones en las provincias en que el movimiento es todavía débil y en las provincias de nacionalidades minoritarias. 4. Adiestrar y educar a los miembros del partido para que estén animados de un espíritu de sacrificio sin igual. 5. Adiestrar y entusiasmar a los miembros del partido para que sean suficientemente capaces, experimentados y estén en condiciones de asumir tareas de mando y hacer frente a los acontecimientos. 6. Crear grupos de guerrilleros y organizar a los militares.  
Tratando de la insurrección, Lenin señalaba que “la insurrección debe apoyarse en el impulso revolucionario de las masas” y no “en un complot”. Y no porque se trate de la insurrección armada y de los preparativos de insurrección debe omitirse el movimiento político de las masas; al contrario, sin un profundo movimiento político de las masas revolucionarias no se podría lograr una insurrección victoriosa. Por ello, para preparar bien la insurrección armada, el trabajo primordial y más importante era el de la propaganda entre las masas, la organización de éstas, “la ampliación y consolidación de las organizaciones de salvación nacional”. Sólo partiendo de sólidas organizaciones políticas era posible edificar sólidas organizaciones paramilitares, marchar hacia la creación de pequeños grupos de guerrilleros estrechamente ligados a las masas revolucionarias y capaces por ello de operar y desarrollarse. Durante los primeros años, cuando el movimiento político del pueblo no era potente y las fuerzas enemigas eran aún estables, la preparación de la insurrección armada debía centrarse imperiosamente en el trabajo político entre las masas. Orientar y organizar a éstas en todo el país, principalmente en las regiones neurálgicas, constituía un trabajo de importancia decisiva. Rápidamente el Comité Central del partido había hecho de la región montañosa del Viet Bac una base de la lucha armada, tomando como puntos centrales las regiones de Bac Son-Vu Nhai y Cao Bang. En las condiciones de la época, una base de la lucha armada debía ser clandestina y estar situada en localidades en que el movimiento revolucionario fuera sólido y las organizaciones de masas poderosas; donde la creación de las organizaciones de autodefensa y organizaciones de choque se hiciese a partir de las organizaciones políticas de masas para llegar a grupos armados o secciones armadas, entera o parcialmente liberadas de las tareas de la producción en la región, y hasta, según las posibilidades, de organizaciones guerrilleras más importantes. Las diversas formas: el “pequeño grupo” de cuadros clandestinos, el “pequeño grupo” clandestino militarizado, el “pequeño grupo” de choque armado, el grupo y la sección armados locales hacían poco a poco su aparición. La mejor orientación era la siguiente: hacer la propaganda armada, dar más atención a la acción política que a la acción militar y a la propaganda que al combate; servirse de las secciones armadas para proteger, consolidar y desarrollar las bases políticas; marchar así hacia cierta consolidación y cierto desarrollo de las fuerzas semiarmadas y armadas. Las organizaciones semiarmadas y armadas debían obligatoriamente maniobrar en un secreto absoluto, tener centros de gravedad en su acción de propaganda o en la eliminación de los traidores y, en la acción militar, aplicar la consigna de “actuar por sorpresa, con rapidez, retirarse sin dejar huella, llegar sin dejarse ver”, y cuidar las posibilidades de lucha legal de las amplias masas. El problema de la instauración del poder revolucionario no estaba planteado todavía. Había regiones en que la población se adhería en su totalidad a las organizaciones de salvación nacional; la sección comunal del Vietminh gozaba automáticamente a los ojos de las masas, de la autoridad de un organismo clandestino del poder popular revolucionario. Aún aquí no derribábamos el poder del enemigo; buscábamos solamente ligarlo y utilizarlo. En ese espíritu dirigía el Comité Central del partido las organizaciones del Ejército de Salvación Nacional en Bac Con-Vu Nhai. En ese espíritu recomendaba el presidente Ho Chi Minh el principio de la propaganda armada a las organizaciones armadas de Cao Bang-Bac Can, principalmente cuando dio la orden de fundar la sección de propaganda del Ejército de Liberación. La experiencia ha demostrado que durante la primera fase de la preparación de la insurrección armada, toda debilidad en la aplicación de la línea antes citada conducía generalmente al movimiento revolucionario a dificultades y le hacía sufrir pérdidas de las que la misma preparación de la insurrección armada se resentía. El golpe de fuerza japonés del nueve de marzo de 1945 introdujo grandes cambios. Los franceses fueron derrocados. Convertidos en enemigos principales y únicos del pueblo vietnamita, los fascistas japoneses, aun antes de que hubieran tenido tiempo de fortalecer su dominación en Indochina, sufrían derrota tras derrota en todos los frentes. El Comité Central del partido analizó inmediatamente la crisis política abierta por el golpe de Estado de los fascistas japoneses; dio directivas para “desencadenar un poderoso movimiento de lucha antijaponesa por la salvación nacional como premisa para la insurrección general”, y con objeto de acelerar los preparativos a fin de “mantenerse dispuestos para pasar a la insurrección general cuando las condiciones estuvieran suficientemente maduras”. Preconizó también “el desencadenamiento de la guerra de guerrillas para la conquista de las bases de operaciones”, la unificación de todas las fuerzas armadas, la organización del poder revolucionario en forma abierta en las regiones en que operaban nuestros guerrilleros, y en forma clandestina allí donde nuestras bases de masas eran relativamente fuertes. Desde Cao Bang-Bac Can a Thai Nguyen-Tuyen Quang, y en otras localidades de la región media, las unidades del Ejército de Liberación y del Ejército de Salvación Nacional atacaban diversos distritos e instauraban allí el poder revolucionario. Las acciones de masas para apoderarse de depósitos de arroz gubernamentales, para entregarlos a la población se multiplicaban y adquirían una amplitud sin precedente; los grupos de choque del Vietminh operaban en el corazón mismo de las ciudades. Las organizaciones de autodefensa, las organizaciones de choque, los comités populares y los comités de liberación surgían por todas partes, cada día más numerosos. En la provincia de Quang Ngai, el destacamento guerrillero de Ba To hizo su aparición. Había un clima preinsurreccional. En abril de 1945 la conferencia militar de Bac Bo decidió la fusión de las fuerzas armadas revolucionarias en una organización única, el Ejército de Liberación, y la creación de zonas de guerra y del comité militar revolucionario para el norte. En junio del mismo año fue creada la zona libre y los Diez Puntos del Vietminh aplicados en las seis provincias de la zona. El prestigio del Vietminh creció rápidamente. La influencia de la zona libre y del Ejército de Liberación se extendió enseguida, estimuló al pueblo y le impulsó a acelerar los preparativos para el momento oportuno, lo que impulsó a las capas sociales todavía vacilantes a ponerse del lado de la revolución y provocó el desaliento y la división en las filas del enemigo. Prácticamente, a partir de mayo de 1945 la preparación de la insurrección armada entraba en una fase nueva caracterizada por un auge de la lucha antijaponesa en todo el país, el desencadenamiento de la lucha guerrillera localizada, la creación del poder revolucionario en diversas regiones y la creación de una base para la lucha antijaponesa. Con su dirección, el partido hizo dar al movimiento revolucionario un salto a la vez audaz y seguro. 3. El éxito de la insurrección de agosto se debe al hecho de que el Comité Central de nuestro partido definió con justeza las condiciones en que la insurrección podía estallar y triunfar, lo que permitió movilizar a todo el partido y a todo el pueblo y elevar al máximo la decisión, el coraje, el dinamismo y las facultades creadoras de las masas.

 
Al hablar de la insurrección, Stalin consideró la elección del momento como una de las condiciones esenciales que aseguran el éxito: “Elegir bien el momento del golpe decisivo, el momento de comenzar la insurrección, basándose para ello en el hecho de que la crisis ha llegado a su punto culminante, de que la vanguardia está dispuesta a luchar hasta el fin, de que la reserva está dispuesta a sostener a la vanguardia y de que el desconcierto en las filas del adversario ha alcanzado ya su grado máximo.” Las lecciones que nuestro partido sacó, a costa de numerosos sacrificios, de los levantamientos del Nghe An-Ha Tinh, de la insurrección del Nam Ky, destacaron la importancia decisiva de la selección del momento para una insurrección. Por ello, después de 1941, el VIII Pleno del Comité Central definió en qué condiciones podíamos dirigir al pueblo y llevarle a la insurrección:  
La Revolución Indochina deberá culminar en una insurrección armada; para prepararla, hay que realizar los esfuerzos sobre la base de que se den las siguientes condiciones: —que el Frente de Salvación Nacional se unifique, en escala nacional; —que el pueblo, no pudiendo vivir más bajo el dominio francojaponés, esté dispuesto a lanzarse a la insurrección a costa de cualquier sacrificio; —que las pandillas dominantes de Indochina sufran una crisis económica, política y militar; —que se den condiciones objetivas favorables a la insurrección, tales como la victoria de los chinos sobre los japoneses, la revolución en Francia o en el Japón, la victoria del campo democrático en el Pacífico y en la Unión Soviética, el desarrollo del movimiento revolucionario en las colonias francesas y japonesas y sobre todo la entrada de las tropas chinas o anglosajonas en Indochina...  
En su directiva de mayo de 1944, Preparemos la insurrección, el Consejo Nacional del Vietminh indicó claramente en qué momento sería necesario levantar al pueblo:  
En el momento en que: 1. El desorden y la división en las filas del enemigo alcancen su máximo; 2. Las agrupaciones por la salvación nacional y los militantes revolucionarios estén determinados a levantarse contra el enemigo; 3. Las amplias masas populares hayan manifestado calurosamente su aprobación a la insurrección y estén resueltas a sostener a la vanguardia.  
Si escogemos certeramente el momento para desatar la insurrección, nuestra Revolución de Liberación Nacional vencerá. Tenemos que permanecer constantemente lúcidos, saber tomar el pulso del movimiento y estudiar de cerca el comportamiento de las masas, tener una idea justa de la coyuntura mundial y de la situación en cada momento dado a fin de escoger el momento oportuno y guiar a tiempo a las masas hacia la rebelión. Después de la derrota de los franceses por los japoneses, en una directiva histórica del 12 de marzo de 1945, el Comité Central del partido estimó con perspicacia que se habían creado nuevas condiciones favorables, pero que, sin embargo, “las condiciones para la insurrección no estaban todavía maduras”. Precisó, por otra parte, que el momento en que las fuerzas japonesas desguarnecieran su retaguardia para reagruparse y hacer frente al desembarco aliado sería en extremo favorable para lanzarse a la insurrección. La directiva añadía: “Si estallase la revolución en Japón y se instaurase el poder revolucionario del pueblo japonés, o si los fascistas japoneses sufrieran una derrota semejante a la de Francia en 1940 y el cuerpo expedicionario japonés se desmoralizase, nuestra insurrección general podría estallar y triunfar aunque no se produjese el desembarco aliado.” El movimiento revolucionario crecía como una marea. La situación mundial evolucionaba rápidamente. El 8 de agosto de 1945, el Ejército Rojo soviético atacó el nordeste de China; el más fuerte ejército japonés, el de Kuan Tung, se desmoronó en pocos días. Acorralados en una situación cada vez más crítica, los japoneses se dispusieron a capitular sin condiciones. En ese momento la Conferencia Nacional del partido, reunida en Tan Trao, decidía, conjuntamente con el Comité Nacional del Vietminh, dar la orden de insurrección general para instaurar el poder popular en todo el país; se creó el Comité Nacional de la Insurrección. Inmediatamente después el Congreso Nacional de los Representantes del Pueblo, reunido en Tan Trao, eligió al Comité de Liberación del Pueblo Vietnamita, es decir, el gobierno provisional, dirigido por el presidente Ho Chi Minh. Se conoció entonces la noticia de la rendición de los japoneses. Siguiendo las directivas del Comité Central, en numerosas localidades la organización del partido y el escalón correspondiente del Vietminh, sin esperar la orden de insurrección, que no había llegado todavía, y aprovechando el momento —las tropas japonesas estaban en plena crisis, sus títeres en un profundo desorden y la milicia en un estado avanzado de desmoralización— lanzaron a las masas populares a la conquista del poder. El 11 de agosto, levantamiento popular en Ha Tinh; el 12, orden de insurrección en la zona libre, ataques a varios puestos enemigos por el Ejército de Liberación, que marchó unos días más tarde sobre Thai Nguyen, liberándolo; el 13, levantamiento en Quang Ngai. El 19, triunfo de la insurrección en Hanoi, la capital, seguido de las insurrecciones victoriosas de Hue, el 23, y Saigón, el 25. El 29 el primer regimiento del Ejército de Liberación de Vietnam hizo su entrada en Hanoi. En todo el país, en el campo y las ciudades, decenas de millones de personas se alzaron unánimemente para arrancar el poder de las manos de los japoneses y los títeres a su servicio, rompiendo el yugo de los imperialistas y los feudales. Por haber sabido apoyarse en las poderosas fuerzas políticas del pueblo, secundadas por las fuerzas armadas y semiarmadas, y neutralizar a las tropas japonesas ya en plena descomposición, la insurrección general pudo reducir al mínimo la efusión de sangre y asegurar el triunfo rápido en el norte y en el sur del país. Frente al empuje popular, el rey Bao Dai abdicó, y el gobierno de Tran Trong Kim capituló. El 2 de septiembre el gobierno provisional se presentó a la nación. En la plaza de Ba Dinh, desde entonces histórica, el presidente Ho Chi Minh leyó la Declaración de Independencia, y nació la República Democrática de Vietnam. Por la justa elección del momento, nuestro partido condujo a la victoria la insurrección general de agosto. Si se hubiera producido antes se habría expuesto indiscutiblemente a numerosas dificultades. Si hubiese tenido lugar más tarde, habría corrido un gran peligro: las tropas de Chiang Kai-shek y las fuerzas británicas estarían ya en el país. Nuestro partido dirigió al pueblo en su levantamiento y en la conquista del poder en el preciso momento en que los japoneses acababan de capitular y antes de la entrada de las tropas aliadas en Indochina. El partido y las causas subjetivas condujeron la insurrección general de agosto a la victoria. Evidentemente, la insurrección debe también su éxito a causas objetivas en extremo importantes. Hay que destacar la coyuntura creada por la victoria del Ejército Rojo soviético y de las fuerzas aliadas sobre el fascismo germano-italiano, situación particularmente favorable a la causa de la liberación nacional de los pueblos oprimidos del mundo entero. En nuestro país, durante las jornadas de la insurrección de agosto, el enemigo de la revolución se encontraba en plena crisis. Después de la ocupación de Francia por los nazis, el poder y la autoridad de los colonialistas franceses en Vietnam se había debilitado visiblemente. Más tarde, vivas contradicciones habían surgido entre los conquistadores; el enemigo que ocupaba nuestro país desde hacía muchos años había sido derrocado por los fascistas japoneses, y el poder feudal, puesto a su servicio, también se había desintegrado. En cuanto a los japoneses, que fueron nuestro enemigo principal a partir del 9 de marzo, se encontraban ya en una situación más que precaria a consecuencia de una serie de derrotas, y el gobierno títere projaponés no tenía la solidez ni la fuerza necesarias para hacer frente a un movimiento revolucionario cada día más poderoso. Después de la gran victoria del Ejército Rojo soviético y la capitulación de los japoneses, las tropas japonesas estacionadas en Indochina llegaron al colmo del desorden, disipado su sueño de dominación en nuestro país. En esta coyuntura, las masas revolucionarias supieron neutralizarlas, y por ello la insurrección general no tropezó con una resistencia encarnizada y pudo triunfar rápidamente. El factor objetivo extraordinariamente importante que acabamos de señalar prueba que las fuerzas del socialismo, de la democracia y de la paz, y principalmente los éxitos del Ejército Rojo soviético, han influido profundamente sobre nuestra revolución y la han ayudado mucho, que la Revolución Vietnamita es parte integrante de la revolución socialista en el mundo, que estamos en la época de la revolución socialista y de la revolución de liberación nacional, del debilitamiento y la disgregación del imperialismo colonialista. Sin embargo, pese a toda su trascendencia, ese factor objetivo no minimiza las altas cualidades dirigentes de nuestro partido, ni su importancia en el triunfo de la insurrección general de agosto. Para apreciar mejor el papel decisivo de una dirección justa, basta comparar la situación en Vietnam con la de ciertos países del sudeste asiático en la misma época, durante las jornadas de agosto, en que, a pesar de las mismas condiciones objetivas, la revolución no sólo no triunfó, sino que tropezó con dificultades. Verdaderamente, la insurrección general de agosto ha sido para nuestro pueblo y nuestro partido un brillante éxito. Es el levantamiento victorioso del pueblo de un país colonial y semifeudal que, bajo la dirección del partido comunista, ha desarrollado una larga lucha política para pasar después a una lucha armada localizada durante el periodo preinsurreccional y ha sabido, escogiendo finalmente el momento oportuno, a favor de una crisis en extremo profunda en las filas del enemigo, apoyándose principalmente en las fuerzas políticas de las masas, secundadas por las fuerzas revolucionarias armadas y semiarmadas, alzarse valientemente en ciudades y campos, destruir la dominación de los imperialistas y los feudales e instaurar el poder democrático popular. El éxito de la insurrección general de agosto muestra que, en condiciones históricas dadas, el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos puede, por la vía de la insurrección, obtener el triunfo. Esta es la primera vez que bajo la dirección del partido comunista, el pueblo de un país colonial pequeño y débil se alza heroicamente para liberarse por sí mismo del dominio de los imperialistas y sus agentes.


II. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ CON ÉXITO LA GUERRA DE RESISTENCIA CONTRA EL IMPERIALISMO FRANCÉS Y LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA


Poco tiempo después del triunfo de la Revolución de Agosto y la fundación de la República Democrática de Vietnam, el 23 de septiembre de 1945, los colonialistas franceses, apoyados por las tropas británicas, iniciaron las hostilidades en Saigón, intentando reocupar nuestro país. Nuestros compatriotas del Nam Bo se alzaron, decididos a resistir. El 19 de diciembre de 1945 la resistencia se extendió a todo el país. Nuestro pueblo emprendía una larga guerra de liberación, contra los imperialistas franceses y los intervencionistas norteamericanos, que terminaría nueve años más tarde por su gran victoria en el frente de Dien Bien Fu, mientras en la Conferencia de Ginebra se restablecía la paz sobre la base del respeto de la soberanía, de la independencia, de la unidad y de la integridad territorial de nuestro país, Camboya y Laos. El norte de nuestro país estaba completamente liberado. En esos nueve años de resistencia victoriosa bajo la dirección de nuestro partido, el pueblo vietnamita, desde los primeros combates del Nam Bo a la victoria de Dien Bien Fu, derrotó al ejército de una potencia imperialista. Intentaremos en este artículo recoger cierto número de experiencias esenciales extraídas del trabajo de dirección de nuestro partido en la guerra revolucionaria. 1. En primer lugar, la resistencia de nuestro pueblo debe su éxito a que nuestro partido ha acordado una política justa: unir a todo el pueblo para continuar incansablemente la resistencia.

 

 
Así como en los primeros días de la segunda Guerra Mundial, cuando preconizaba muy justamente la preparación de la insurrección para lograr la liberación nacional, así en 1945-46, inmediatamente después de la instauración de la república democrática, nuestro partido definió la política siguiente: hacer todo lo posible para unir al pueblo, alzarse resueltamente y resistir la agresión para defender las conquistas de la Revolución de Agosto y la independencia nacional que se había reconquistado. Desde el mismo día del triunfo de la revolución, nuestro partido preveía ya el peligro de una agresión por parte de los colonialistas franceses; por ello, en la Declaración de Independencia y en el Juramento de la Independencia llamaba al pueblo a redoblar la vigilancia y a mantenerse dispuesto a combatir para defender la patria. Se conocen los hechos: los primeros disparos de los franceses sonaron en Saigón en un momento en que el poder popular no estaba todavía consolidado y en que teníamos dificultades considerables en todos los terrenos. Jamás habíamos tenido tantas tropas extranjeras en nuestro suelo: las tropas japonesas que, pese a su rendición, conservaban aún todo su armamento; en el norte, las tropas de Chiang Kai-shek, que ayudaban todo lo que podían al Kuomintang vietnamita a derrocar nuestro poder; en el sur, a partir del paralelo 16, las tropas británicas, que respaldaban seriamente a los franceses para extender la guerra de agresión. Nuestro partido llevó resueltamente al pueblo del Nam Bo al combate. A fin de concentrar todas las fuerzas y enfrentarlas al enemigo esencial, preconizó, en el plano interior, la línea siguiente: más aliados, menos enemigos; ampliar el Frente Nacional Unido, fundar la Unión Nacional Vietnamita (en abreviatura Lien Viet); unir todas las fuerzas que pudiesen ser unidas, neutralizar todas las fuerzas que pudiesen ser neutralizadas, dividir todas las fuerzas que pudiesen ser divididas; al mismo tiempo hacer todo lo posible para consolidar el poder, desarrollar y reforzar el potencial militar, organizar las elecciones generales, elegir la Asamblea Constituyente, formar un gobierno de coalición para la resistencia. En el plano exterior, el partido preconizó la línea siguiente: aplicar por todos los medios una política amistosa hacia las tropas de Chiang Kai-shek, evitar en la medida de lo posible todo conflicto con ellas. En cuanto a los agresores franceses, el enemigo esencial, preconizó la política siguiente: de una parte, impulsar al ejército y al pueblo del Nam Bo a una resistencia feroz a las tropas agresoras; en el resto del país, orientar al pueblo a sostener sin reservas el Nam Bo, a enviar refuerzos al sur y prepararse activamente para la guerra de resistencia en caso de generalización de las hostilidades; por otra parte, no dejar pasar ninguna ocasión para aprovecharse de los antagonismos entre Chiang Kai-shek y Francia, emprender negociaciones con el gobierno francés para ganar tiempo y salvaguardar la paz. El resultado positivo de esta línea política y de esta táctica justa fue la firma de la convención preliminar del 6 de marzo de 1946 entre nuestro gobierno y Francia. Por nuestra parte, aceptamos el estacionamiento de cierto contingente de fuerzas francesas en diversos puntos del Bac Bo para relevar allí a las tropas de Chiang Kai-shek; por su parte, el gobierno francés reconocía a la República Democrática del Vietnam como un Estado libre en el seno de la Unión Francesa, con su asamblea nacional, su ejército, sus finanzas, etc. Podíamos así arrojar fuera de nuestro territorio a los 200 000 hombres del ejército de Chiang Kai-shek. Más tarde, las tropas contrarrevolucionarias del Kuomintang vietnamita, que ocupaban todavía cinco provincias fronterizas en la región media del Bac Bo, fueron igualmente liquidadas. De esta forma, el régimen democrático popular se afirmaba. Con la convención preliminar cumplíamos la consigna: “la paz para avanzar”. Inmediatamente después de su firma, las ilusiones de paz embotaron relativamente la vigilancia frente a las maniobras de los colonialistas. Pero de una manera general la línea política de nuestro partido siguió siendo la misma: de un lado, darlo todo para consolidar la paz; de otro, dedicarse a reforzar nuestro potencial y prepararse a hacer frente a cualquier eventualidad; de un lado, respetar el acuerdo firmado; de otro, combatir resueltamente para defenderse en caso de que el enemigo torpedease la convención. Los propósitos del adversario se percibían cada vez más claramente. Cuantas más concesiones hacíamos, más exigían los colonialistas. Destrozaban la convención, continuaban realizando operaciones de limpieza en las regiones ocupadas del sur, cometían provocaciones y avanzaban paso a paso en diversas regiones, y hasta en Haifong y Hanoi. Se dedicaban con todas sus fuerzas a reconquistar nuestro país. Por ello, cuando no hubo ya ninguna posibilidad de mantener la paz, el partido llamó al pueblo a emprender la guerra de resistencia. La realidad había mostrado al pueblo que nuestro partido y nuestro gobierno habían perseverado en su política de paz y que los franceses querían a toda costa reconquistar Vietnam; nuestro pueblo no tenía ya otro camino que un levantamiento en masa, con las armas en la mano, para defender a la patria. La realidad había mostrado al pueblo francés y a los pueblos del mundo amantes de la paz que nosotros aspirábamos a la paz y que los colonialistas querían a todo trance provocar la guerra; por ello, nuestra resistencia contaba cada vez más con la aprobación y el apoyo del propio pueblo francés y del mundo entero. Nuestro partido actuó justamente al decidir lanzarse a la guerra de resistencia: respondía a las exigencias de las masas populares profundamente indignadas contra la agresión de los colonialistas. Por ello el ejército y el pueblo respondieron al llamamiento de resistencia del presidente Ho Chi Minh sin retroceder ante los sacrificios ni ante las privaciones, decididos a continuar la resistencia hasta el aniquilamiento de los agresores. 2. Durante toda la resistencia nuestro partido aplicó la línea de la revolución nacional democrática, lo que le permitió realizar una guerra popular y vencer.


La resistencia de nuestro pueblo era precisamente la continuación de la revolución nacional democrática bajo la forma de una lucha armada. Por consiguiente, aplicar bien la línea de la revolución nacional democrática en la dirección de la resistencia era cuestión clave y decisiva. Como hemos dicho anteriormente, Vietnam era un país colonial y semifeudal. Desde la Revolución de Agosto nuestra sociedad se había modificado profundamente. Aunque habían sido derrocados la dominación imperialista y el poder del rey y de los mandarines, agentes de los imperialistas y representantes de la fracción más reaccionaria de la clase de los terratenientes feudales, la clase terrateniente subsistía aún y el problema agrario sólo había sido resuelto parcialmente. Las fuerzas de los colonialistas franceses volvían al país para hacer una guerra de agresión. La contradicción fundamental entre nuestra nación y el imperialismo reaparecía bajo una forma en extremo aguda. ¿Quién era el agresor? Los imperialistas franceses, sin duda alguna. Al comienzo, dada la participación de elementos progresistas en el gobierno francés, tácticamente teníamos que denunciar como enemigos a los ultracolonialistas franceses. Pero después, y sobre todo desde 1947, en que el gobierno francés llegó a ser claramente reaccionario, el agresor extranjero fue, sin ambigüedad posible, el imperialismo francés. Enemigo de toda nuestra nación, se aprestaba a hacer una guerra contra ella. En esta coyuntura, el factor nacional desempeñaba un papel de primera importancia. Para batir a los franceses era necesario unir a la nación entera, concentrar a todas las clases revolucionarias, a todos los patriotas, consolidar y ampliar el Frente Nacional Unido. Nuestro partido obtuvo un gran éxito con su política de unión nacional. La consigna lanzada por el presidente Ho Chi Minh: “La unión, la gran unión para la victoria, la gran victoria”, se convirtió en una realidad sorprendente. El Frente Nacional Unido Antimperialista de Vietnam es un ejemplo típico del más amplio Frente Nacional Unido en un país colonial. Bajo la dirección del partido comunista, la revolución de liberación nacional jamás se separó de la revolución democrática. La tarea de la lucha antimperialista, aunque era la más apremiante, marchó siempre a la par de la lucha antifeudal. A causa de la atrasada economía agrícola de nuestro país, los campesinos constituían la gran mayoría de la población. Si desde el punto de vista revolucionario la clase obrera era la clase dirigente, el campesinado fuertemente antimperialista y antifeudal era la fuerza principal. Por otra parte, nuestra resistencia debía proseguir, apoyándose en el campo para constituir sus bases, desatar la guerra de guerrillas a fin de aislar al enemigo en los centros urbanos y liberar finalmente las ciudades. La toma en consideración del problema campesino, del problema antifeudal era, por estas razones, de alta significación. Durante la resistencia, ¿cómo resolvió nuestro partido el problema antifeudal a fin de alzar a las fuerzas campesinas? Durante la Revolución de Agosto, después de haber derribado el poder del rey y de los mandarines, castigamos a ciertos traidores, confiscamos sus tierras para distribuirlas entre los campesinos, y los dominios de los colonialistas fueron objeto de un reparto provisional. Después del regreso de los franceses y de su agresión, se produjo poco a poco una connivencia entre los imperialistas y la fracción más reaccionaria de los terratenientes feudales; la contradicción esencial en aquella sociedad era la que oponía el conjunto de nuestra nación y nuestro pueblo a los imperialistas franceses y sus agentes, los feudales reaccionarios. Lanzamos nuestra consigna primordial: aniquilar a los ultracolonialistas y a los traidores. Por ello, desde los primeros años de la resistencia, cierto número de terratenientes particularmente reaccionarios fueron castigados en el curso de operaciones destinadas a destruir a los colaboradores más importantes y a liquidar a los espías. Sus dominios, así como las tierras abandonadas por los propietarios ausentes, fueron a su vez distribuidos, o provisionalmente entregados a los campesinos. Así, en la práctica, la realización de la tarea antifeudal proseguía continuamente. Sin embargo, en las ideas y en las medidas tomadas se notaba la influencia de nociones confusas, que se remontaban a 1941, sobre el contenido de la revolución de liberación nacional. Esto llevó, durante los primeros años de la resistencia, a descuidar en cierta medida la tarea antifeudal y conceder a la cuestión campesina una atención que no correspondía a su importancia. Hasta 1949-1950 este problema no fue planteado claramente. En 1952-1953 nuestro partido preconizó la movilización de las masas por la reducción integral de las tasas de arriendo y la realización de la reforma agraria, aplicando la consigna: “La tierra para los que la trabajan.” Gracias a esas medidas, la combatividad de millones de campesinos fue poderosamente estimulada y reforzada la alianza de los obreros y los campesinos. El Frente Nacional Unido se fortalecía, se vigorizaban el poder y el ejército y las diversas actividades de la resistencia recibían un nuevo impulso. La reforma agraria, es cierto, estaba plagada de errores, pero éstos, cometidos esencialmente después del restablecimiento de la paz, no tuvieron ningún efecto sobre la resistencia. Conviene añadir que se procedió no solamente a la reforma agraria en el norte, sino también, a partir de 1951, al reparto de tierras a los campesinos en el Nam Bo. La realización de la reforma agraria en el curso de la resistencia misma constituye una política justa del partido, una política de carácter creador. Cuando las hostilidades se extendieron a todo el país, nuestro partido lanzó la consigna: Hacer una guerra de resistencia popular y total Este es el contenido fundamental de la guerra popular. Este contenido se enriqueció cada vez más y se concretó en la práctica durante los años de resistencia, principalmente después del comienzo de la guerra de guerrillas y a partir del momento en que la cuestión campesina fue colocada en el lugar que le correspondía en el problema nacional. Como la independencia y la tierra, objetivo político de nuestra resistencia, respondían a las aspiraciones fundamentales y profundas de las masas, todo nuestro pueblo se puso en pie de lucha. El presidente Ho Chi Minh lanzó su célebre llamamiento: “Que todos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, sin distinción de creencias religiosas, convicciones políticas y nacionalidades, al solo nombre de Vietnam se levanten para combatir a los colonialistas y salvar a la patria. Que los que tengan un fusil lo empuñen, que utilicen la espada los que la posean, que tomen picos o palas los que no tengan armas; que cada uno luche con todas sus fuerzas contra los colonialistas, por la salvación nacional.” El pueblo vietnamita respondió al llamamiento del presidente Ho Chi Minh, millones de hombres y mujeres se levantaron y participaron en la resistencia contra el enemigo. Esta guerra popular, considerada desde el punto de vista de las fuerzas participantes, era esencialmente una guerra campesina; desde hacía mucho tiempo los campesinos de nuestro país combatían bajo las banderas de nuestro partido; se habían alzado durante la Revolución de Agosto para la conquista del poder y siguieron desempeñando un papel muy importante durante toda la resistencia. En efecto, nuestra resistencia era una guerra popular. En el frente, el ejército combatía para aplastar al enemigo; en la retaguardia, el pueblo se esforzaba por aumentar la producción (el campesino en el campo y el obrero en la fábrica de armas) a fin de aprovisionar al ejército y servir al trente. Las fuerzas armadas populares estaban constituidas por el ejército regular y también por las tropas regionales, los guerrilleros y los francotiradores. Bajo la consigna de: “Todo el pueblo en armas”, cada habitante se convertía en un combatiente, cada aldea en una fortaleza, cada célula del partido y cada comité de resistencia en un estado mayor. Así ocurrió en la zona liberada y aun en la retaguardia enemiga. La resistencia de nuestro pueblo se llevaba a cabo en todos los terrenos. No solamente en el aspecto militar, sino también en el político, el económico y el cultural. En el aspecto político, en el interior, era necesario educar y movilizar aún más al pueblo, reforzar constantemente la unión nacional, destruir todos los intentos del enemigo para dividir y engañar; en el exterior era preciso ganar la adhesión y el apoyo de los pueblos progresistas del mundo, y especialmente coordinar estrechamente nuestras actividades con la acción del pueblo francés y los pueblos de las colonias francesas contra la sucia guerra.15 En el terreno económico debíamos crear a toda costa nuestra economía de resistencia, aumentar la producción, tratar de satisfacer nuestras necesidades por nosotros mismos a fin de proseguir una resistencia prolongada; al mismo tiempo había que sabotear la economía del enemigo, luchar contra sus planes tendientes a acumular todos los recursos humanos y materiales y a mantener la guerra por la guerra. En el aspecto cultural, teníamos que desarrollar la educación, dándole un carácter de masas y elevando el sentido patriótico y el odio al enemigo; al mismo tiempo había que luchar activamente para barrer la influencia de la cultura oscurantista en las regiones liberadas, detener la difusión de la cultura decadente en las regiones ocupadas, destruir los argumentos de la contrapropaganda enemiga, mantener y reforzar la fe en la victoria y la determinación de continuar hasta el fin la resistencia. Bajo la dirección del partido, el poder popular tenía un papel importante en la movilización de los recursos humanos y materiales para las necesidades de la resistencia. “Todo para el frente, todo para la victoria”, fue la consigna de nuestro pueblo. Era la consigna de la guerra popular. 3. Nuestro partido adoptó una línea estratégica fusta: una potente y prolongada resistencia, lograr la salvación por nuestros propios esfuerzos; y decidió un plan correcto de operaciones: la guerrilla, pasando progresivamente a la guerra de movimiento.


Al comenzar la resistencia, el partido hizo un análisis penetrante de los puntos fuertes y débiles de las partes beligerantes, de la correlación de fuerzas y de las intenciones estratégicas del adversario, a fin de acordar nuestra línea estratégica. Respecto al enemigo, era un país imperialista que, aunque debilitado por la segunda Guerra Mundial, aún resultaba poderoso para Vietnam. Disponía además de un ejército profesional muy entrenado, equipado con armamentos modernos, bien aprovisionado y experimentado en las guerras de agresión. Su punto débil era el carácter injusto de la guerra, que provocaba la división en sus filas, la falta de apoyo popular y la repulsa de la opinión mundial. Sus tropas inicialmente eran fuertes, pero con moral muy baja. Los imperialistas franceses tenían, también, sus debilidades y sus dificultades: recursos humanos y materiales limitados, viva oposición de su pueblo a la “sucia guerra”, etc. Por lo que se refiere a nosotros, éramos un país colonial y semifeudal que acababa de recobrar su independencia, y desde todos los puntos de vista, nuestras fuerzas no estaban consolidadas: nuestra economía era agrícola y atrasada, teníamos un ejército de guerrilleros apenas entrenado, mal equipado, que tropezaba con grandes dificultades logísticas, encuadrado por hombres poco experimentados. Nuestra fortaleza se basaba en el carácter justo de la resistencia, que permitía unir a toda la nación, contar con el apoyo del pueblo y del ejército dispuestos a todos los sacrificios y lograr la adhesión y el respaldo de los pueblos del mundo. Esas eran las características esenciales del enemigo y las nuestras durante la última guerra de resistencia. De ello se desprende que los puntos fuertes del enemigo eran nuestros puntos débiles, y que igualmente nuestros puntos fuertes eran los débiles del enemigo, pero que mientras los puntos fuertes del enemigo eran temporales, los nuestros eran fundamentales. De todas estas características se deduce que la estrategia enemiga se orientaba a una acción rápida para una decisión rápida. La prolongación eventual de la guerra le privaría progresivamente de sus puntos fuertes mientras agravaba cada vez más sus debilidades. Esta estrategia estaba en contradicción con el potencial limitado de los franceses, ya seriamente debilitado a consecuencia de la segunda gran guerra. Por ello, en la realización de su plan agresivo, el enemigo estaba obligado a combinar la fórmula de las acciones rápidas para una decisión rápida con incautaciones graduales y a veces hasta emprendiendo negociaciones para ganar el tiempo necesario para fortalecer su potencial. Pese a todas las dificultades y obstáculos creados por sus propias debilidades, tan pronto le era posible reanudaba su plan de acción rápida para una decisión rápida, con la esperanza de poner fin a la guerra pronto y victoriosamente. Desde los primeros días del conflicto los franceses ambicionaban terminar la ocupación y la “pacificación” del Nam Bo en unas semanas. Al no poder aniquilar nuestras fuerzas regulares en las ciudades, y después de la generalización de las hostilidades a todo el país, concentraron sus tropas y lanzaron una gran ofensiva contra el Viet Bac con el objetivo de destruir nuestros organismos de dirección y nuestras fuerzas regulares y lograr una victoria decisiva. Después del fracaso de esta ofensiva, se vieron obligados a prolongar la guerra y pasar a la “pacificación” de su retaguardia sin renunciar, sin embargo, a su plan estratégico de acciones rápidas para una decisión rápida. Mediante múltiples cambios en el alto mando, sobre todo con el envío a Indochina del general Navarre, pretendían asestar golpes decisivos que pusieran rápidamente fin a la guerra de agresión. Consciente de los puntos fuertes y débiles del enemigo, así como de los propios, nuestro partido, para hacer frente a los propósitos estratégicos del adversario, preconizó como línea estratégica la resistencia prolongada: ante un enemigo temporalmente superior, nuestro pueblo no estaba en condiciones de emprender acciones rápidas para una decisión rápida: necesitaba tiempo para superar sus debilidades y agravar las del enemigo. Para lograr la victoria final necesitábamos tiempo a fin de movilizar, organizar y consolidar las fuerzas de la resistencia, desgastar las del enemigo, modificando poco a poco la correlación de fuerzas hasta lograr nosotros la superioridad, y aprovechándonos al mismo tiempo de los cambios internacionales cada vez más favorables. La ley que rige una guerra revolucionaria de larga duración precisa tres fases: la defensiva, el equilibrio de fuerzas y la contraofensiva. En su orientación general, nuestra resistencia seguía también esta ley. En los teatros de operaciones los hechos se desarrollaban evidentemente de una manera más viva y más compleja. Con la aplicación de nuestra línea estratégica de “resistencia prolongada”, y después de combates de desgaste durante cierto tiempo, nuestras tropas efectuaron el repliegue estratégico de la ciudad hacia el campo a fin de preservar su potencial y defender nuestras bases rurales. Después del fracaso de la ofensiva enemiga contra el Viet Bac, la fase de equilibrio de fuerzas se fue esbozando progresivamente y decidimos lanzarnos ampliamente a la guerra de guerrillas. A partir de 1950 lanzamos sucesivamente varias campañas ofensivas de carácter local para lograr la iniciativa en el teatro de operaciones del norte. La campaña de Dien Bien Fu, desencadenada a comienzos de 1954, fue una ofensiva de envergadura que finalizó con una brillante victoria. La asimilación de la línea estratégica “para una resistencia prolongada” fue, al mismo tiempo que un gran trabajo de organización en el aspecto militar y económico, un proceso de educación y de lucha ideológica en el seno del partido y entre el pueblo para combatir las tendencias erróneas que se habían manifestado en el curso de los años de la resistencia. Era la tendencia pesimista, derrotista, de que nuestro país, pequeño en extensión y población, económicamente atrasado, con fuerzas armadas poco aguerridas, no podría mantenerse frente al enemigo, y mucho menos realizar una resistencia prolongada. Era la tendencia subjetiva de los partidarios de una decisión rápida, que se había manifestado en los planes de operaciones de muchas regiones en las que, al comienzo de la resistencia, se oponían a la evacuación de tropas que preservarían nuestro potencial, en el proyecto de contraofensiva general formulado en 1950, cuando no se habían creado las condiciones objetivas y subjetivas. El partido hizo los mayores esfuerzos para corregir estas desviaciones, educar al pueblo sobre las dificultades y sobre los factores favorables y exhortar a la nación a proseguir firmemente la lucha. El libro La resistencia vencerá, del camarada Truong Chinh, contribuyó grandemente a popularizar la política y las medidas del partido relativas a la resistencia. Conviene destacar la enorme importancia de la resolución del I Pleno del Comité Central, celebrado en 1951, que recordaba a todo el partido: “nuestra resistencia es una lucha larga y dura...” “Tenemos que lograr la salvación principalmente por nuestro propio esfuerzo.” Las diferentes campañas de educación política en el partido y en el ejército y las de educación y propaganda que se hicieron entre el pueblo sobre las directivas del Comité Central fortalecieron fundamentalmente la decisión de continuar la resistencia hasta el fin, infundieron en el pueblo la fe en la victoria final y permitieron a las masas compenetrarse cada vez más con la línea del partido: Hacer una larga guerra de resistencia, y lograr la salvación por nuestro propio esfuerzo. Para realizar una resistencia prolongada había que mostrar una firme decisión de lograr la salvación por nuestro propio esfuerzo. Durante los primeros años, cuando nuestro pueblo luchaba en las condiciones de un bloqueo total, ésta era una inevitable necesidad. No teníamos más salida que apoyarnos en nuestras propias fuerzas para hacer frente al enemigo. Con este espíritu —la salvación por el esfuerzo propio—, nuestro ejército trataba de equiparse en el frente con las armas arrancadas al enemigo, limitaba estrictamente el consumo de municiones y mantenía un elevado espíritu de sacrificio, soportando todas las privaciones, superando todas las dificultades, participando hasta el máximo en la producción, satisfaciendo por sí mismo una parte de sus necesidades diarias a fin de aliviar la contribución del pueblo. Por su parte, el pueblo hacía grandes esfuerzos para construir la retaguardia, desarrollar la economía de guerra de resistencia a fin de hacer frente a todas sus necesidades y aprovisionar al frente. Impulsamos la producción desde todos los puntos de vista para suministrar al pueblo los artículos de que tenía necesidad y para luchar contra el bloqueo que el enemigo nos imponía. Se roturaron amplias superficies para el aumento de la producción de víveres, y se montaron múltiples talleres de armamentos para fabricar las armas necesarias. Especialmente nuestros compatriotas y nuestras tropas de la V interzona y del Nam Bo, decididos a aplicar la consigna “la salvación por el propio esfuerzo”, se distinguieron por sus grandes esfuerzos en la producción y la investigación de productos sustitutivos, y lograron así mantener su potencial y continuar obstinadamente la resistencia en condiciones extremadamente duras y difíciles. A partir del momento en que la coyuntura internacional se inclinó a nuestro favor, cuando tropezábamos todavía con numerosas dificultades, se manifestó en el partido y en el pueblo la tendencia a esperar la ayuda exterior y descansar en ésta. Por ello, mientras continuaba la educación para reafirmar la decisión de resistir hasta el fin, nuestro partido velaba y recordaba a todos la consigna “la salvación por el propio esfuerzo”, y demostraba que, pese a la importancia de la adhesión y el respaldo internacional, sólo nuestro propio esfuerzo podría asegurar el triunfo de nuestra causa: la liberación nacional. Para ganar la guerra de resistencia no bastaba una estrategia justa: se necesitaba también una linea de operaciones apropiada, condición imprescindible para la aplicación victoriosa de la línea estratégica. Considerada en su conjunto, nuestra resistencia fue una guerra de guerrillas que se transformó gradualmente en guerra regular, pasando gradualmente de la guerrilla a la guerra de movimiento, combinada parcialmente con la guerra de posiciones. En lo esencial, jamás nos apartamos de esta ley, lo que nos permitió triunfar: esto no significa que tuviésemos esa comprensión desde el principio; llegamos a ella después de un largo proceso de pruebas y de experiencias logradas en la realidad de los combates. En el curso de la última resistencia, la guerrilla desempeñó un papel estratégico especialmente importante. Es la forma de lucha de las masas populares, del pueblo de un país débil, mal equipado, pero resuelto a alzarse contra un ejército agresivo poseedor de un equipo y una técnica superiores. Es una forma de lucha propia de la guerra revolucionaria que se apoya en la moral y el heroísmo para vencer a las armas modernas: evitar al enemigo cuando es fuerte, atacarle cuando es débil; dispersarse o reagruparse, librar combates de desgaste o de aniquilamiento según los casos; atacar al enemigo en todas partes a fin de que en todas partes se encuentre sumergido en un mar de hombres armados hostiles, minar su moral y desgastar sus fuerzas. Al margen de pequeños grupos encargados de hostigar al enemigo, es necesario reagrupar, en condiciones apropiadas, efectivos más importantes para tener una superioridad operacional en un punto dado y durante un tiempo dado con el fin de aniquilar al adversario. Como la acumulación de ráfagas de viento forma la tempestad, la acumulación de triunfos obtenidos en pequeños combates desgasta gradualmente las fuerzas vivas del enemigo mientras alimenta gradualmente nuestro potencial. Es necesario plantearse el aniquilamiento de las fuerzas vivas del enemigo como objetivo principal del combate, y jamás, para la defensa o la ocupación de un territorio, desgastar las nuestras. Todo ello creará las condiciones que deben permitir finalmente aniquilar totalmente al enemigo y liberar el territorio. Sin ninguna duda, la guerrilla es una forma de combate apropiada a las características de nuestra resistencia. Durante los primeros tiempos, no había prácticamente ni podía haber guerra regular; no hubo más que guerra de guerrillas. Cuando se desencadenaron las hostilidades en el Nam Bo, preconizamos la guerrilla, y ésta hizo efectivamente su aparición. Pero cuando las hostilidades se extendieron a todo el país, no estaba claramente indicado en nuestra política que la guerrilla debería ser nuestra principal forma de combate. A comienzos del otoño-invierno de 1947, el Comité Central decidió lanzar ampliamente la guerra de guerrillas en todas las regiones ocupadas temporalmente por el enemigo. Una parte del ejército regular dispersado en compañías autónomas penetró profundamente en la retaguardia enemiga para hacer la propaganda entre el pueblo, proteger las bases y desarrollar la guerra de guerrillas. Nuestro gran éxito, la gran lección que nos ha dado la experiencia de dirección de la guerra de guerrillas, ha sido la creación de compañías autónomas combinando su acción con la de los batallones móviles. Habiéndose desarrollado ampliamente las guerrillas, numerosas regiones situadas en la retaguardia enemiga se convirtieron en nuestra primera línea. Para hacer frente a la guerra de guerrillas que se extendía incesantemente, el enemigo intensificaba las operaciones de limpieza y empleaba efectivos cada vez más importantes. Pretendía aniquilar nuestras formaciones de guerrilleros, destruir nuestras bases políticas, devastar nuestras cosechas, saquear los bienes de la población con la esperanza de quebrar nuestro potencial de resistencia y “pacificar” su propia retaguardia. Por eso la limpieza y la contralimpieza vinieron a ser la forma esencial de la guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga. En el curso de las contralimpiezas, nuestro pueblo dio pruebas de un alto espíritu de sacrificio: combatió con heroísmo y creó formas de lucha de una diversidad infinita. A fin de mantener y desarrollar la guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga, nuestro partido combinaba hábilmente, en su trabajo de dirección, la lucha política y la lucha económica con la lucha armada. Explotaba al máximo las ocasiones favorables para lanzar a las masas a la lucha armada, aumentar nuestras fuerzas, aniquilar y desgastar las del enemigo, transformar las regiones temporalmente ocupadas en regiones guerrilleras o las regiones guerrilleras en bases de guerrillas. En las situaciones difíciles, con habilidad, sabía replegarse a tiempo para preservar las fuerzas y proteger las bases. Desde el punto de vista estratégico, aunque la guerrilla impone numerosas dificultades al adversario y le inflige serias pérdidas, sólo puede desgastarle. Para poder aniquilar importantes fuerzas vivas enemigas y liberar el territorio, debe transformarse progresivamente en guerra de movimiento. Dado que nuestra resistencia era una guerra revolucionaria de larga duración, la guerrilla no sólo podía, sino que debía necesariamente pasar a la guerra de movimiento. Al hacer la guerra de guerrillas, nuestras tropas se forjaban poco a poco, pasaban de combates con pequeñas unidades a combates con unidades mayores, de combates en pequeñas formaciones a combates en formaciones más grandes. Progresivamente la guerrilla se transformaba en guerra de movimiento, forma de combate en que los principios de la guerra regular comenzaban ya a hacer su aparición y ocupaban un lugar cada vez mayor, pero que llevaba todavía el sello de la guerrilla. La guerra de movimiento es una forma de combatir las tropas regulares: concentrar efectivos relativamente importantes, operar en un teatro bastante extenso, atacar al enemigo allí donde esté en cierta medida al descubierto, para aniquilar sus fuerzas vivas, avanzar profundamente en la retaguardia enemiga, replegarse rápidamente, ajustarse rigurosamente a la consigna “Dinamismo, iniciativa, movilidad, decisión rápida ante situaciones nuevas”. Al ritmo del desarrollo de la resistencia, la guerra de movimiento ocupaba un lugar estratégico cada vez más importante. Tenía que aniquilar destacamentos cada vez mayores del adversario a fin de aumentar nuestras fuerzas, mientras la guerrilla debía desgastar y deshacer completamente las reservas enemigas. He ahí por qué la guerra de movimiento debía marchar paralelamente con los combates de aniquilamiento. Porque sólo la destrucción de las fuerzas vivas del enemigo permitía quebrar sus grandes ofensivas, proteger nuestras bases y retaguardia, logrando la iniciativa en operaciones para aniquilar destacamentos cada vez mayores de las fuerzas enemigas y finalmente la totalidad de sus tropas, consiguiendo así la liberación del país. Para aplicar la línea táctica que consistía en desarrollar la lucha guerrillera y transformarla progresivamente en guerra de movimiento, desde el mismo inicio de las hostilidades una parte de nuestras unidades guerrilleras, al margen de los destacamentos dispersados y que operaban aisladamente, combatía en formaciones reagrupadas; eran los primeros elementos de la guerra de movimiento. En 1947, al decidir la creación de compañías autónomas y batallones móviles, empezamos a lanzarnos a operaciones que exigían una concentración de tropas más importante, a la guerra de movimiento. En 1948 nuestras tropas efectuaron emboscadas, rápidas incursiones, relativamente importantes, con uno o varios batallones. En 1949 emprendimos pequeñas campañas no solamente en Bac Bo, sino también en otros teatros de operaciones. A partir de 1950 nuestro ejército aumentó cada vez más la envergadura de las acciones, por lo que la guerra de movimiento desempeñó un papel esencial en el teatro del Bac Bo, mientras que la guerra de posiciones fortificadas ocupaba un lugar cada vez más importante, como lo demostró con extraordinaria brillantez la batalla de Dien Bien Fu. Frecuentemente decimos: la guerra de guerrillas debe crecer y extenderse. Pero es una ley que para mantenerse y desarrollarse debe imprescindiblemente desembocar en la guerra de movimiento. Es claro que, en las condiciones concretas de nuestra resistencia, sin guerrillas no habría podido haber guerra de movimiento; pero si la lucha guerrillera no se hubiera desarrollado y transformado en guerra de movimiento no solamente no hubiéramos podido cumplir la tarea estratégica de aniquilar las fuerzas vitales del enemigo sino que las propias guerrillas no hubieran podido mantenerse y desarrollarse. Hablar de la necesidad de desarrollar la lucha guerrillera y transformarla en guerra de movimiento no significa de ninguna manera eliminar la guerrilla; significa que en el corazón mismo de una guerra de guerrilla ampliamente desarrollada, crecían progresivamente tropas regulares capaces de asumir las tareas de la guerra de movimiento, tropas en torno a las cuales era todavía indispensable mantener formaciones guerrilleras y la lucha de guerrillas. A partir del momento en que la guerra de movimiento aparecía en una zona guerrillera, era importantísimo combinar estrecha y certeramente esas dos formas de combate; sólo así era posible hacer avanzar la resistencia, desgastar y aniquilar en masa al enemigo, y obtener triunfos cada día mayores. Esa es otra ley para la dirección de la guerra. De un lado es necesario desarrollar la lucha guerrillera para explotar al máximo las condiciones favorables creadas por la guerra de movimiento y, combinadamente, desgastar y aniquilar al mayor número de fuerzas enemigas e impulsar, a favor del éxito logrado, la evolución de la guerra de movimiento. De otro lado, es necesario desarrollar la guerra de movimiento a fin de aniquilar el mayor número de fuerzas vitales enemigas creando nuevas condiciones favorables para un poderoso desarrollo de la lucha guerrillera. En el proceso del desarrollo de la guerra de movimiento, a causa del dispositivo del enemigo y del nuestro en el teatro de operaciones, hacían poco a poco su aparición elementos de la guerra de posiciones fortificadas. Convertida en parte integrante de la guerra de movimiento, la guerra de posiciones fortificadas se desarrollaba continuamente y ocupaba un lugar cada vez más importante. Es fundamental en la dirección de la guerra establecer una relación certera entre las diversas formas de combate. Al comienzo hay que conceder gran atención a la guerrilla y a su desarrollo. En un nuevo periodo, habiendo surgido la guerra de movimiento, es preciso coordinar las dos formas de combate, reservando a la guerrilla el lugar esencial y a la guerra de movimiento un segundo plano, pero cada vez más importante. Cuando se pasa a un nuevo grado más elevado, la guerra de movimiento ocupa un lugar esencial, primero en un teatro de operaciones dado —es la aparición de la contraofensiva localizada—, después en una zona más amplia; en ese momento, comparada con la guerra de movimiento, la lucha guerrillera, aunque desarrollándose cada vez más vigorosamente, ha perdido el lugar esencial que ocupaba inicialmente en el conjunto del país para ocupar solamente un lugar secundario (pero importante), primero en un teatro de operaciones dado, después en una zona cada vez más grande. En la práctica de la guerra de liberación, hubo teatros de operaciones que tropezaron con múltiples dificultades por no haber hecho evolucionar enérgicamente la guerrilla hacia la guerra de movimiento; hubo otros que, por haber querido impulsar prematuramente la guerra de movimiento, obstaculizaron la guerrilla y con ello crearon dificultades a la guerra de movimiento, error frecuentemente observado cuando se lanzó la consigna de contraofensiva general, rápidamente corregido. De una manera general, como resultado de las continuas pruebas que la templaban, nuestra dirección conjugó, en lo esencial, las dos formas de combate antes citadas, y por ello obtuvimos la victoria. La campaña de Hoa Binh fue un ejemplo típico de esta coordinación entre la guerrilla y la guerra de movimiento en el teatro de operaciones del Bac Bo. La campaña de Dien Bien Fu y las lanzadas en el invierno y la primavera de 1953-54 fueron otro ejemplo triunfal en la coordinación entre la guerra de movimiento y la guerrilla, entre las maniobras en el teatro de operaciones “del frente” y la guerra llevada a cabo en la retaguardia enemiga, entre el frente principal y los frentes de coordinación en el conjunto del país. Con la puesta en marcha de la guerrilla y de la guerra de movimiento, y a causa de las características de las fuerzas en presencia en cuanto al dispositivo, el terreno, etc., se habían formado zonas liberadas y zonas controladas (por el enemigo) que se entrecruzaban, se cortaban y envolvían; en el mismo interior de las zonas bajo control enemigo había también zonas de guerrilla y bases guerrilleras, lo que creaba también en ellas los mismos fenómenos de sobreposición, corte y envolvimiento mutuo. El proceso del desarrollo de la guerra conducía a la ampliación cada vez mayor de nuestras zonas liberadas y nuestras zonas guerrilleras, y paralelamente a la continua reducción de la zona temporalmente ocupada por el enemigo, lo que llevaba a la liberación paulatina de vastas regiones y, en fin, a la liberación completa de todo el norte del país. La estrategia de guerra prolongada, la línea de operaciones que preconizaba el paso gradual de la guerra de guerrillas a la guerra regular, el empleo de la guerrilla y de la guerra de movimiento con elementos de la guerra de posiciones, son otras tantas lecciones positivas obtenidas con nuestra experiencia de la guerra de liberación nacional. Se trata de la estrategia, de la táctica de la guerra popular. En el proceso de una guerra de liberación nacional, la creación de bases para una resistencia prolongada es un problema estratégico de importancia y también una gran lección positiva obtenida por nuestro partido. En primer lugar hay que estudiar a fondo este problema y sintetizar sus ricas experiencias. La resistencia victoriosa logró la liberación completa del norte del país; por primera vez en nuestra historia moderna, después de casi cien años, sobre la mitad de nuestro país no queda ni la sombra del enemigo imperialista ni la del soldado colonial. La resistencia victoriosa ha creado las condiciones para realizar a fondo y acabar la reforma agraria, la primera después de miles de años de apropiación feudal de la tierra; en la mitad del país el régimen explotador de los terratenientes ha sido abolido para siempre. La resistencia victoriosa ha creado las condiciones para que la revolución pase, en el norte completamente liberado, a una etapa superior, al socialismo. La resistencia de nuestro pueblo, que continuó la obra de la Revolución de Agosto, llevando en alto la bandera de la lucha contra el colonialismo, por la liberación nacional, probó de manera elocuente que: en la coyuntura actual del mundo, una nación, aunque sea pequeña y débil, que se alce unánimemente bajo la dirección de la clase obrera para luchar resueltamente por su independencia y la democracia, tiene la posibilidad moral y material de vencer a todos los agresores, no importa quiénes sean. En condiciones históricas determinadas, esta lucha por la liberación nacional puede pasar por una lucha armada de larga duración —la resistencia prolongada— para alcanzar el triunfo. Por su éxito, la resistencia de nuestro pueblo ha asestado un golpe irremediable al sistema colonial en plena desintegración, contribuido al fracaso de las maniobras belicistas del imperialismo y a la lucha común de los pueblos del mundo por la paz, la democracia y el socialismo. Si se consideran en su conjunto los factores del éxito, hay que destacar que la resistencia de nuestro pueblo debe su victoria:  
1. A la dirección del partido de la clase obrera. 2. A que el partido ha tenido en cuenta primordialmente el problema campesino y organizado un amplio Frente Nacional Unido basado en la indestructible alianza de los obreros y los campesinos. 3. A la existencia de un heroico Ejército Popular. 4. A la existencia de un poder auténticamente popular. 5. A la solidaridad y al apoyo de los pueblos de los países hermanos y de los pueblos amantes de la paz de todo el mundo, entre ellos los pueblos de Francia y de las colonias francesas. En este artículo hemos tratado, no de analizar las causas del éxito en su conjunto, sino de estudiar solamente el problema de la dirección del partido a fin de extraer las grandes lecciones en ese terreno.  
 
III. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ TRIUNFALMENTE LA ORGANIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS  
En la lucha por la liberación nacional, por el derrocamiento del imperialismo y sus lacayos, nuestro pueblo y en primer lugar las masas obreras y campesinas, bajo la dirección de nuestro partido, tomaron las armas y organizaron sus fuerzas armadas. Lenin decía: “una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos”.16 El pueblo vietnamita ha aprendido a manejar las armas, ha organizado sus fuerzas armadas y por ello ha triunfado en la mitad del país la causa de su liberación nacional. Después de la instauración del poder popular, fue mucho más apremiante la organización de las fuerzas armadas del pueblo; durante la resistencia era una tarea primordial; después de conquistada la paz sigue siendo especialmente importante. Las fuerzas armadas revolucionarias de nuestro pueblo surgieron en el seno del movimiento revolucionario de toda la nación, en especial de sus masas obreras y campesinas. Desde sus primeras resoluciones, nuestro partido concedía especial importancia a la creación de los grupos de autodefensa de los obreros y los campesinos, al problema de la fundación de un ejército obrero y campesino. Durante el movimiento de los soviets de Nghe An-ha Tinh, aparecieron formaciones rojas de autodefensa que constituyeron el embrión de las fuerzas armadas revolucionarias del pueblo dirigidas por nuestro partido. Al estallar la segunda Guerra Mundial, la preparación de la insurrección armada fue para la revolución una tarea apremiante; reaparecieron y se desarrollaron las formaciones de autodefensa y de choque, primero en las regiones montañosas del Viet Bac, donde la revolución tenía sus bases, después en numerosas y amplias regiones a través de todo el país. Varias organizaciones militares, elementos precursores del Ejército Popular, fueron surgiendo sucesivamente: el Ejército de Salvación Nacional, la sección de propaganda del Ejército de Liberación de Vietnam, el destacamento de guerrilleros de Ba To. Estos ejércitos minúsculos combatían con un heroísmo sin igual y se sostenían y desarrollaban en condiciones extremadamente difíciles, frente a un enemigo cien y hasta mil veces más poderoso. Con el auge del movimiento antijaponés en 1945, se desencadenó la guerra de guerrillas, el poder revolucionario fue instaurado en la zona liberada y los diferentes ejércitos revolucionarios se unificaron para formar el Ejército de Liberación de Vietnam. Este, en el curso de la insurrección general de agosto, participó en la conquista del poder junto a los destacamentos de autodefensa y a todo el pueblo. Durante las jornadas de agosto, y después del triunfo de la revolución, el ejército engrosó sus filas rápidamente y se convirtió en el ejército del Estado republicano democrático, es decir, en el actual Ejército Popular. Todos esos años pueden ser considerados como el periodo de formación de nuestro ejército. Durante los nueve años de la resistencia, el Ejército Popular combatió sin interrupción a los imperialistas franceses y a los intervencionistas norteamericanos. Esos nueve años de valientes combates y gloriosas victorias son el periodo de entrenamiento y crecimiento de nuestro ejército. Constantemente mayor y más potente, el Ejército Popular fue de triunfo en triunfo y finalizó la resistencia con la extraordinaria victoria de Dien Bien Fu, contribuyendo a restablecer la paz en Indochina y a liberar la mitad del país. En el curso de los cinco últimos años, por primera vez en su historia, nuestro ejército ha entrado en el periodo de organización en época de paz. Está en condiciones de proseguir con vigor su organización en todos los aspectos para convertirse en un poderoso ejército popular, un ejército regular y moderno, capaz de defender con éxito la transformación y construcción socialistas en el norte y de apoyar la lucha por la reunificación pacífica del país. El Ejército Popular de Vietnam es un ejército revolucionario surgido del movimiento revolucionario del pueblo de un país colonial que se puso en pie para liberarse. Los éxitos del Ejército Popular son éxitos de nuestro pueblo, de nuestro partido. A todo lo largo del proceso de organización y crecimiento de nuestro ejército, el partido ha señalado constantemente la naturaleza y las tareas de ese ejército, ha definido sus principios organizativos en el doble aspecto político y militar, lo que ha permitido a nuestras fuerzas, partiendo de la nada, crecer, afirmarse, obtener gloriosas victorias y realizar sus tareas revolucionarias en las diferentes etapas históricas. 1. Nuestro ejército ha obtenido éxitos y se ha engrandecido porque es un ejército del pueblo dirigido por el partido.


¿Por qué razones nuestro ejército, pese a su creación bastante reciente, ha escrito gloriosas páginas históricas, realizado brillantes hechos de armas y contribuido en alto grado al éxito de la obra revolucionaria de nuestro pueblo? Porque es un ejército del pueblo dirigido por nuestro partido. Nuestro ejército ha nacido y crecido en la lucha revolucionaria de toda la nación. Es el instrumento del partido y del Estado revolucionario para llevar a cabo la lucha revolucionaria, la lucha de clases. Cuenta en sus filas elementos selectos de las clases revolucionarias, de los pueblos de las diferentes nacionalidades que viven en el territorio de Vietnam, ante todo y esencialmente los mejores elementos de la clase obrera y de los campesinos decididos conscientemente a luchar hasta el fin por los intereses de la nación, del pueblo trabajador, de las masas obreras y campesinas. Por ello es un ejército popular, el ejército del pueblo trabajador, en su esencia el ejército de los obreros y los campesinos, dirigido por el partido de la clase obrera. Es la fuerza armada del Estado democrático popular que, en su esencia, era ayer la dictadura de los obreros y los campesinos y hoy es la dictadura del proletariado. Ahí radica el problema de la esencia revolucionaria, del carácter de clase de nuestro ejército. Eso le diferencia radicalmente del ejército enemigo. Es éste el problema fundamental, el problema número uno del que no hay que apartarse en ninguna etapa de la organización de nuestro ejército. Por su naturaleza de clase, desde su creación, nuestro ejército ha estado siempre profundamente entregado a la causa revolucionaria del partido y del pueblo. Esas tareas revolucionarias son también sus objetivos de lucha. Decidir una linea revolucionaria justa, decidir tareas revolucionarias justas, es una cuestión de importancia decisiva para la dirección de la organización de las fuerzas armadas. En el curso de la etapa precedente, nuestro pueblo realizó la revolución nacional democrática en todo el país para derribar al imperialismo, derrocar a la clase de los terratenientes feudales, reconquistar la independencia nacional, dar la tierra a los campesinos y crear las condiciones para impulsar nuestra revolución por la etapa socialista. Durante los duros años de la lucha armada, el Ejército Popular combatió con heroísmo para aniquilar al ejército de agresión del imperialismo y liquidar a los traidores a su servicio. Sin embargo, durante los primeros años de la resistencia, aunque la tarea antimperialista era enunciada en términos claros, la antifeudal no estaba todavía definida de acuerdo con su importancia. Por ello, mientras se asistía a un magnífico despertar del sentimiento y de la conciencia nacionales, la conciencia de clase era relativamente débil, y de ahí cierta confusión en la diferenciación entre el enemigo de clase y nosotros. A partir del momento en que el partido dedicó más atención a la tarea antifeudal, y sobre todo después del inicio del movimiento de masas para reducir las tasas de arriendo y por la reforma agraria, las amplias masas campesinas de nuestra retaguardia se alzaron y el propio ejército —un ejército con gran mayoría campesina y profundamente ligado a los problemas agrarios— tuvo una idea más completa de sus objetivos de lucha —no sólo reconquistar la independencia del país, sino también dar la tierra a los campesinos—, lo que llevó a una acentuación visible de la conciencia de clase y a un fortalecimiento de la moral de las tropas. Desde que la lucha revolucionaria de nuestro pueblo pasó a una etapa nueva, las tareas del pueblo entero son las siguientes: luchar por la reunificación del país; continuar la realización de la revolución nacional democrática a fin de terminarla en todo el país; la construcción del norte en marcha hacia el socialismo; crear un Vietnam pacífico, reunificado, independiente, democrático y próspero. Partiendo de ello, nuestro partido ha señalado al Ejército Popular su tarea política: proteger la construcción del socialismo en el norte, servir de apoyo a la lucha por la reunificación pacífica del país, estar dispuesto a destruir todo intento agresivo del imperialismo, esencialmente del imperialismo norteamericano y sus agentes. Habiendo sido definidas justamente la tarea revolucionaria general y la tarea política del ejército, la educación política, principalmente las recientes campañas de estudios políticos, han tenido una orientación exacta y concreta; esto ha producido una elevación de la conciencia socialista y de los sentimientos patrióticos en todos los cuadros y combatientes, y un nuevo ascenso revolucionario en el Ejército Popular, que se expresa certeramente en el movimiento de emulación “A pasos rápidos superemos las normas del programa de instrucción para una máxima contribución al socialismo”. En el momento en que se desarrolla el combate entre las dos vías, el ejército comprende mejor sus obligaciones en cuanto al mantenimiento del orden social en el norte, así como con respecto a la defensa de la seguridad del territorio. Nuestro ejército cuenta en sus filas excelentes cuadros y soldados revolucionarios conscientes y experimentados; tiene un buen temple revolucionario. Sin embargo, de ninguna manera significa esto que no sea necesario mantener y reforzar su carácter de clase. Al contrario, en su dirección el partido debe tomar muy en cuenta el mantenimiento y el fortalecimiento de la esencia revolucionaria, del carácter de clase del ejército. Sólo por la definición y la asimilación de la tarea revolucionaria del partido en el ejército, el incesante fortalecimiento de la dirección del partido y el reforzamiento del trabajo político es posible realizar este trabajo y asegurar así al ejército las condiciones para realizar su tarea revolucionaria. Después del restablecimiento de la paz, nuestro partido ha acordado la línea siguiente: organizar un poderoso Ejército Popular, transformándolo gradualmente en un ejército regular y moderno. El problema del mantenimiento de la naturaleza revolucionaria del ejército sigue siendo una exigencia fundamental de primera importancia. Solamente sobre la base del mantenimiento y fortalecimiento de la naturaleza revolucionaria del ejército, del reforzamiento de su conciencia socialista y de su patriotismo, puede realizarse con éxito la transformación del ejército en un ejército regular y moderno. Nuestro ejército seguirá siendo a lo largo de esta transformación y para siempre un ejército del pueblo. Debe convertirse en un ejército moderno revolucionario. La dirección del partido es la clave que garantiza al ejército las condiciones que le permitirán mantener su carácter de clase. Debe realizarse en el terreno político: llevar la línea y la política del partido al ejército a fin de hacer de éste el instrumento fiel del partido en la realización de las tareas revolucionarias. Debe realizarse en el plano ideológico: inculcar al ejército la ideología de la clase obrera, el marxismo-leninismo, que debe ser la guía de nuestro ejército en todas sus acciones y su único pensamiento director. Debe realizarse también en el aspecto organizativo: introducir el concepto de clase del partido tanto en la organización del partido como en el trabajo de cuadros en el ejército. Únicamente así podrá conservar éste su carácter auténticamente popular, mantenerse dispuesto a cumplir sus tareas revolucionarias en todas las circunstancias y por ello engrandecerse cada día más, y marchar siempre hacia nuevas victorias. 2. Nuestro partido ha definido con justeza los principios fundamentales de la organización política del ejército.


El primer principio fundamental en la organización de nuestro ejército es la necesidad imperiosa de colocar al ejército bajo la dirección del partido, y de fortalecer sin cesar la dirección del partido. El partido es el fundador, el organizador y el educador del ejército. Sólo su dirección exclusiva puede permitir al ejército mantener su conciencia de clase, orientarse políticamente y cumplir sus tareas revolucionarias. Para realizar y fortalecer esta dirección, es necesario prestar la mayor atención al trabajo de organización del partido, al trabajo político, mantener firmemente el sistema de los comités del partido y el de los comisarios políticos en el ejército. Porque haciendo de sus sólidas organizaciones la pieza fundamental y el núcleo dirigente del ejército, el partido llega, por mediación de sus organizaciones —que van de los diferentes comités ejecutivos a la célula— a dirigir la aplicación de su línea y de su política. Conviene destacar el importante papel de la célula de base: la compañía no es fuerte si la célula no es fuerte, porque el sistema de dirección por el comité del partido y de responsabilidad de los jefes de unidad en el aspecto ejecutivo, combinado con el sistema de comisarios políticos, garantiza la aplicación del principio de la dirección colectiva y, además, aprovecha la sabiduría de las masas, fortalece más la unidad y la cohesión, coordina los diferentes aspectos del trabajo en el ejército, realizando la unidad de pensamiento y de acción y acrecentando la potencia combativa de las tropas. Conviene destacar la constante coordinación de la responsabilidad de los jefes en la ejecución de las directrices del comité del partido, de acuerdo con los principios de la dirección colectiva y la responsabilidad individual. Porque el trabajo político es el trabajo del partido, y su trabajo de masas en el ejército es el alma, la vida del ejército; preside la construcción del partido, dirige su educación en la ideología marxista-leninista, en la línea y las tareas políticas y militares del partido en el ejército, garantiza las buenas relaciones entre los cuadros y los combatientes, entre el ejército y el pueblo, entre el ejército y el Estado, entre nuestro ejército y los ejércitos y los pueblos de los países hermanos, con el objetivo de que el ejército tenga una gran potencia combativa y la capacidad para vencer a todos los enemigos. Desde la fundación de nuestro ejército, en sus primeros grupos y secciones ya estaban creados los “pequeños núcleos” y las células del partido. Existía ya el comisario político de sección; desde su aparición, nuestros primeros regimientos tuvieron los suyos. Desde el inicio de nuestro ejército se había integrado el sistema del comité del partido, que asumía la dirección, y de los jefes, responsables ejecutivos. El trabajo político estaba todavía en sus comienzos y ya los cuadros tenían en sus manos los folletos La guía del comisario político y El trabajo político en el ejército. Después de la Revolución de Agosto, esta tradición respecto del sistema de la dirección del partido y del trabajo político se mantuvo en lo esencial; sin embargo, durante los primeros años hubo cierta tendencia a no conceder toda su importancia al papel del trabajo político; el propio trabajo político no había logrado todavía desempeñar su papel principal: la educación política y la dirección ideológica; el trabajo de agitación del partido en el ejército no siempre estaba estrechamente coordinado con el trabajo del partido. Después de su II Congreso Nacional, el partido reforzó su dirección respecto del ejército como en otras ramas de actividad. Con las campañas de estudio político en el partido y en el ejército, con el propósito de lograr una asimilación mejor de la línea de resistencia prolongada y de la necesidad de obtener la salvación por el esfuerzo propio, y posteriormente de la política de movilización de las masas para la reducción de las tasas de arriendo y por la reforma agraria, el contenido del trabajo político en el ejército se enriqueció y concretó, su importancia y su potencia fueron acrecentadas considerablemente. Fue igualmente consolidado el sistema de dirección del partido. El trabajo político demostró su gran eficacia en la elevación del nivel ideológico, la educación y la consolidación de la conciencia de clase en los cuadros y los combatientes; se reveló de gran eficacia, pleno de vida y combatividad, con un acentuado carácter de masas, tanto en nuestras grandes campañas militares como en el amplio movimiento guerrillero que se desarrolló en todos los teatros de operaciones. Después del restablecimiento de la paz, en la nueva etapa revolucionaria, la dirección del partido y el trabajo de consolidación y desarrollo de la organización del partido se han efectuado con paso seguro; con la organización de asambleas del partido en los diferentes escalones, se ha logrado la democracia interna de éste, y ha sido realzado el papel de la célula. Como hemos dicho anteriormente, las diversas campañas de estudio político dedicadas respectivamente a “la distinción entre lo verdadero y lo falso, al fortalecimiento de la unión, al fortalecimiento de la decisión de lucha”, “a la elevación de la conciencia socialista”, y principalmente la campaña de estudio político del año último para difundir amplia y profundamente las resoluciones del Comité Central sobre las tareas de la revolución, sobre la línea de la guerra popular y el Ejército Popular, han logrado importantes resultados y contribuido a fortalecer la esencia revolucionaria de nuestro ejército. Nos ha preocupado también la enseñanza de la teoría marxista-leninista. Al entrar en la nueva etapa, frente a la necesidad imperiosa de hacer de nuestro ejército un ejército regular y moderno, se manifestó, en actividades determinadas y en grados determinados, cierta tendencia a descuidar el trabajo político. Cuando se hizo necesario reforzar la centralización y la unificación, aunque la dirección no estuviese aún plenamente centralizada y unificada, se desarrolló la tendencia a subestimar el papel de la célula y de la dirección colectiva del comité del partido. Cuando se trató de fortalecer la base material y técnica del ejército, de asimilar la técnica, pues el nivel técnico de nuestro ejército era todavía bajo y debiera elevarse continuamente, hubo tendencias a rebajar el papel de la política, a separar la política de la técnica, cayendo en la concepción burguesa del ejército y de la técnica apolíticos. En el curso de la última campaña de estudio político, esas diversas desviaciones han sido corregidas en lo esencial. En lo sucesivo debemos continuar reforzando más la educación política y la dirección ideológica en el ejército, inculcando y alimentando la conciencia socialista y el patriotismo, luchando firmemente contra toda manifestación de la ideología burguesa y otras ideologías no proletarias, combatiendo el individualismo, el “liberalismo”. Solamente así mantendremos y elevaremos sin cesar la unidad y la combatividad de nuestro ejército. Como nuestro ejército se compone de combatientes que han decidido libremente luchar por la causa revolucionaria del pueblo, nuestros cuadros y nuestros soldados están unidos en cuanto a los objetivos de lucha y a los intereses de clase. Necesitamos velar por el fortalecimiento de la unidad y la cohesión en el interior de nuestro ejército. Las relaciones entre cuadros y combatientes, entre superiores e inferiores, entre tal o cual parte del ejército son relaciones de solidaridad entre camaradas, basadas en la igualdad política y en la fraternidad de clase. Han sido forjadas desde la fundación de nuestro ejército. Años de peligrosos combates llenos de pruebas y privaciones han unido en una misma fraternidad de armas a nuestros cuadros y nuestros combatientes, que han compartido las mismas alegrías y las mismas penas y se sienten ligados en la vida y en la muerte. Paralelamente a la elevación de la conciencia de clase, la unidad entre cuadros y combatientes se ha reforzado de día en día. Esa conciencia de clase ha unido a todos los miembros del ejército y ha hecho de éste un bloque que nadie podrá quebrar. Hasta el presente, de una manera general, la unidad interna ha sido siempre una de nuestras mayores preocupaciones. Ha llegado a ser una tradición de nuestras tropas. Sin embargo, al comienzo de la nueva etapa de organización de nuestro ejército, en cierto número de servicios y unidades se manifestaron síntomas de un insuficiente interés por este problema. El fortalecimiento de la administración de nuestro ejército según los principios que se aplican en un ejército regular y la promulgación de diversos reglamentos han demostrado ser muy necesarios; pero en la práctica, al lado de cláusulas justas, las hubo complicadas e inútiles sobre algunos criterios y métodos, lo que creó cierto distanciamiento entre cuadros y combatientes, entre superiores e inferiores, y se resintieron las relaciones fraternales en nuestras filas. Esta tendencia errónea ha sido enmendada a tiempo. Siendo nuestro ejército un ejército revolucionario popular que combate bajo la dirección del partido, sus intereses están en perfecta armonía con los del pueblo. Tenemos que velar por reforzar la unidad y la cohesión entre el ejército y el pueblo. El ejército y el pueblo tienen un mismo corazón, el pueblo es al ejército lo que el agua a los peces. Nuestro ejército no sirve otros intereses que los del pueblo trabajador, de las masas obreras y campesinas. Esta armonía entre el pueblo y el ejército, desde la fundación de éste, ha sido destacada claramente en el Juramento de Honor (en diez puntos) y en las Doce recomendaciones sobre la disciplina, en el título de las relaciones con la población. Durante los años de la resistencia, nuestro ejército no solamente combatió con abnegación por salvaguardar la independencia de la patria, por defender la vida y los bienes del pueblo, cuyos intereses jamás perjudicó, sino que por añadidura hizo los mayores esfuerzos para ayudar a la población en todas sus actividades. El ejército y el pueblo han combatido codo con codo durante la resistencia, a costa de mil sacrificios, para aplastar al enemigo de la nación y defender la independencia del país. Durante la reforma agraria han luchado ardientemente para derribar a la clase de los terratenientes y arrancarles las tierras en favor de los campesinos. Precisamente por eso los sentimientos de solidaridad entre el ejército y el pueblo eran indestructibles, por eso el pueblo no ha escatimado su confianza, su afecto y su apoyo al ejército, al que ha cuidado siempre como los padres cuidan a sus hijos. Desde el logro de la paz, esta tradición de perfecta armonía se ha elevado al más alto grado. Después de tantos años de combates contra enemigos feroces, para librar al pueblo, hoy nuestro ejército, siempre infatigable, vela día y noche, con las armas en la mano, por las realizaciones pacíficas del pueblo; ha fortalecido el trabajo de propaganda y educación dentro de sus filas y no ha escatimado su ayuda cuando el pueblo la ha necesitado. Ha contribuido activamente a impulsar las cooperativas en el campo, igual que ayer la reforma agraria. Con su contribución a la lucha contra el hambre, la sequía, las inundaciones y los tifones, a la puesta en marcha de talleres y fábricas, se ha mostrado fiel servidor del pueblo, exactamente como el presidente Ho Chi Minh lo ha dicho y repetido muchas veces. Estos últimos años, respondiendo al llamamiento del partido, decenas de millares de cuadros y combatientes se han trasladado con entusiasmo a las tierras que había que roturar y han creado granjas militares en las regiones apartadas, próximas a la frontera, a fin de impulsar vigorosamente la construcción socialista de la patria. Nuestro ejército, surgido del pueblo laborioso, en sus relaciones con él debe mantenerse firmemente en las posiciones de clase y esforzarse por acentuar la solidaridad popular, y en primer lugar con las masas obreras y campesinas. Se considera al ejército como una parte de la clase obrera, lo que da una significación política mayor a las buenas relaciones entre él y el pueblo, entre él y las masas campesinas. Son otros tantos hechos que reflejan las magníficas características políticas de nuestros cuadros y combatientes y que demuestran que el Ejército Popular de Vietnam no es solamente un ejército de combatientes, sino también un ejército de trabajadores. Actualmente en Vietnam del Norte, no es únicamente el defensor del régimen socialista; participa asimismo en la construcción del socialismo. Es una tradición que tenemos que mantener y elevar cada vez más. Nuestro partido vela sin cesar por las relaciones solidarias entre nuestro ejército, nuestro pueblo y los ejércitos y los pueblos de los países hermanos; entre nuestro ejército, nuestro pueblo y los pueblos amantes de la paz en el mundo. Ha inculcado a nuestro ejército no sólo el verdadero patriotismo, sino también, y profundamente, el internacionalismo proletario. Las unidades que constituyeron los primeros embriones de nuestras fuerzas combatían ya bajo la consigna: por la liberación nacional, por la defensa de la Unión Soviética. Debe rendirse homenaje a las unidades de voluntarios vietnamitas que, manteniendo muy alto el espíritu del internacionalismo y despreciando innumerables peligros y dificultades, han combatido codo con codo con los pueblos de los países amigos contra los agresores colonialistas franceses durante los años de la resistencia. Numerosos camaradas nuestros dieron su vida por la causa de la independencia y la paz de los pueblos de Indochina y el fortalecimiento de su amistad. Nuestro ejército vela especialmente por la consolidación y el desarrollo de sus sentimientos fraternales con los pueblos y los ejércitos de los países del campo socialista en la lucha común por la paz y el socialismo, contra el enemigo común, el imperialismo belicista. Nuestros cuadros y nuestros combatientes dan gran importancia a la asimilación de las preciosas experiencias de los ejércitos de los países hermanos, en primer lugar del ejército soviético y el Ejército Popular de Liberación chino. Los éxitos logrados por nuestro ejército son justamente los triunfos de la aplicación de las teorías militares del marxismo-leninismo y la aplicación creadora, en las condiciones concretas de nuestro país, de las experiencias de vanguardia de los países hermanos sobre la organización de las fuerzas armadas y los métodos de combate. Nuestro ejército tiene un alto concepto de la solidaridad entre nuestro pueblo y el pueblo de Francia, entre nuestro pueblo y los pueblos de las colonias francesas. Y es precisamente así porque en el combate ha sabido hacer una distinción entre los colonialistas agresores franceses y los hijos del pueblo obrero de Francia y de los países coloniales, convertidos, a pesar suyo, en mercenarios, como consecuencia de la propaganda mentirosa y de las medidas coactivas. Porque supo diferenciar a los generales colonialistas de los hombres de tropa y oficiales subalternos, la guerra injusta que hacía el enemigo y la guerra justa de nuestro pueblo, nuestro ejército aplicó el principio: desintegrar las filas enemigas. El partido le hizo comprender la necesidad de prestar especial atención a la propaganda entre el enemigo, para orientar a los militares del campo adversario, mostrarles que combatían, no por sus propios intereses, sino por los de los colonialistas a los que servían como carne de cañón, darles una idea exacta de nuestra política de clemencia con respecto a los prisioneros de guerra, e impulsarles con ello a pasarse a nuestras filas y volver sus fusiles contra el enemigo. Durante la guerra de resistencia, por haber realizado una eficaz propaganda entre el Cuerpo Expedicionario Francés y los vietnamitas que servían en sus filas, y por nuestra correcta política respecto de los prisioneros de guerra y los fugitivos; por haber combinado acertadamente la acción militar con la ofensiva política, nuestro ejército y nuestro pueblo lograron la adhesión de decenas de miles de militares del otro campo y provocaron el desaliento en sus filas, lo que constituyó una importante contribución al triunfo militar. En la dirección de la organización del ejército, nuestro partido ha observado siempre el principio del centralismo democrático. También se ha preocupado por dar al ejército una democracia interna efectiva, pero asegurándole una disciplina de las más severas, aunque libremente aceptada. Contrariamente a cualquier ejército de las clases explotadoras, el nuestro ha practicado desde su fundación el régimen de la democracia interna. Las relaciones internas entre los cuadros y los combatientes, así como las relaciones entre el ejército y el pueblo son siempre de perfecta armonía. Como consecuencia de las necesidades del trabajo revolucionario, hay en nuestro ejército grados y funciones diferentes, una distinción entre superiores e inferiores, pero esta distinción no ha perjudicado ni puede perjudicar jamás las relaciones de igualdad política entre los hombres. Precisamente por ello es necesario y posible practicar la democracia en el interior del ejército. Y esto es al mismo tiempo aplicar la línea de masas del partido. Durante los años de la resistencia, el sistema llamado “de las tres grandes democracias” se estableció y tuvo felices resultados. Democracia política: en las unidades de base, celebrar regularmente conferencias democráticas, asambleas de militares, a fin de permitir a los combatientes y los cuadros dar sus opiniones sobre todos los problemas referentes al combate, al trabajo y la instrucción, a los estudios y la vida de la unidad; en nuestro ejército los cuadros tienen derecho a criticar a los combatientes, pero éstos tienen también derecho a criticar a los cuadros. Democracia militar: en el combate y en la instrucción —en la medida en que las condiciones lo permitan—, celebrar conferencias democráticas para comunicar a todos el plan de operaciones, facilitar las iniciativas y buscar conjuntamente los medios de aliviar las dificultades a fin de realizar con éxito la tarea asignada. Democracia económica: combatientes y cuadros tienen igualmente el derecho de intervenir en la administración, en el mejoramiento de la vida material en el marco del sistema llamado de “finanzas abiertas”. Gracias a la práctica de una amplia democracia, hemos logrado exaltar el dinamismo y las facultades creadoras de las masas de cuadros y combatientes, recoger la sabiduría de éstos y resolver así problemas extremadamente difíciles y complejos, y hemos logrado al mismo tiempo reforzar la solidaridad en nuestras filas y elevar su potencia combativa. Sobre la base de la adopción del régimen de democracia, nuestro ejército aplica además una disciplina libremente aceptada de las más severas. Una disciplina libremente aceptada quiere decir que se basa en la conciencia política de los cuadros y los combatientes, que se mantiene esencialmente por métodos de educación permanente y de incesante persuasión, gracias a lo cual todos los hombres la respetan y se ayudan mutuamente para observarla. Una disciplina severa quiere decir que todos los miembros del ejército, sin excepción, cuadros y combatientes, superiores e inferiores, están obligados a aceptarla estrictamente y que nadie puede infringirla. Nuestro ejército es una organización armada que tiene como misión el combate; para garantizar su unidad de voluntad y de acción, indispensable para la conservación de sus fuerzas y el aniquilamiento del enemigo, tiene que estar centralizado en el más alto grado y apoyarse en una disciplina severa. Por eso, precisamente, la obediencia absoluta a las órdenes y el mantenimiento riguroso de la disciplina han sido, desde los primeros días, inscritas en términos claros en el Juramento de Honor en diez puntos. A ello se debe que en más de una batalla, en condiciones extremadamente duras, todas las tareas asignadas por el partido hayan sido cumplidas, todas las órdenes de combate estrictamente ejecutadas y todas las instrucciones relativas a la relación con las masas escrupulosamente respetadas. Hoy, cuando nuestras fuerzas pasan a la etapa de su transformación en ejército regular y moderno, las exigencias en cuanto a la disciplina y la centralización son más imperiosas que nunca. La realización de la democracia interna y el fortalecimiento de la disciplina aceptada libremente constituyen todo un proceso de lucha contra las desviaciones que se manifiestan a través de dos tendencias diametralmente opuestas. La primera, acentuar exageradamente la disciplina en detrimento de la democracia. Cuando el ejército estaba todavía en sus comienzos, cierto número de cuadros, imbuidos de las maneras militaristas del antiguo ejército, pretendían dirigir las tropas sobre la base exclusiva de órdenes y sanciones. En la nueva etapa de organización de nuestro ejército, cuando ha sido activamente planteado el problema de la formación de un ejército regular y se han puesto en vigor los reglamentos, en cierto número de unidades y en grados determinados ha surgido una tendencia a poner el acento en la centralización y la unificación en perjuicio de la ampliación de la democracia y de la línea de masas, resaltando demasiado las sanciones y las órdenes administrativas y prestando poca atención a la educación y al trabajo de persuasión. La segunda tendencia, la del “dispersionismo”, no tomaba en consideración el fortalecimiento de la disciplina. Durante la resistencia existía la tendencia a no presentar informes y a no pedir orientaciones, bajo el pretexto de las dificultades de la guerra de guerrillas, y a considerar a la ligera la coordinación de las operaciones. Había casos de indisciplina en la ejecución de las órdenes de combate, de infracción de las instrucciones que debían seguirse en los campos de operaciones, así como en la relación con las masas, etc. En la nueva etapa de la organización del ejército, era la tendencia a desdeñar la centralización y la unificación, la inclinación a la dispersión y a la libertad de movimientos, la incorrecta aplicación de los métodos y reglamentos puestos en vigor para hacer de nuestro ejército un ejército regular. Estas dos tendencias erróneas son expresiones de ideologías no proletarias. La primera está influida por la ideología burguesa en la dirección del ejército; la segunda, por la ideología campesina y pequeñoburguesa que tiende a la disgregación, es decir, la ideología de las capas de donde ha salido la mayoría de los cuadros y combatientes de nuestro ejército. Por eso el problema fundamental para la práctica correcta del régimen democrático, para el fortalecimiento de la disciplina aceptada libremente y severa, consiste en perseverar sin tregua en la educación del ejército en la ideología proletaria, para eliminar toda ideología no proletaria subsistente en nuestras tropas. Es necesario, para establecer una democracia efectiva, realzar la disciplina y fortalecer la centralización y la unificación, fortalecer la vida de las organizaciones del partido en el ejército. La democracia interna y la disciplina de hierro de nuestro partido son los fundamentos de la democracia dirigida y de la disciplina estricta de nuestro ejército. 3. Al definir los principios fundamentales de la organización política del ejército, nuestro partido ha resuelto con éxito los diversos problemas de organización, equipo, aprovisionamiento, entrenamiento, reglamentos, etc., para transformar progresivamente un ejército de origen guerrillero en un ejército regular y moderno en las condiciones concretas de Vietnam.


A diferencia de los ejércitos de numerosos países, el nuestro no estaba constituido al principo más que por pequeñas formaciones de guerrilleros nacidas en el proceso de la lucha revolucionaria de un país colonial y semifeudal, que se alzaba desarmado contra el imperialismo y sus lacayos. En el curso de una lucha larga y dura, se ha engrandecido poco a poco en el combate y ha triunfado gloriosamente, liberando a la mitad del país. Esas pequeñas formaciones de guerrilleros de los primeros días se han convertido hoy en un gran ejército popular y llegarán a ser un ejército regular y moderno en las condiciones de un país que ha liberado la mitad de su territorio y en el que se está construyendo el socialismo. En el proceso de la organización del ejército, ante el retraso económico del país y los incesantes combates que tenían que librar nuestras tropas, nuestro partido encontró dificultades muy grandes. Lo primero que hubo que resolver fue el problema de la organización de las tropas. Como el ejército fue creado para vencer al enemigo, su organización debía responder a las necesidades reales del combate y adaptarse a la línea estratégica y a la línea táctica de cada etapa de la guerra. Por otra parte, tuvo que adaptarse a las posibilidades de equipo y de aprovisionamiento en las condiciones de la economía nacional y en la situación concreta del teatro de operaciones del país. Durante la resistencia, en vista de las considerables dificultades materiales del comienzo, faltando las armas y las municiones, la organización de nuestras tropas variaba de una región a otra. Paralelamente al desarrollo progresivo de la guerrilla en guerra de movimiento, el mejoramiento continuo del equipo y del aprovisionamiento, reagrupamos paso a paso las pequeñas unidades para constituir otras grandes, hasta llegar a regimientos y divisiones. En las unidades regulares, la organización se unificaba gradualmente. Los regimientos y divisiones al principio no comprendían más que infantería, pasando progresivamente a tener otras armas: de acompañamiento, de ingenieros, de artillería ligera, etc. A fin de facilitar los desplazamientos exigidos por la guerrilla y la guerra de movimiento, preconizamos después una mayor agilidad y perfeccionamiento, reduciendo a lo estrictamente necesario los organismos del mando y reforzando los elementos combatientes en las unidades. En la nueva etapa de organización de nuestro ejército, a fin de adaptarnos a las exigencias de la guerra moderna partiendo de una superación y fortalecimiento del equipo, hemos mejorado la organización de nuestras tropas, y nuestras fuerzas, al principio exclusivamente compuestas por infantería, han podido ser dotadas de diversas armas. Nos ha parecido necesario prestar la mayor atención a la infantería, pero reforzando al máximo las armas técnicas y logrando un desarrollo equilibrado de las diversas armas, al mismo tiempo que fortaleciendo los organismos del mando en los diversos escalones para elevar la potencia combativa de nuestro ejército para la coordinación de las operaciones. Es necesario también estudiar el perfeccionamiento de la organización de nuestro ejército a la luz de la experiencia de la instrucción y las maniobras, a fin de hacer su organización cada vez más apta. Como nuestro ejército es un ejército revolucionario dirigido por el partido, su organización debe inspirarse en los principios de organización y en el sistema de dirección del partido en el ejército. Y precisamente por ello, paralelamente al sistema de los mandos militares, hemos instituido el de los comisarios políticos, aplicando el principio que considera tanto al mando como al comisario político jefes de la unidad. Al crecer el ejército, paralelamente a la organización y perfeccionamiento de los servicios de estado mayor y logística, nos hemos preocupado de reorganizar y mejorar las direcciones políticas en los diferentes escalones a fin de mantener firme y fortalecer el trabajo del partido y el trabajo político. Para organizar el ejército era necesario resolver el problema del equipo. Porque el equipo es la base material de la potencia combativa. Sin armas no se podrían organizar las tropas ni emprender la lucha armada. Durante el primer periodo de la creación de nuestras fuerzas militares, dado el retraso económico de nuestro país, la casi inexistencia de bases industriales y la limitación de la retaguardia a la región montañosa y al campo, tropezamos con numerosas dificultades con respecto al equipo. El partido dio la orientación de aprovisionarse en el frente, quitarle las armas al enemigo y atacarle con ellas. Logramos un magnífico triunfo en la ejecución de esta directiva. Nuestras tropas regulares y nuestras formaciones guerrilleras en gran parte se equiparon con el botín de guerra. El Cuerpo Expedicionario Francés de hecho se convirtió en una empresa de transporte especializada en el suministro de armas norteamericanas a nuestras tropas. Por otro lado, el partido orientaba a los obreros a aplicar la consigna “La salvación por el esfuerzo propio” y tratamos de fabricar nosotros mismos una parte de las armas y las municiones necesarias. En las condiciones extremadamente duras de absoluta escasez, nuestros obreros de los talleres de armamentos superaban las mil y una dificultades materiales y técnicas para transformar la chatarra en armas y equipar a nuestras tropas. En estas condiciones, el partido enseñaba al ejército a utilizar plenamente la esencia de un ejército revolucionario, a superar su debilidad material, aprovechando su superioridad política, lo que le permitía vencer a un enemigo armado con un material mucho más potente. Superar a las armas modernas con el heroísmo es una tradición forjada en nuestro ejército. Sin embargo, por la debilidad del equipo, nuestras tropas y nuestro pueblo tuvieron que combatir en condiciones extremadamente duras y soportar grandes sacrificios durante la última guerra de resistencia. Y consideramos la inferioridad en armamentos como una debilidad que había que superar a toda costa. Hoy nuestro ejército ha entrado en una nueva etapa de su organización. Gradualmente tiene que llegar a ser un ejército revolucionario moderno capaz de derrotar cualquier intento de agresión. El mejoramiento y el fortalecimiento de su equipo son cada vez más imperiosos. Mejorar el equipo y modernizar la base material y técnica de nuestro ejército es precisamente una parte de la gran revolución técnica, que nuestro partido está promoviendo activamente en la sociedad de Vietnam del Norte. Esta revolución exige un esfuerzo inmenso, tanto para reforzar el equipo y elevar el nivel de organización y dirección, como para asimilar y aplicar la nueva técnica. El problema de dotar de un equipo técnico al ejército no puede ser resuelto al margen de la edificación de la base material y técnica del socialismo. Actualmente nos ayuda a ello el restablecimiento de la paz y la liberación completa del norte. Tenemos que hacer cuanto podamos por emprender la edificación económica y el desarrollo cultural, realizar paso a paso la industrialización del país y superar nuestro retraso económico. No se trata solamente de la tarea de poner al norte en marcha hacia el socialismo, sino también de un problema extremadamente importante para consolidar la defensa nacional y crear nuevas condiciones que mejoren las bases de nuestro ejército, tanto en el equipo como en la técnica. Para que el ejército pueda dominar el material y la técnica y elevar su nivel técnico y táctico, hay que conceder toda la importancia al entrenamiento de las tropas. Un buen entrenamiento es una de las condiciones esenciales de la preparación intensiva para el combate. Como el objetivo es vencer al enemigo, el entrenamiento debe responder a las tareas del combate. Para ello debe inspirar fundamentalmente su contenido en la línea estratégica de nuestro ejército y en su pensamiento dirigente para las operaciones, y basarse en nuestra situación real y en la del enemigo, así como en las condiciones concretas de los teatros de operaciones. Nuestro ejército es joven y sólo tiene experiencias limitadas desde el punto de vista del combate; debe hacer los mayores esfuerzos para asimilar las experiencias de vanguardia de los países hermanos, en primer lugar de la Unión Soviética y China. Hay que actuar con un espíritu práctico, partir de la realidad vietnamita en el estudio de las experiencias extranjeras, sometiéndolas a un análisis y a una selección creadoras. Para esto es necesario luchar a la vez contra el empirismo y el dogmatismo. En el proceso de la construcción de nuestro ejército hemos obedecido en lo esencial a las orientaciones que acabamos de enumerar. Durante la guerra de resistencia nuestras tropas operaban continuamente; y su entrenamiento, no pudiendo extenderse a largos periodos, debía intercalarse entre dos campañas. Aplicamos la divisa de entrenarse combatiendo. Al final de los difíciles años iniciales habíamos logrado un buen resultado; la preocupación de basarnos en la práctica en el entrenamiento de las tropas merece ser destacada especialmente. El contenido de la instrucción militar se había hecho extremadamente práctico y rico. El entrenamiento seguía de cerca la realidad del combate, las tropas aprendían hoy lo que debían hacer mañana en el campo de batalla, y la victoria o la derrota que señalaba el desenlace era el mejor medio para valorar nuestro entrenamiento. Así como se lograba la unificación progresiva de la organización y el equipo, también se unificaba gradualmente la instrucción en las unidades regulares. Aplicamos de una manera creadora las preciosas experiencias de los ejércitos de los países hermanos en materia de combate, particularmente las del Ejército Popular de Liberación chino, lo que nos permitió vencer en campañas cada día mayores, mientras enriquecíamos nuestra propia experiencia. Actualmente nuestro ejército, habiendo pasado al periodo de organización en tiempo de paz, ha hecho del entrenamiento la tarea clave, permanente y a largo plazo a fin de llegar a ser regular y moderno. Para ello es imprescindible un entrenamiento regular, planificado y sistemático, a partir de nociones básicas. Para responder a las exigencias de la guerra moderna, el ejército debe entrenarse a fin de asimilar la técnica moderna, la táctica de cada arma y la táctica de coordinación, así como la moderna ciencia militar. Para lograrlo, por una parte hay que hacer los mayores esfuerzos posibles por asimilar la experiencia de vanguardia de los ejércitos de los países hermanos, y por otra prestar gran atención a las experiencias adquiridas por nuestro ejército en el combate. Es necesario combinar la síntesis de nuestras experiencias con la asimilación de los principios modernos de combate y basarse en la línea militar del partido, en la situación concreta del enemigo y en la nuestra, y en la configuración del terreno, a fin de dar un contenido apropiado al entrenamiento de las tropas. Como hemos dicho anteriormente, cada paso hacia adelante en la modernización de nuestro ejército es de hecho una revolución técnica. A medida que se refuerza la base material y la técnica moderna, se hace cada vez más imperioso tener hombres capaces de dominarla, pues de lo contrario los equipos y la técnica modernos no rendirían toda su eficacia y de hecho no se fortalecería la potencia combativa de nuestro ejército. De ahí la gran responsabilidad del trabajo de entrenamiento. En el entrenamiento, la formación de los cuadros es una tarea clave. Nuestros cuadros militares se han forjado en el fragor del combate, tienen experiencia en la organización del ejército y en la marcha de las operaciones. Pero como se han forjado en las condiciones de una guerra de guerrillas, son bastante débiles desde el punto de vista de la táctica moderna. Por ello, mientras se hacen continuos esfuerzos por elevar su nivel político e ideológico, consolidar su conciencia de clase y profundizar sus conocimientos teóricos marxista-leninistas, hay que prestar especial atención a la elevación de su cultura general, de su conocimiento de la ciencia y la técnica militares, para permitirles convertirse efectivamente en cuadros militares competentes del partido y servir de núcleo a un ejército revolucionario regular y moderno. Se trata de un hecho de importante significación en la organización de nuestro ejército en el momento actual. Al ritmo de su desarrollo y de su crecimiento, en el proceso de su paso gradual de un estado de dispersión a la concentración, nuestro ejército ha visto cómo los diferentes métodos y reglamentaciones poco a poco han ido tomando forma en su seno. Paralelamente a la realización progresiva de una unificación relativa, desde el doble punto de vista de la organización y la instrucción, hemos establecido sucesivamente el régimen de gratificaciones, las reglamentaciones relativas a la vida interior en los cuarteles, a las recompensas y a las sanciones disciplinarias, a la conservación del armamento, etc. Sin embargo, como nuestras tropas eran antes un ejército de guerrillas en proceso de transformación en un ejército regular, eran todavía débiles las exigencias en cuanto al grado de centralización y unificación, y no se planteaba todavía la aplicación sistemática de métodos y reglamentos unificados para la totalidad de nuestro ejército. Ya hemos entrado en una nueva etapa, la de la transformación de nuestras fuerzas en un ejército regular moderno. Y con esto queremos decir que está formado por diversas armas, que combate con métodos modernos, que combate sobre la base de una coordinación estrecha entre esas diferentes armas, en gran escala y a ritmo rápido. Es necesario pues impulsar al máximo la centralización y la unificación en el ejército, y ser más acuciosos respecto de la organización y la disciplina, la permanente atención a la planificación y la precisión. Los métodos y reglamentos propios de un ejército regular son imprescindibles: serán para todos una base unificada de acción, adaptada a las exigencias de la coordinación en el combate y del mando centralizado. Siendo nuestro ejército un ejército popular dirigido por el partido, las cláusulas de los métodos y reglamentos puestos en vigor deben ser un fiel reflejo de su naturaleza revolucionaria e inspirarse efectivamente en los principios de la organización y del sistema de dirección del partido en el ejército. Deben partir de la realidad de nuestro país y de nuestro ejército, mantener las tradiciones y prácticas de éste. Finalmente, el establecimiento del servicio militar obligatorio, de los estatutos referentes a los oficiales y suboficiales (incluso el establecimiento de los grados militares), del régimen de sueldos, recompensas y condecoraciones, ha obtenido resultados positivos. La promulgación de los reglamentos internos y de los de combate, de la disciplina y de la policía militar han ejercido una importante acción para la unificación desde todos los puntos de vista en la totalidad del ejército, impulsando vigorosamente su transformación en un ejército regular. Acabamos de exponer someramente las grandes lecciones que se desprenden de la formación de nuestro ejército desde el punto de vista militar. Como la realidad ha demostrado, si hubiésemos comprendido los principios de la organización del ejército desde el punto de vista político sin saber, no obstante, aportar una solución justa a los diferentes y complejos problemas de esta organización en el plano militar, nos hubiera sido imposible transformar un pequeño ejército de guerrillas, de formaciones diseminadas, dotado de un armamento rudimentario, de nivel militar muy bajo y desprovisto de todo método o estatuto, en un poderoso ejército popular integrado por diversas armas, en posesión de equipos y técnica que mejoran incesantemente, practicando de manera permanente la instrucción regular, con métodos y reglamentos unificados. 4. Mientras organizaba un poderoso ejército popular, nuestro partido dedicó especial atención a la organización de los grupos de guerrilleros y al desarrollo de las fuerzas de reserva, al mismo tiempo que resolvió correctamente el problema de las relaciones entre el ejército y las retaguardias.


En el proceso de su creación y de su desarrollo, las fuerzas armadas del pueblo comprenden no sólo las tropas regulares y las tropas regionales, sino también los efectivos considerables de las formaciones de guerrilleros y de autodefensa. Inmediatamente después de la decisión del partido sobre la necesidad de preparar la insurrección armada partiendo del movimiento político de las masas, múltiples formas de organizaciones semiarmadas y armadas estaban ya apareciendo para que las masas pasasen progresivamente de una lucha política en pleno auge a la lucha armada. Eran las formaciones de autodefensa, las de choque, después los grupos guerrilleros en las pequeñas bases militares clandestinas que existían entonces en la región montañosa del Viet Bac. Después de la constitución de destacamentos precursores del Ejército Popular, en muchas regiones y en torno a esos destacamentos considerados como tropas regulares, se formaron unidades armadas locales junto a una red muy amplia de fuerzas semiarmadas. Al decretar la creación de la sección de propaganda del Ejército de Liberación, el presidente Ho Chi Minh se preocupó especialmente por la aparición de las diferentes fuerzas armadas y semiarmadas, y prestó gran atención a la necesidad de mantener entre esas fuerzas buenas relaciones de unidad y coordinación. Durante la guerra de resistencia, en la medida en que se desarrollaba la lucha armada, se iba acentuando la diferenciación entre esos tres ejércitos. El Ejército Popular, junto a las divisiones y regimientos regulares, comprendía regimientos, batallones o compañías regionales. Y además de esas tropas regulares y regionales, contaba con francotiradores y guerrilleros cuya organización cubría todo el país. Las tropas regulares tenían la misión de hacer la guerra de movimiento en un amplio teatro de operaciones para aniquilar las fuerzas vitales del enemigo. Las tropas regionales, la de operar en su región coordinadamente con las tropas regulares, los francotiradores y los guerrilleros. Estos últimos, la de defender su aldea, participar en la producción y unirse a las tropas regulares y a las regionales tanto para preparar como para librar el combate. La existencia de esas tres formaciones armadas correspondía perfectamente a las aspiraciones del pueblo; contribuía por otra parte a elevar al máximo la potencia combativa del ejército y el pueblo y arrastrarlo en su totalidad a la guerra contra el enemigo. La existencia de las tres formaciones armadas efectivamente materializó la política de “todo el pueblo en armas”, y constituye la forma de organizar las fuerzas armadas en una guerra revolucionaria. Nuestro partido afirma que para desencadenar una guerra popular es necesario disponer de esas tres formaciones armadas, contar no sólo con tropas regulares, sino también con fuerzas de reserva. Siempre ha valorado la organización y gran desarrollo de las fuerzas de autodefensa y guerrilleras. Efectivamente, las formaciones de guerrilleros se extendieron por todo el país. A causa de la instauración del poder popular a través de nuestros extensos campos y de la existencia de células del partido en todo el país, en todas partes había guerrilleros, en todas partes el pueblo se alzaba contra el enemigo. En la retaguardia enemiga, con acciones coordinadas con las tropas regulares, nuestros francotiradores y guerrilleros forzaban al enemigo a disgregar sus efectivos, lo desgastaban, y lo inmovilizaban en lugares determinados para permitir a nuestras tropas regulares y muy móviles acudir para aniquilarlo; habían hecho de la retaguardia enemiga nuestras líneas avanzadas y creado así bases guerrilleras que servían de trampolín a las ofensivas de nuestras tropas regulares en la zona ocupada; protegían nuestro potencial humano y material y atendían a la vez a la producción y a la resistencia, haciendo fracasar el plan enemigo de hacer la guerra por la guerra y de lograr que los vietnamitas combatiesen contra los vietnamitas. En las regiones liberadas, francotiradores y guerrilleros realizaban con eficacia la resistencia y la lucha contra los espías; servían de firme apoyo al poder y al partido en su región y al mismo tiempo de elementos de choque en la producción, el aprovisionamiento y los transportes... A través del combate, el trabajo y la educación, las formaciones de francotiradores y guerrilleros llegaron a ser una inagotable e inestimable base para el desarrollo y la organización de tropas regulares, dando al Ejército Popular combatientes y cuadros aguerridos y políticamente muy forjados. Hoy, al cambiar la situación con el paso de la revolución a una nueva etapa, nuestro Ejército Popular está en camino de convertirse en un ejército regular moderno, y si tuviésemos que hacer frente a una guerra eventual, indudablemente tendría todas las características de una guerra moderna. Pero considerada desde nuestro punto de vista, esa guerra seguiría siendo en su esencia una guerra popular y la consolidación de la defensa nacional y de la patria serían siempre la obra de todo el pueblo; por esas razones, en vez de aminorar, el papel de los guerrilleros ha aumentado; los guerrilleros siguen constituyendo una fuerza estratégica, y la guerra de guerrillas continúa desempeñando un papel estratégico. Como hasta ahora, nuestras fuerzas armadas de combate comprenderán en el futuro no solamente al ejército regular y moderno, sino también a las fuerzas armadas y semiarmadas de todo el pueblo que operarán en estrecha coordinación con él. En el momento presente, en las condiciones de la paz, el norte de nuestro país marcha rectamente hacia el socialismo, y la lucha entre las dos vías —socialismo y capitalismo— se desarrolla en la ciudad y en el campo. Tenemos que afirmar y fortalecer la dictadura del proletariado. La intensificación del trabajo de consolidación de las organizaciones guerrilleras y de autodefensa en el campo y en las ciudades, como en los servicios y en las empresas, tiene extraordinaria importancia. Para responder a las exigencias de la formación de un ejército regular, a los imperativos de la construcción económica, paralelamente a la organización del ejército activo es conveniente constituir importantes fuerzas de reserva a fin de organizar y educar a las masas desde el punto de vista militar, para que cada uno pueda cumplir sus obligaciones para con la patria, contribuyendo a derrotar todo intento de agresión del enemigo. Las bases de nuestras fuerzas de reserva son las formaciones de guerrilleros de autodefensa que tienen la misión de:  
a) suministrar hombres al ejército activo, b) mantener la seguridad, proteger la producción. c) ayudar al frente e integrar la guerrilla en caso de guerra.  
Pese a esta importancia de las formaciones guerrilleras y de las fuerzas de reserva, después del restablecimiento de la paz y sobre todo al comienzo de la aplicación del servicio militar en las provincias piloto, se manifestó durante cierto tiempo la tendencia a subestimar el problema de los guerrilleros, a aislar a éstos de la reserva, a considerar la propia reserva únicamente como proveedora de hombres para las fuerzas regulares. Desde que este error fue corregido, la situación ha mejorado, las masas han apoyado sin reservas la aplicación del servicio militar y las formaciones de guerrilleros y de autodefensa, así como las fuerzas de reserva, han aumentado vigorosamente. Consolidar y desarrollar cuanto podamos las formaciones de guerrilleros y de autodefensa, crear poderosas fuerzas de reserva, es una tarea extremadamente importante para nosotros, sobre todo en tiempo de paz, cuando preconizamos la reducción de los efectivos del ejército activo para poder consagrar más fuerzas a la construcción económica. Para realizar esta tarea es necesario comprender las nociones de la guerra popular y del ejército popular, no apartarse jamás de la concepción clasista en la organización y en la educación, asimilar las tradiciones y las experiencias de los guerrilleros, reforzar las estrechas relaciones existentes entre el ejército activo y las formaciones guerrilleras y las fuerzas de reserva, y reforzar al mismo tiempo la dirección de los comités del partido con respecto a los organismos militares locales en particular y a las formaciones guerrilleras y fuerzas de reserva en general. No es posible hablar de lucha armada, de organización de las fuerzas armadas revolucionarias, sin abordar el problema de la retaguardia. Al comienzo de la segunda Guerra Mundial, cuando nuestro partido preconizaba la preparación de la insurrección armada, no teníamos ninguna fuerza militar, ni siquiera una pulgada de tierra libre que pudiera servir de base a nuestras actividades. Después, creando minúsculos centros clandestinos, llegamos a constituir una base que comprendía las regiones rurales de seis provincias del Viet Bac. La experiencia de la Revolución de Agosto ha demostrado cabalmente la importancia de la creación de las bases revolucionarias y la lucidez de nuestro partido al organizar las bases y crear la zona libre del Viet Bac. Y esto ha sido confirmado en una escala mucho mayor durante la larga guerra de resistencia. El problema de las bases y de la retaguardia fue planteado desde el comienzo de las hostilidades, y a todo lo largo de la resistencia nuestro partido consideró como extremadamente importante el mantenimiento de las bases y la consolidación de la retaguardia. Precisamente con el objetivo de destruir los organismos de nuestro mando supremo y de quebrar nuestra resistencia, los franceses no retrocedieron ante nada en su propósito de aniquilar nuestras bases, pero después de reiterados fracasos sufrieron una derrota total. Con un heroísmo sin igual, nuestro ejército combatió para defender la base del Viet Bac —la principal de la resistencia—, y las zonas libres de la 4a. y la 5a. interzonas y del Nam Bo. A consecuencia del carácter de las hostilidades, la guerra de guerrillas se desarrolló en todas las regiones temporalmente controladas por el enemigo; por eso, además de en las grandes bases que hemos citado, nuestro ejército y nuestro pueblo lucharon tenazmente contra el enemigo para crear un número incalculable de bases guerrilleras en todos los teatros de operaciones del norte, del centro y del sur, ejerciendo sobre el enemigo una fuerte presión y constituyendo al mismo tiempo otras tantas bases de operaciones para nuestro ejército. Para mantener nuestras bases y consolidar nuestra retaguardia, nuestro partido, paralelamente a la acción para rechazar al enemigo, aplicó activas medidas encaminadas a movilizar, educar y organizar a las masas a fin de aumentar la producción, practicar la economía y forjar las fuerzas armadas y semiarmadas en el marco regional. Por ello nuestras bases se consolidaron sin cesar y desempeñaron el papel que tenían asignado en el desarrollo del ejército y en la satisfacción de las necesidades del frente. Por eso pudimos realizar la larga resistencia y obtener finalmente la victoria. Actualmente, el norte de nuestro país, completamente liberado, se ha convertido en una inmensa retaguardia para nuestro ejército. Sabemos que en una guerra moderna la retaguardia está a la cabeza de los factores permanentes que deciden la victoria. La guerra moderna exige el desarrollo máximo de todas las posibilidades económicas, políticas y militares. El marxismo-leninismo ha mostrado que “la guerra es hoy para cada país una prueba total de sus fuerzas materiales y morales”. Consciente de esta importancia del problema de la retaguardia, el XII Pleno del Comité Central (celebrado en 1957) precisó claramente en su resolución: “Debemos tener un plan para la organización y consolidación de nuestra retaguardia desde todos los puntos de vista. Debemos hacer los mayores esfuerzos para que disponga de abundantes recursos humanos, financieros y materiales y garantice todas las necesidades de la organización del ejército en tiempo de paz, así como las de las operaciones en tiempo de guerra. Es preciso que las actividades del Estado en todos los aspectos (el plan de conjunto del Estado y los planes respectivos de las diferentes ramas) estén impregnadas de la preocupación de crear y consolidar la retaguardia, que liguen los imperativos económicos y culturales a los de la defensa nacional, los de los tiempos de paz a los de los tiempos de guerra. Por su parte, continuando su propia organización, el ejército debe velar también por la participación plena y activa en la consolidación de la retaguardia, principalmente en la aplicación de la política económica y financiera, en la producción y en la práctica de la economía.” Dadas las tareas revolucionarias de la etapa actual, consideradas en escala nacional, nuestra retaguardia es el norte, completamente liberado y en la vía hacia el socialismo. Esta es la base revolucionaria de todo el país. Por ello debemos considerar toda la importancia que tiene esa retaguardia y, por tanto, hacer el máximo esfuerzo para activar su consolidación desde todos los puntos de vista. Paralelamente al fortalecimiento de la defensa nacional y la organización de las fuerzas armadas, hay que consolidar completamente nuestra retaguardia, tanto política como económicamente. Es necesario realizar de manera activa la transformación socialista, asegurar el régimen social y el régimen estatal, reforzar la dictadura frente a los contrarrevolucionarios, inculcar a las masas el espíritu patriótico y el amor al socialismo, elevar en el pueblo el espíritu de vigilancia y el sentido de la defensa nacional, y con ello garantizar la solidez de nuestra retaguardia en todas las circunstancias. Hay que forjar la economía, desarrollar la industria y la agricultura socialistas, para elevar continuamente las condiciones de vida del pueblo, satisfaciendo al mismo tiempo todas las necesidades materiales del ejército. Hoy hemos conquistado la paz y la perspectiva internacional es favorable a la paz. Pero nuestro país sigue dividido y los norteamericanos se empeñan en hacer del sur una colonia de nuevo tipo y una base militar norteamericana. Pretenden intervenir en los asuntos laosianos, con lo que amenazan la seguridad del norte de Vietnam. Ante esta situación, es una necesidad imperiosa el mantenimiento de relaciones correctas entre el ejército y la retaguardia, entre la defensa nacional y la economía. Por un lado es necesario continuar reduciendo nuestros gastos militares para poder consagrar todavía más recursos a la edificación económica; únicamente así podemos impulsar la construcción del socialismo, la consolidación de la retaguardia y el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo, y con ello crear firmes bases para el fortalecimiento de la defensa nacional. Por otro lado es necesario hacer todo lo posible para mejorar el ejército y desarrollar las formaciones de guerrilleros y las fuerzas de reserva, velando al mismo tiempo por las necesidades de la defensa nacional en la construcción económica. Si logramos realizar todas estas tareas, la construcción del socialismo obtendrá triunfos cada vez mayores en el norte, que llegará a ser el apoyo más firme de nuestra lucha por la reunificación pacífica del país. En el momento en que conmemoramos el treinta aniversario de la fundación del partido, sentimos profunda alegría y entusiasmo al examinar el glorioso camino que ha recorrido. Nuestro pueblo siente plena confianza por los grandes triunfos que ha obtenido nuestro partido, encabezado por el presidente Ho Chi Minh. La experiencia histórica ha probado que la lucha armada ha ocupado un lugar importante en el movimiento revolucionario de Vietnam y que las fuerzas armadas populares han desempeñado un papel importante en los éxitos de la lucha revolucionaria. Por haber sabido pasar oportunamente a la lucha armada, nuestro pueblo creó las condiciones del triunfo de la Revolución de Agosto. Por haberse decidido a librar una potente y prolongada lucha armada, aseguró el triunfo de la resistencia. La experiencia histórica ha probado que, desde su fundación, el partido ha sabido mantener su dirección en el movimiento revolucionario popular, en la lucha armada y en la organización de las fuerzas armadas revolucionarias, en la lucha del pueblo contra el imperialismo y los feudales. Su dirección ha constituido la garantía esencial del triunfo de la lucha armada de nuestro pueblo. Únicamente nuestro partido, símbolo de la voluntad revolucionaria consecuente de la clase obrera, ha sido bastante audaz para dirigir al pueblo e impulsarle a alzarse desarmado contra los colonialistas franceses y los fascistas japoneses, y emprender, al principio sólo con cañas de bambú, una larga y heroica guerra de resistencia. Porque sólo nuestro partido, armado de una teoría con tal vitalidad como el marxismo-leninismo, ha sido capaz de decidir una línea política y una línea militar justas, adaptadas a las condiciones concretas de nuestro país, para llevar la lucha armada de nuestro pueblo a la victoria. Esta línea política es la de la revolución nacional democrática popular en marcha hacia el socialismo. Esta línea militar es la de la guerra popular y la del Ejército Popular. La gran victoria de Dien Bien Fu puso fin al largo periodo de lucha armada emprendida por nuestro pueblo bajo la dirección del partido. Actualmente hemos pasado a la fase de la lucha política por acabar la revolución nacional democrática en todo el país y encaminar el norte hacia el socialismo. Nuestra política es darlo todo por defender la paz, de la que somos fervientes partidarios. Sin embargo, nuestro paso a la lucha política y nuestra política de paz no significan que nuestro partido no tenga que mantenerse dispuesto a derrotar todo intento de agresión del enemigo, y por ello debe mantener su preocupación por la organización y consolidación de las fuerzas armadas. Precisamente por eso, en el momento actual, en el norte, al tiempo que situamos en el centro de nuestra atención la construcción económica y cultural, el partido sigue considerando el trabajo de consolidación de la defensa nacional, de engrandecimiento de las fuerzas armadas revolucionarias, de transformación del Ejército Popular en ejército regular moderno como “una de las tareas esenciales de todo nuestro partido y de todo nuestro pueblo” (Resolución del XII Pleno del Comité Central). La obra revolucionaria que tienen ante sí nuestro partido y nuestro pueblo es todavía extraordinariamente dura. La etapa en la que vamos a entrar a fin de completar la revolución nacional democrática en todo el país y para ayudar al triunfo del socialismo y del comunismo en él y en todo el mundo, es un largo proceso erizado de dificultades. Asimilar las ricas experiencias de la lucha armada y de la creación de las fuerzas armadas revolucionarias, para aplicarlas de manera creadora en las nuevas condiciones históricas, a fin de impulsar la consolidación de la defensa nacional y la organización del ejército, es un trabajo práctico de extraordinaria significación con motivo del trigésimo aniversario de la fundación de nuestro partido.
DIEN BIEN FU


DIEN Bien Fu es la mayor victoria del Ejército Popular vietnamita en nuestra larga guerra de liberación nacional contra los imperialistas franceses y norteamericanos. Por su inmensa repercusión, ha provocado un gran cambio en la situación militar y política de Indochina; ha contribuido decisivamente al éxito de la Conferencia de Ginebra, que debía restablecer la paz en Indochina sobre la base del respeto a la soberanía, a la independencia, a la unidad y a la integridad territorial de Vietnam y de los dos vecinos países amigos, Camboya y Laos. Con motivo del aniversario de la victoria de Dien Bien Fu, quisiera destacar algunas experiencias de nuestro partido en la dirección de la guerra. Quisiera evocar en primer lugar la firme decisión del ejército y del pueblo de lograr la victoria. El factor decisivo fue la solidaridad del ejército y el pueblo en el combate, bajo la dirección del partido. Para nosotros ésa es la lección más importante. Dien Bien Fu nos ha enseñado que una nación débil y un ejército popular que se lanzan unidos y resueltos a la lucha por la independencia y la paz, son capaces de vencer a todas las fuerzas de agresión, cualesquiera que sean, aunque se trate de las de una potencia imperialista como Francia respaldada por los Estados Unidos.  


1. BREVE RESUMEN DE LA SITUACIÓN MILITAR DURANTE EL INVIERNO DE 1953 Y LA PRIMAVERA DE 1954  

A comienzos del invierno de 1953, la guerra patriótica entraba en su octavo año. Después de la liberación de la zona fronteriza (1950), nuestras tropas habían obtenido constantes victorias en diversas campañas y habían conservado constantemente la iniciativa de las operaciones en todos los frentes del norte de Vietnam. Después de la liberación de Hoa Binh, las bases guerrilleras del delta del Río Rojo se habían ampliado; además habíamos recuperado una tras otra vastas regiones del noroeste. Obligado a la defensiva, el enemigo se encontraba en una situación que empeoraba continuamente. Los franceses y norteamericanos comprendían que, para salvar la situación, tenían que traer refuerzos, cambiar de mando, revisar el plan militar. El fin reciente de la guerra de Corea había impulsado a los norteamericanos a empeñarse más aún en su intento de prolongar y extender la guerra de Indochina. En esas circunstancias, el plan Navarre —plan de prolongación y extensión de la guerra— fue elaborado y cuidadosamente preparado en París y en Washington. En resumen, el plan Navarre era un plan estratégico de gran envergadura que pretendía aniquilar en dieciocho meses la mayor parte de nuestras fuerzas regulares, ocupar nuestro territorio y transformar definitivamente a Vietnam en colonia y base militar de los franceses y norteamericanos. Preveía en una primera etapa un importante reagrupamiento de unidades móviles para atacar y agotar a nuestras fuerzas regulares en el delta, y la ocupación de Dien Bien Fu con el fin de transformar la zona ocupada del noroeste en una sólida base de operaciones. En una segunda fase, el enemigo pensaba aprovecharse de la estación de las lluvias y de la fatiga, que impedirían a nuestras fuerzas toda acción de alguna importancia, para concentrar sus fuerzas en el sur y ocupar allí todas nuestras zonas libres y todas nuestras bases guerrilleras desde la V interzona hasta el Nam Bo. En fin, durante el otoño y el invierno de 1954-1955, realizada ya la “pacificación” del sur, reagrupando masivamente sus fuerzas móviles en el frente norte, desencadenaría una gran ofensiva contra nuestra retaguardia. Partiendo simultáneamente del delta del Río Rojo y de Dien Bien Fu, la poderosa masa de maniobra del Cuerpo Expedicionario atacaría a nuestras fuerzas regulares para aniquilarlas y ocupar nuestra zona libre, poniendo así fin victorioso a la guerra. La realización de ese plan hubiera hecho de nuestro país una colonia de los franceses y norteamericanos, una base militar que les permitiría lanzarse a nuevos planes de agresión. En el otoño de 1953, el general Navarre comienza a poner en marcha ese ambicioso plan estratégico. Aplicando consignas apropiadas a los objetivos: “Conservar siempre la iniciativa”, “Atacar sin descanso”, el alto mando del Cuerpo Expedicionario Francés, después de haber concentrado 44 batallones móviles, se lanza a violentas operaciones de limpieza en las regiones de Ninh Binh y Nho Quan, amenaza a Thanh Hoa y Fu Tho y arroja tropas paracaidistas en Lang Son. Al mismo tiempo crea perturbaciones en el noroeste por medio de piraterías y saqueos. Finalmente, el 20 de noviembre envía tropas aerotransportadas a Dien Bien Fu con la intención de reocupar Na San, consolidar sus posiciones en Lai Chau y ampliar su zona de ocupación en el noroeste. En el mismo mes de noviembre, después de haber aniquilado a una parte de las fuerzas enemigas en el frente de Ninh Binh, nuestras tropas comienzan la campaña de invierno-primavera para deshacer el plan Navarre. En diciembre marchan hacia el noroeste, aniquilan una parte importante de las fuerzas vitales del enemigo, liberan Lai Chau y cercan a Dien Bien Fu. En el curso del mismo mes, el Ejército de Liberación del Pathet Lao y las unidades voluntarias vietnamitas desatan una ofensiva en el Medio Laos, aniquilando fuerzas importantes del enemigo. Tras liberar Thakhet, las tropas de Lao Viet llegan a la orilla izquierda del Mekong. En enero de 1954, en la V interzona, nuestras tropas lanzan una poderosa ofensiva en los altiplanos del oeste, donde infligen grandes pérdidas al Cuerpo Expedicionario. liberan la ciudad de Kontum y establecen contacto con el Bajo Laos, donde la llanura de Bolovens acaba de ser liberada. En el propio mes de enero, el Ejército de Liberación del Pathet Lao y las unidades voluntarias vietnamitas toman la ofensiva en el frente del Alto Laos, donde hacen sufrir a las fuerzas francesas serias pérdidas. Liberan la cuenca del río Nam Hou y amenazan a Luang Prabang. En la retaguardia del enemigo, tanto en el delta del Río Rojo y en el Binh Tri Thien17 como en el extremo sur del Trung Bo18 y en el Nam Bo, la guerrilla ocupa una gran extensión. A principios de marzo, estimando terminado el periodo de las actividades ofensivas de nuestras fuerzas, el alto mando francés reagrupa una parte de sus fuerzas para lanzar la operación Atlante en la parte meridional del centro de Vietnam y se apodera de Qui Nhon el 12 de marzo. Al día siguiente, 13 de marzo, nuestras tropas inician la ofensiva contra el campo fortificado de Dien Bien Fu. En ese frente se batirán durante 55 días y 55 noches hasta el aniquilamiento total del campo fortificado, el 7 de mayo de 1954, coronando su campaña de invierno y primavera con una victoria histórica. Tal era, a grandes rasgos, la situación de los diversos frentes en el curso del otoño y el invierno de 1953 y a comienzos de la primavera de 1954.  


II. LA DIRECCIÓN ESTRATÉGICA  
La dirección estratégica de la campaña de Dien Bien Fu y, de manera más general, de la campaña del invierno de 1953 y la primavera de 1954, fue un éxito típico de la línea militar revolucionaria marxista-leninista aplicada a la realidad concreta de la guerra revolucionaria en Vietnam. Con el plan Navarre, la estrategia del enemigo intentaba resolver las grandes dificultades creadas por la guerra de agresión, con la esperanza de salvar la situación y obtener una victoria decisiva. Nuestra estrategia, en el curso de esta campaña de invierno y primavera, fue la de un ejército revolucionario en una guerra popular. Partiendo de un análisis profundo de las contradicciones del enemigo y llevando al máximo el espíritu ofensivo de un ejército todavía materialmente débil, pero extraordinariamente heroico, al concentrar nuestras tropas en los sectores más vulnerables del enemigo, intentaba a la vez la destrucción de sus fuerzas vitales y la liberación de una parte del territorio, obligándole a dispersarse y creando así las condiciones para que lográsemos una victoria decisiva. La guerra librada por los imperialistas era una guerra de agresión, una guerra injusta. Por su carácter de guerra colonial, no podía tener otros fines que la ocupación y la esclavización de nuestro país. Ese carácter y los propios objetivos del combate que llevaba a cabo le obligaban a diseminar sus fuerzas para poder ocupar las regiones invadidas. La continuación de la guerra fue para el Cuerpo Expedicionario Francés un proceso continuo de dispersión de fuerzas. Articulado al principio en divisiones, se fraccionó en regimientos, luego en batallones, más tarde en compañías y finalmente en secciones acantonadas en millares de puntos de apoyo y de puestos, dispersos por los cuatro rincones del teatro de operaciones indochino. Se encontraba así frente a una contradicción: sin dispersar sus tropas le era imposible ocupar los territorios invadidos; al dispersarlas se colocaba por sí mismo en difícil situación. Sus unidades divididas así eran presa fácil de nuestras tropas, sus fuerzas móviles cada vez eran más reducidas y su penuria de efectivos se acentuaba. Si concentraba tropas para poder hacer frente a nuestra acción y recobrar la iniciativa, sus fuerzas de ocupación disminuían en la misma medida y le era difícil, imposible, conservar el terreno conquistado; ahora bien, si abandonaba así los territorios, no podría lograr su propio objetivo de guerra de reconquista. Durante toda la resistencia, mientras las tropas del enemigo se dispersaban cada vez más, nuestra estrategia consistió en desatar por todas partes la lucha guerrillera y escoger, en cada teatro de operaciones, los puntos en que el enemigo era relativamente débil para aniquilarlo mediante una poderosa concentración de fuerzas, lo que permitía a nuestras tropas reforzarse combatiendo y a nuestro ejército crecer en las batallas. Mientras que las fuerzas francesas iban dispersándose cada vez más, las fuerzas armadas revolucionarias de nuestro pueblo intensificaban y extendían las guerrillas incesantemente, a la vez que continuaban sin tregua el trabajo de concentración y formación de unidades regulares. En el combate, durante la organización de nuestras fuerzas, pasamos progresivamente de las compañías autónomas a los batallones móviles y luego de los batallones a los regimientos y las divisiones. La primera aparición de nuestras brigadas en los combates de la zona fronteriza marcó nuestra primera gran victoria, que acrecentó la desmoralización del enemigo. Después de esta campaña se envió al general De Lattre de Tassigny a Indochina en un esfuerzo por salvar la situación. De Lattre había comprendido el problema, había comprobado la excesiva dispersión de las tropas francesas y calculado el peligro que constituían las guerrillas. Por ello, resolvió concentrar sus fuerzas e iniciar operaciones de limpieza extremadamente violentas a fin de “pacificar” su retaguardia en el delta del Río Rojo. Pero se encontró bien pronto frente a la misma contradicción insoluble. Al concentrar sus tropas, estaba en la imposibilidad de extender la zona de ocupación. Finalmente tuvo que decidirse a dispersar sus efectivos: organizó el famoso ataque contra Hoa Binh. Y el resultado fue que sufrió graves pérdidas de fuerzas vitales en Hoa Binh, mientras nuestras bases guerrilleras del delta del Río Rojo se restablecían y se ampliaban considerablemente. Cuando elaboró el plan Navarre, en 1953, el enemigo se encontraba ante el mismo dilema. Falto de efectivos para recuperar la iniciativa y aniquilar a nuestras unidades regulares, se fijó como objetivo reconstituir a toda costa su cuerpo de batalla y de hecho concentrar unidades móviles bastante importantes en el delta del Río Rojo. Con esta concentración pensaba desangrar poco a poco a nuestras unidades regulares, obligarlas a dispersarse entre el delta y la región alta, lo que le permitiría realizar progresivamente su plan de operaciones y preparar una gran ofensiva decisiva. Esta situación no escapó a la atención del Comité Central de nuestro partido, que hizo un análisis profundo de las intenciones del enemigo y de la situación de los teatros de operaciones. El perfecto conocimiento de las contradicciones y de las leyes de la guerra de agresión nos permitió descubrir los enormes puntos débiles que el enemigo había creado en su dispositivo al concentrar sus tropas. Convencido siempre de que lo esencial era el aniquilamiento de las fuerzas vitales del enemigo, el Comité Central se apoyó en este análisis científico para formular su plan de acción: concentrar nuestras fuerzas para pasar a la ofensiva en sectores estratégicos importantes en que el enemigo se encontraba relativamente al descubierto, aniquilar así una parte de sus fuerzas vitales, obligándole a dispersar sus efectivos para contener nuestros golpes en los puntos neurálgicos que debía conservar a toda costa. Nuestras directivas estratégicas eran: dinamismo, iniciativa, movilidad, rapidez de decisión ante las situaciones nuevas.' La dirección estratégica del Comité Central se reveló adecuada y lúcida: mientras el enemigo realizaba fuertes concentraciones de tropas en el delta para amenazar nuestra zona libre, nosotros no habíamos dejado grandes efectivos en el delta ni dispersado nuestras fuerzas en la zona libre para protegerla con una acción defensiva. Por el contrario, habíamos concentrado nuestras tropas para emprender audazmente la ofensiva en dirección noroeste. En efecto, nuestras divisiones se lanzaron al noroeste con un impulso irresistible, limpiaron las regiones de Son La y Thuan Chau de los millares de piratas que las infestaban, liberaron Lai Chau e hicieron pedazos la mayor parte de la guarnición de esta ciudad en el curso de su retirada. Simultáneamente sitiamos a Dien Bien Fu y obligamos al enemigo a enviar allí refuerzos para evitar el peligro de un aniquilamiento. Además del delta, Dien Bien Fu se convirtió en un segundo punto de concentración de fuerzas enemigas. En el momento en que proseguíamos nuestra ofensiva en el noroeste, las fuerzas aliadas Pathet Lao-Vietnam desencadenaron una segunda ofensiva contra un sector importante: el frente del Medio Laos, donde el enemigo estaba relativamente al descubierto. Avance fulminante: varias unidades móviles enemigas aniquiladas, la ciudad de Thakhet liberada. Las fuerzas Laos-Viet avanzaron en dirección de Seno, importante base aérea en la provincia de Savanakhet. El enemigo debió retirar precipitadamente sus tropas del delta y de los otros frentes para reforzar a Seno. La base de Seno se convirtió así en un tercer punto de concentración de fuerzas del Cuerpo Expedicionario. Ni la preparación espectacular y el lanzamiento de la operación Atlante, a comienzos de 1954, contra la región libre de la V interzona, modificó nuestro plan: no consagrar más que una pequeña parte de nuestros efectivos a la protección de nuestra retaguardia en esta región y concentrar nuestras fuerzas para una ofensiva contra los altiplanos, sector estratégico importante donde el enemigo estaba relativamente al descubierto. Esta ofensiva victoriosa condujo a la destrucción de importantes elementos enemigos y a la liberación de la ciudad y provincia de Kontum. Nuestras tropas hicieron una incursión al sur de Pleiku, cuya guarnición tuvo que ser reforzada. La ciudad de Pleiku y diversos puntos de apoyo de los altiplanos se transformaron así en un cuarto punto de concentración de fuerzas francesas. Por la misma época, las fuerzas aliadas del Pathet Lao y Vietnam abrían, a partir de Dien Bien Fu, una ofensiva en el Alto Laos para realizar una operación de diversión y crear condiciones favorables a los preparativos del ataque al campo atrincherado. Diversas unidades enemigas fueron aniquiladas y liberada la vasta cuenca del Nam Hou. El enemigo tuvo que reforzar la guarnición de Luang Prabang. Y Luang Prabang se convirtió así en un quinto punto de concentración de fuerzas francesas. En la primera fase de la campaña de invierno y primavera, después de tres meses de actividad, nuestras tropas habían infligido al enemigo grandes pérdidas en todos los frentes, vastas regiones de importancia estratégica habían sido liberadas, y el plan de reagrupamiento de las fuerzas del general Navarre, trastornado completamente. El enemigo fue obligado a modificar su plan inicial, pasando de una gran concentración de unidades móviles en el frente del delta del Río Rojo, realizada a costa de grandes esfuerzos, a efectuar concentraciones de tropas de menor importancia en varios puntos diferentes; o mejor dicho, el general Navarre, que en su plan para recuperar la iniciativa había preconizado el reagrupamiento de sus fuerzas móviles, se veía obligado, en un corto espacio de tiempo, a dispersarlas. Los efectivos del famoso cuerpo de batalla reunido en el delta del Río Rojo habían descendido de 44 a 20 batallones. Fue el comienzo del fracaso del plan Navarre. Para nosotros, la primera fase de la campaña de invierno-primavera fue una serie de ofensivas lanzadas en diversos sectores importantes, pero relativamente desguarnecidos, del enemigo. Aniquilamos varias unidades selectas y liberamos vastos territorios mientras obligábamos al enemigo a dispersar sus efectivos; conservamos continuamente la iniciativa de las operaciones y redujimos al adversario a la defensiva. En este periodo nuestras fuerzas regulares inmovilizaron al enemigo en Dien Bien Fu —el teatro de operaciones principal—, creando así condiciones favorables para nuestras tropas en los otros frentes. En todo el país la coordinación entre los frentes “de primera línea”19 y los de la retaguardia enemiga se realizaba en gran escala. Lo mismo ocurría en cada teatro de operaciones. Dien Bien Fu había llegado a ser la más fuerte concentración de fuerzas enemigas en todo el campo de batalla indochino y por este hecho, el frente “de primera línea” más importante. El prolongado cerco del campo atrincherado facilitaba un poderoso desarrollo de la guerrilla, que obtenía importantes éxitos en el extremo sur del Trung Bo y en el Nam Bo, donde el enemigo, falto de efectivos, no podía ya desatar operaciones de limpieza de alguna importancia. Al mismo tiempo se descartaba la amenaza que pesaba sobre nuestras zonas libres. La población podía entregarse libremente a sus trabajos incluso durante el día sin ser inquietada por la aviación. Igualmente durante la primera fase de la campaña de invierno-primavera, proseguimos los preparativos para el ataque a Dien Bien Fu. Durante este periodo la fisonomía del campo atrincherado se había modificado profundamente. De una parte habían aumentado los efectivos de la guarnición y reforzado las obras de defensa; de otra, después de la liberación sucesiva de Lai Chau, Fong Saly y la cuenca del Nam Hou, Dien Bien Fu se hallaba completamente aislado, a centenares de kilómetros de Hanoi y de la llanura de los Jarros,20 sus más próximas bases de aprovisionamiento. El 13 de mano de 1954 señaló el comienzo de la segunda fase de la campaña de invierno-primavera. Desencadenamos la gran ofensiva contra el campo fortificado de Dien Bien Fu. Fue algo nuevo en el aspecto de la guerra. Firmemente compenetrados de las consignas: dinamismo, iniciativa, movilidad, rapidez de decisión en las situaciones nuevas, explotando al máximo nuestras ventajas en el frente de Dien Bien Fu, modificamos nuestra táctica y dirigimos nuestro ataque principal contra el campo fortificado más poderoso del Cuerpo Expedicionario. En el frente principal nuestras unidades regulares no tenían ya la misión de sitiar e inmovilizar a la guarnición, sino la de pasar al ataque y concentrar nuestras fuerzas para aniquilar al enemigo. Los otros frentes del sur, del centro y del norte debían mantener una actividad constante en coordinación con Dien Bien Fu para infligir nuevas pérdidas al adversario, obligarle a dispersarse y a inmovilizar sus fuerzas y estorbar sus envíos de refuerzos al campo fortificado. En el frente de Dien Bien Fu nuestras tropas se batieron con una tenacidad y un heroísmo notables. En todos los otros frentes, a costa de esfuerzos considerables, superaron dificultades muy grandes para proseguir la acción militar, mientras se reorganizaban y ejecutaban magníficamente la orden de coordinación. Tal era, en lo esencial, nuestra dirección estratégica durante la campaña de Dien Bien Fu y de una manera más general durante la campaña de invierno-primavera. En su estrategia, el Comité Central preconizó sin desfallecimiento el principio: dinamismo, iniciativa, movilidad, rapidez de decisión en las situaciones nuevas, conservando siempre como idea fundamental la destrucción de las fuerzas vitales del adversario, aprovechando a fondo sus contradicciones y desarrollando al máximo el espíritu ofensivo de un ejército revolucionario. La justeza y clarividencia de esta dirección nos permitieron hacer perder al enemigo toda posibilidad de recuperar la iniciativa y creamos la posibilidad de una batalla decisiva en un teatro de operaciones que nosotros habíamos escogido y preparado. Esta dirección estratégica decidió la victoria de toda la campaña de invierno-primavera, que culminó en Dien Bien Fu.

 
III. LA DIRECCIÓN DE LAS OPERACIONES EN DIEN BIEN FU  
Hemos expuesto el contenido esencial de la dirección estratégica durante la campaña de invierno-primavera de 1953-1954. Teniendo en cuenta el espíritu y la línea de esta dirección estratégica, la realización de las operaciones en el frente de Dien Bien Fu planteaba dos problemas:  
1. ¿Atacar o no atacar a Dien Bien Fu? 2. En caso afirmativo, ¿cómo hacerlo?  
El hecho de que el enemigo hubiera ocupado Dien Bien Fu por medio de una acción paracaidista no nos obligaba necesariamente a atacarle en ese punto. Dien Bien Fu era un campo fortificado, muy poderoso, y contra él no podíamos lanzar una ofensiva sin haber calculado cuidadosamente el pro y el contra. Los campos atrincherados eran un nuevo dispositivo de defensa aplicado por el enemigo ante la fuerza creciente de nuestro ejército. Lo había adoptado ya en Hoa Binh y en Na San. En el curso de la campaña de invierno-primavera, nuevos campos fortificados lucieron su aparición no solamente en Dien Bien Fu, sino también en Seno, Muong Sai y Luang Prabang, en el frente de Laos, y en Pleiku en el de los altiplanos. Frente a esta nueva táctica defensiva del enemigo, ¿debíamos atacar o no los campos atrincherados? Cuando nuestro potencial era todavía claramente inferior al suyo, ateniéndonos al principio de la destrucción de sus fuerzas vitales por una concentración propia allí donde fuese relativamente débil, ya habíamos preconizado inmovilizar a sus unidades selectas en los campos atrincherados y escoger otras direcciones más favorables para nuestras ofensivas. En la primavera de 1952, cuando el enemigo se atrincheró en Hoa Binh, atacamos con éxito a lo largo del Río Negro y en su retaguardia del delta. En la primavera de 1953, cuando se atrincheró en Na San, nuestro plan no fue atacar esta posición, sino reforzar nuestras actividades en el delta y abrir una ofensiva hacia el oeste. En los últimos meses de 1953 y a comienzos de 1954, cuando se instaló en campos atrincherados en diversos lugares, nuestras tropas lanzaron varias ofensivas victoriosas en sectores relativamente descubiertos de su dispositivo, mientras nuestros guerrilleros redoblaban su actividad en su retaguardia. Esta orientación, que consistía en no atacar directamente los campos fortificados, nos había proporcionado múltiples éxitos. No era ésa nuestra única manera de proceder. Podíamos atacar estos campos para aniquilar al enemigo en el propio interior de su nuevo dispositivo de defensa. Y sólo la destrucción de los campos fortificados podía modificar la fisonomía de la guerra y abrir la vía a nuevas victorias para nuestro ejército y nuestro pueblo. Por eso se planteaba en el frente de Dien Bien Fu el problema de saber si íbamos a pasar al ataque o no. Teníamos que vérnoslas con el campo fortificado más poderoso de todo el teatro de operaciones indochino, mientras que hasta entonces no habíamos atacado más que puestos de una o dos compañías o al máximo de un batallón. Según nuestra apreciación, Dien Bien Fu era la clave del plan Navarre. Sólo con el aniquilamiento de Dien Bien Fu podríamos destruir el plan franco-norteamericano de prolongación y extensión de la guerra. Sin embargo, la importancia de esta posición no podía ser considerada como factor determinante para la decisión que debíamos tomar. Dada la correlación de fuerzas en ese momento, ¿teníamos la posibilidad de destruir el campo fortificado de Dien Bien Fu?, ¿teníamos la certidumbre de obtener la victoria si lo atacábamos? Nuestra decisión debía basarse en esta única consideración. Dien Bien Fu era un campo fortificado extraordinariamente potente. Pero desde otro punto de vista era una posición instalada en el fondo de una región montañosa y boscosa, en un terreno que nos era favorable y claramente desfavorable para el enemigo. Como consecuencia de su aislamiento y su alejamiento de las bases de retaguardia, todo su aprovisionamiento dependía de la aviación. Esas circunstancias podrían privar al enemigo de toda iniciativa y reducirle a la defensiva en caso de que fuera atacado. Por nuestra parte, disponíamos de selectas unidades regulares que podíamos concentrar para conseguir la superioridad. Teníamos la posibilidad de superar las dificultades para resolver los problemas tácticos necesarios: disponíamos, además, de una amplia retaguardia, y los problemas de abastecimiento, aunque difíciles, no eran sin embargo insolubles; estábamos pues en condiciones de conservar la iniciativa en el curso de las operaciones. En este análisis de los puntos fuertes y los puntos débiles de las dos partes nos basamos para responder al problema: ¿atacar o no a Dien Bien Fu? Habíamos decidido el aniquilamiento a toda costa de la totalidad de los efectivos de la guarnición después de haber creado las condiciones para una serie de ofensivas en diferentes frentes, lanzadas al mismo tiempo que los intensos preparativos en el propio Dien Bien Fu. Con esta determinación, una vez más nuestro Comité Central dio pruebas de dinamismo, iniciativa, movilidad y rapidez de decisión ante situaciones nuevas en la dirección de la guerra. Nuestro plan preveía ofensivas en sectores bastante desguarnecidos para aniquilar al enemigo durante sus desplazamientos. Pero si las condiciones lo permitían y si llegásemos a estar seguros de la victoria, estábamos resueltos a no dejar escapar la ocasión de librar una batalla de posición para aplastar al enemigo en un lugar en el que había realizado una gran concentración de tropas. La firme decisión de atacar Dien Bien Fu señaló un nuevo paso adelante en el desarrollo de la campaña de invierno-primavera, así como en la historia de nuestro ejército y de la resistencia de nuestro pueblo. Una vez tomada esta decisión, quedaba aún una cuestión por resolver: ¿Cómo aniquilar al enemigo? ¿Con un ataque y asalto rápidos, o con un ataque y avances más lentos pero más seguros? Este era el problema planteado a la dirección de operaciones de la campaña. En los primeros tiempos, cuando nuestras tropas acababan de cercar Dien Bien Fu y el enemigo, recientemente lanzado en paracaídas, aún no había terminado las fortificaciones ni reforzado sus efectivos, se planteó la conveniencia de un ataque rápido. Lograr la superioridad con una concentración de fuerzas, penetrar en varias direcciones en el dispositivo enemigo, cortar el campo atrincherado en múltiples porciones y luego aniquilarlas una tras otra. Esta solución rápida ofrecía numerosas ventajas: lanzábamos nuestra gran ofensiva con fuerzas frescas, no teníamos que temer la fatiga ni las pérdidas de una campaña prolongada y estábamos seguros en ese caso de aprovisionar el frente sin dificultad. Sin embargo, en un análisis más atento, un ataque rápido presentaba una desventaja muy grande, una desventaja fundamental: para una decisión rápida, como a nuestras fuerzas les faltaba experiencia en el ataque a campos fortificados, no se podía garantizar el éxito. Precisamente por eso, mientras proseguíamos nuestros preparativos, continuamos observando la situación y revaluando nuestras posibilidades. Estimamos que al desencadenar un ataque rápido no podíamos estar seguros de la victoria. En consecuencia escogimos el principio táctico de un ataque y un avance más lentos pero más seguros. Esa elección prudente se inspiraba en el principio fundamental de la dirección de una guerra revolucionaria: atacar para vencer, no atacar sino cuando se tiene la certeza de la victoria; en caso contrario, abstenerse. En la campaña de Dien Bien Fu, adoptar el principio de un ataque y avances más lentos pero más seguros exigió mucha firmeza y decisión. La duración de los preparativos iba a prolongarse, así como la campaña. Pero con esa prolongación surgirían nuevas y serias dificultades. Los problemas de aprovisionamiento tomarían proporciones enormes. Nuestras tropas correrían el riesgo de cansarse y de desgastarse poco a poco, mientras el dispositivo enemigo se consolidaría y podría recibir nuevos refuerzos. Pero, sobre todo, al prolongarse la campaña, nos acercaríamos a la estación de las lluvias, con todas las consecuencias desastrosas que podría acarrear para operaciones efectuadas en la montaña y en el bosque. Por ello, en los primeros días muchos no estaban convencidos de la justeza de esta táctica. Fue necesario un trabajo paciente de explicación, mostrar que nuestro deber era superar las indiscutibles dificultades que podían presentarse para crear las condiciones de la gran victoria que queríamos alcanzar. En ese principio operativo se basó nuestro plan de ataques progresivos. No concebíamos la campaña de Dien Bien Fu como un ataque de envergadura contra una plaza fortificada, ejecutado en poco tiempo, sino como una campaña de envergadura realizada durante un periodo bastante largo, y comprendiendo toda una serie de ataques contra puntos fortificados, que se sucederían hasta el aniquilamiento del enemigo. En conjunto, teníamos superioridad en cuanto a efectivos, pero además en cada combate y en cada fase de la batalla teníamos la posibilidad de lograr una superioridad absoluta que asegurase el éxito de cada operación y finalmente la victoria total de la campaña. Este plan correspondía perfectamente al nivel táctico y técnico de nuestras tropas. Permitía a éstas instruirse mientras combatían y cumplir certeramente su decisión de aniquilar a la guarnición de Dien Bien Fu. Nos ajustamos firmemente al principio de un ataque y avances más lentos pero más seguros durante todo el desarrollo de la campaña. Sitiamos al enemigo y realizamos nuestros preparativos durante tres meses sin aliviar el cerco y luego, tras el inicio de nuestra ofensiva, nuestras tropas combatieron sin tregua durante 55 días y 55 noches. Estos preparativos minuciosos y estos combates ininterrumpidos lograron que la campaña de Dien Bien Fu obtuviese una brillante victoria.  


IV. ALGUNOS PROBLEMAS TÁCTICOS  
El campo fortificado de Dien Bien Fu disponía de fuerzas bastante poderosas: 17 batallones de infantería, 3 grupos de artillería, y además las unidades de ingenieros, los tanques, la aviación, transporte, etc... en su mayor parte, las unidades más aguerridas del Cuerpo Expedicionario Francés de Indochina. El campo comprendía 49 puntos de apoyo, organizados en centros de resistencia sólidos, agrupados en tres sectores que se apoyaban mutuamente. En medio del sector central eficazmente protegido por los centros de resistencia establecidos en las colinas del este, se encontraban los grupos móviles, las baterías de artillería y las unidades de tanques, así como el puesto de mando. El principal campo de aviación de Dien Bien Fu estaba en las proximidades. Todo ese vasto sistema defensivo se hallaba instalado en obras y atrincheramientos subterráneos. Las autoridades militares francesas y norteamericanas consideraban que el campo fortificado de Dien Bien Fu era una fortaleza de primer orden capaz de resistir victoriosamente todos los asaltos: estimaban que un ataque sería para nosotros un suicidio, una derrota cierta, inevitable. Así, en las primeras semanas, el alto mando francés consideraba improbable ese ataque. Fue su punto de vista hasta el último minuto. Nuestra ofensiva fue para él una sorpresa. El general Navarre había sobrestimado el dispositivo defensivo de Dien Bien Fu. En su opinión, cada uno de los centros de resistencia era en sí inexpugnable. No eran simples puntos de apoyo como los de Na San o Hoa Binh, sino centros de resistencia cuyo dispositivo era mucho más complejo y mejor fortificado. Con más razón, consideraba el campo en su conjunto como invulnerable a nuestros medios. Estimaba que la potencia de fuego de su artillería y su aviación bastaría para aniquilar a todas las fuerzas ofensivas aun antes de que hubieran podido desplegarse en el valle y sobre todo antes de que pudiesen aproximarse. No le preocupaba lo más mínimo nuestra artillería, no solamente porque la estimaba todavía débil, sino porque pensaba que no podríamos acercarla a Dien Bien Fu. No se inquietaba tampoco por su propio aprovisionamiento, pues los dos campos de aviación, situados en el corazón mismo del sistema defensivo, le parecían fuera de todo peligro. Jamás le vino a la mente que pudiéramos aniquilar todo el campo fortificado. Esta apreciación del enemigo era innegablemente subjetiva, pero no dejaba de tener fundamento. Los numerosos puntos fortificados de Dien Bien Fu plantearon, en efecto, a nuestro ejército múltiples problemas tácticos que fue necesario resolver a toda costa para lograr aplastar al enemigo. El campo fortificado formaba un sistema de defensa guarnecido por fuertes efectivos; los centros de resistencia estrechamente unidos entre sí estaban eficazmente protegidos por la artillería, los tanques y la aviación, y fácilmente reforzados por agrupaciones móviles. Era ésta una ventaja para el enemigo y una dificultad para nosotros. La resolvimos aplicando la táctica de ataques progresivos, concentrando en cada ocasión nuestras fuerzas a fin de obtener la superioridad en un punto, neutralizando en lo posible la acción de la artillería y de las agrupaciones móviles enemigas. Creamos así las condiciones para copar uno a uno los centros de resistencia o para aniquilar con un solo ataque una parte del sistema defensivo que comprendiese varios centros a la vez. Obteniendo la supremacía absoluta en un punto con la concentración de tropas, estábamos seguros de poder aplastar al enemigo, sobre todo al comienzo de la campaña, cuando teníamos que enfrentarnos con las posiciones avanzadas. El campo fortificado disponía de artillería, tanques y aviación bastante potentes. Era otra ventaja del enemigo y una dificultad seria para nosotros, sobre todo porque la potencia de fuego de nuestra artillería era muy limitada y no teníamos ni tanques ni aviones. Superamos esta dificultad estableciendo una red de trincheras, un sistema de obras para el ataque y el cerco que permitió a nuestras tropas desplazarse bajo el fuego enemigo. Nuestros combatientes abrieron centenares de kilómetros de trincheras, en una magnífica red que resolvió el problema de nuestro despliegue en el mismo valle y facilitó los movimientos bajo el martilleo de la artillería y los bombardeos de napalm. Pero no bastaba atenuar los efectos de la artillería enemiga: teníamos también que aumentar nuestra propia potencia de fuego. Nuestros combatientes abrieron nuevos caminos en los flancos de las montañas para llevar la artillería hasta las proximidades de Dien Bien Fu. Allí donde fue imposible abrir caminos, arrastraron los cañones con la sola fuerza de sus brazos. Nuestra artillería, instalada en excelentes abrigos, sorprendió completamente al adversario. Pese a su debilidad numérica, desempeñó un gran papel en la batalla. Mientras neutralizábamos las ventajas del enemigo, debíamos explotar sus lados vulnerables. Su mayor debilidad era el aprovisionamiento, que descansaba exclusivamente en la aviación. Desde el comienzo de la campaña nuestra táctica consistió en inhabilitar sus pistas de aterrizaje con nuestra artillería y contener sus actividades aéreas con nuestra DCA.21 De esta forma, a medida que se desarrollaban las operaciones, utilizamos todos nuestros recursos para estorbar el aprovisionamiento de la guarnición y llegar poco a poco a cortarlo totalmente. En conjunto nuestro plan operativo se inspiraba en esas consideraciones tácticas. Consistió en construir todo un sistema de líneas de ataque y cerco que permitió a nuestras tropas lanzar incesantes asaltos en oleadas sucesivas. Ese sistema, con sus innumerables trincheras, sus fortificaciones, sus bases de artillería, sus puestos de mando, se perfeccionó a medida que se producían nuestras victorias. Desde los bosques y montañas circundantes llegaba a la llanura y cada punto de apoyo conquistado se transformaba enseguida en una nueva posición de nuestras tropas. Como consecuencia de nuestro asedio, el campo atrincherado enemigo estaba en cierta manera rodeado de otro campo atrincherado, el de nuestras propias fuerzas, con un dispositivo extremadamente móvil que cerraba cada día más su cerco, reduciendo y restringiendo las posiciones enemigas. En la primera fase de la campaña, partiendo de la red de trincheras de ataque y cerco nuevamente establecida, nos apoderamos de los centros de resistencia de Him Lam y Doc Lap, y luego de todo el sector norte. El enemigo trataba desesperadamente de destruir nuestras baterías. Su aviación arrojó un diluvio de napalm sobre las alturas que rodean a Dien Bien Fu y su artillería concentraba sus tiros para tratar de destruir nuestras bocas de fuego. Pero nuestras líneas resistieron. En la segunda fase, la trinchera “eje” y sus innumerables ramificaciones progresaron hasta el valle, cortando el sector central del frente sur. Los encarnizados y victoriosos combates por la toma de las colinas del este permitieron a nuestro sistema de fuego estrechar su anillo. El enemigo se encontró entonces bajo la amenaza de nuestras piezas de diversos calibres instaladas en las posiciones recién conquistadas. El campo de aviación quedó enteramente bajo nuestro fuego. En ese momento el enemigo redobló su actividad: recibió refuerzos, lanzó contraataques, bombardeó furiosamente nuestras líneas con la esperanza de salvar la situación. Se desarrollaron encarnizados combates de posiciones. Algunas colinas cambiaron de mano varias veces; algunos puntos de apoyo estuvieron ocupados a medias por nosotros y por el enemigo. Nuestra táctica consistió en avanzar paso a paso, hostigar, luchar por la menor pulgada de terreno, cortar el aeródromo y reducir el espacio aéreo del enemigo. La tercera fase fue la del ataque general. El enemigo, acorralado en una faja de kilómetro y medio a dos kilómetros cuadrados, había sufrido ya graves pérdidas. Cuando la colina A-1 cayó enteramente en nuestras manos, perdió toda esperanza de continuar la resistencia y su moral se desplomó. El 7 de mayo nuestras tropas atacaron simultáneamente por todos lados, se apoderaron del puesto de mando e hicieron prisionero a todo el Estado Mayor. A la noche siguiente conquistamos el sector sur. La batalla de Dien Bien Fu terminó con nuestra victoria completa.  


V. LA MORAL DEL EJERCITO  
El Comité Central del partido y el gobierno habían confiado al ejército y a la población una misión importante: concentrar las fuerzas, reunir las energías, “impulsar al extremo el heroísmo en el combate, el espíritu de resistencia y de sacrificio ante las privaciones para asegurar el éxito completo de la campaña”. La campaña de Dien Bien Fu, como destacaran el presidente Ho Chi Minh y el Buró Político del Comité Central del Partido de los Trabajadores de Vietnam, fue una campaña histórica, de una importancia excepcional para la situación militar y política de nuestro país, para el desarrollo de nuestro ejército, así como para garantizar la paz en el sudeste asiático. Nuestro ejército cumplió esta misión con una decisión inquebrantable. Su voluntad de vencer fue uno de los factores decisivos que dieron como resultado que la campaña de Dien Bien Fu, y de manera más general la campaña de invierno-primavera, terminase victoriosamente en todos los frentes. En la historia de la lucha armada de nuestro pueblo, jamás nuestros combatientes habían recibido una misión tan importante y tan difícil. El enemigo que había que derrotar era poderoso; las fuerzas que nosotros le oponíamos, importantes. Los teatros de operaciones se extendían por vastos territorios, los combates debían durar casi seis meses. En Dien Bien Fu, lo mismo que en los frentes a él coordinados, nuestro ejército dio constantemente pruebas de heroísmo y resistencia, venció enormes dificultades y superó obstáculos sin número a fin de aniquilar al enemigo y realizar con éxito su misión. Este heroísmo y esta resistencia se habían forjado en el curso de largos años de lucha. Durante el otoño y el invierno de 1953-1954 en particular, los cursos políticos sobre la movilización de las masas para la reforma agraria habían incrementado el ardor revolucionario de nuestro ejército. No es posible destacar bastante el considerable papel que desempeñó esta política agraria en las victorias del invierno y la primavera, principalmente en la de Dien Bien Fu. En el frente de Dien Bien Fu, durante el periodo de preparación, nuestro ejército, con la potencia de su trabajo creador, construyó la ruta para el aprovisionamiento de Tuan Giao a Dien Bien Fu; y también otros caminos para llevar la artillería al campo de batalla a través de montañas y bosques; construyó abrigos para nuestras baterías, abrió trincheras que partían de las alturas para descender hasta el valle; transformó la configuración natural del terreno, superó enormes obstáculos y creó todas las condiciones favorables para el aniquilamiento del enemigo. Las dificultades, la fatiga y los bombardeos no pudieron mellar su voluntad. Desde el comienzo de la ofensiva y durante la duración de la batalla, nuestro ejército combatió con un heroísmo extraordinario. Bajo el diluvio de metralla que arrojaba la aviación, bajo el martilleo de la artillería, tomó por asalto las posiciones enemigas y se apoderó de las colinas de Him Lam y Doc Lap; sumergió los puntos de apoyo de las colinas del este, extendió sus líneas, cortó el terreno de aviación, rechazó todos los contraataques y estrechó sin cesar el cerco. Durante este periodo, el enemigo quemó con napalm toda la vegetación de las colinas y su artillería devastó profundamente los arrozales en nuestras líneas. Pero nuestro ejército, pese a las pérdidas sufridas, avanzaba siempre, como una oleada que nadie podría detener. Se estaba en presencia de un fenómeno de heroísmo colectivo, del que fueron ejemplos admirables To Vinh Dien, que se arrojó bajo las ruedas de un cañón para impedir que resbalara, o Fan Dinh Giot, que taponó un mortero con su cuerpo, o el grupo de asalto que plantó la bandera de la victoria en la colina de Him Lam, o el que se apoderó del puesto de mando enemigo. En los otros frentes que actuaban coordinadamente, nuestro ejército dio igualmente pruebas de un heroísmo y una resistencia notables. Obtuvo grandes victorias en los altiplanos del oeste, en Kontum, en An Khe. En el delta del Río Rojo lanzó incursiones a los aeródromos de Gia Lam y Cat Bi, conquistó numerosas posiciones fortificadas, cortó la carretera número 5. En el frente de Nam Bo tomó o forzó la retirada de más de un millar de puestos, destruyó depósitos de bombas y atacó los convoyes fluviales. En los frentes de Laos y Camboya las unidades de voluntarios vietnamitas combatieron al lado del ejército y el pueblo de esos países amigos, diezmando al invasor y realizando brillantes hechos de armas. Jamás nuestras tropas combatieron tan duramente y durante un periodo tan largo como en esta campaña del invierno de 1953 y la primavera de 1954. Algunas unidades, en su marcha y en la persecución del enemigo, cubrieron a pie más de tres mil kilómetros. Otras se desplazaron en secreto recorriendo más de mil kilómetros a través de la selva de la Gran Cordillera para coordinar operaciones en frentes lejanos. Para subir a Dien Bien Fu, nuestras unidades, procedentes del delta, atravesaron montañas y bosques; una vez llegadas se pusieron a construir obras de defensa mientras combatían para proteger los preparativos de la ofensiva; cuando iniciaron las operaciones, vivieron y combatieron durante dos meses en las trincheras, después de haber pasado tres meses en la manigua; en el curso de la batalla, algunas fueron desplazadas a doscientos o trescientos kilómetros para lanzar ataques por sorpresa volviendo después para participar en la liquidación del campo fortificado de Dien Bien Fu. En el combate se forjó y fortaleció el espíritu de cooperación entre las diferentes unidades y las diferentes armas, así como entre los diversos frentes. Esta voluntad de vencer, inherente a un ejército revolucionario, forjada por el partido, fue templada por los combates y por un paciente trabajo de educación política. Por ello, en los momentos críticos no hubo síntomas de debilidad o de cansancio. La gran misión de las organizaciones del partido, de las células y los cuadros fue mantener y desarrollar esa decisión de vencer a toda costa, mediante un perseverante trabajo de educación y una lucha ininterrumpida. Después de una serie de brillantes victorias, surgió en nuestras filas cierta subestimación del enemigo. Fue necesario analizar, criticar y cambiar este estado de ánimo. La prolongación de los preparativos, principalmente después de la segunda fase de la campaña, cuando se realizaba la más encarnizada lucha de posiciones, provocó un momento de vacilaciones de carácter derechista, con lo que se resintió la ejecución de las tareas. De acuerdo con las directivas del Buró Político, emprendimos en todo el frente un amplio movimiento de lucha contra las debilidades y las tergiversaciones para fortalecer el entusiasmo revolucionario y el sentido de la disciplina a fin de asegurar el éxito total de la campaña. Esta lucha ideológica, con sus brillantes resultados, fue una de las más grandes realizaciones del trabajo político en la historia de nuestro ejército, e indiscutiblemente decidió la victoria de Dien Bien Fu. En Dien Bien Fu y en los diversos frentes coordinados, la voluntad de victoria fue una firme expresión de la fidelidad sin límites del Ejército Popular vietnamita a la causa revolucionaria de la nación y del partido. Una expresión característica de la ideología proletaria y de la conciencia de clase. Esa es la auténtica tradición de heroísmo, de resistencia y tenacidad de nuestro ejército, que ha hecho del soldado vietnamita un combatiente de acero. Dien Bien Fu será eternamente su símbolo. La bandera de nuestro ejército es la bandera de “la voluntad de vencer a toda costa”.  


VI. EL PUEBLO AL SERVICIO DEL FRENTE  
El Comité Central del partido y el gobierno habían decidido que todo el pueblo y todo el partido concentraran sus fuerzas al servicio del frente, a fin de asegurar el éxito de la campaña de Dien Bien Fu. En el curso de esta campaña y de manera general en el curso de toda la campaña de invierno-primavera, obreros, campesinos, jóvenes intelectuales, el pueblo entero, respondió al llamamiento para la liberación nacional y lo dio todo para cumplir la consigna: “Todo para el frente, todo para la victoria.” En ello puso la voluntad de hacer esfuerzos sobrehumanos. Jamás durante nuestra larga guerra de liberación fue tan gigantesca la aportación de nuestro pueblo al frente como durante el invierno de 1953 y la primavera de 1954. En el frente principal, en Dien Bien Fu, había que suministrar víveres y municiones a importantes efectivos que operaban a 500 o 700 kilómetros de nuestra retaguardia, en las condiciones más difíciles. Las rutas eran malas, los medios de transporte insuficientes, las líneas de aprovisionamiento constantemente destruidas por el enemigo. A esto se añadía la amenaza de las grandes lluvias, que podían crear más obstáculos que un bombardeo aéreo. En el frente de Dien Bien Fu el aprovisionamiento de víveres y municiones era un factor tan importante como la solución de las cuestiones tácticas. La logística planteaba a cada instante problemas tan arduos como los del combate. Esas eran precisamente las dificultades que el enemigo estimaba insuperables para nosotros. Los imperialistas y los reaccionarios no son capaces de estimar en su justo valor la fuerza de una nación, la fuerza de un pueblo, una fuerza que no tiene límites, y que puede vencer cualquier dificultad y triunfar contra cualquier enemigo. El pueblo vietnamita, bajo la dirección de los comités de aprovisionamiento del frente, se mostró tan sufrido como heroico. Convoyes de camiones franquearon valientemente corrientes de agua, atravesaron montañas y bosques; los choferes pasaron decenas de noches consecutivas sin dormir, despreciando dificultades y peligros a fin de llevar víveres y municiones al frente. Convoyes de millares de bicicletas fueron desde los centros urbanos a los frentes, llevando también víveres y municiones. Convoyes de centenares de sampanes de todo tonelaje y convoyes de decenas de millares de balsas franquearon torrentes y cascadas. Convoyes de caballos con albardas procedentes de las llanuras de Meo, viniendo de todas las provincias marcharon hacia el frente. Decenas de millares de cargadores populares, de jóvenes voluntarias, con la carga a la espalda, franquearon las gargantas de las montañas y vadearon los ríos, marchando día y noche pese a los ametrallamientos aéreos y las bombas de acción retardada. Junto a la línea de fuego, las operaciones de aprovisionamiento debían realizarse sin interrupción y en muy escaso tiempo. La cocina, el avituallamiento, la atención sanitaria, los transportes, etc., todo se hacía en las zanjas y en las trincheras bajo las bombas enemigas y el tronar de los cañones. Todo esto ocurría en Dien Bien Fu. Pero en los otros frentes coordinados, importantes fuerzas estaban igualmente en movimiento, especialmente en los altiplanos y en ciertos teatros de operaciones todavía más alejados. En esos frentes, como en Dien Bien Fu, nuestro pueblo cumplió con su deber; resolvió admirablemente el problema del aprovisionamiento, facilitando al ejército obtener nuevas victorias sobre el enemigo. Jamás tantos ciudadanos vietnamitas habían marchado hacia el frente. Nunca nuestros jóvenes habían recorrido tantos lugares y conocido tantas lejanas regiones de su país. Del llano a la montaña, en las grandes carreteras y en las pequeñas pistas, a lo largo de los ríos y de los arroyos, por todas partes la misma animación: la retaguardia enviaba sus hombres y sus bienes hacia el frente para participar junto al ejército en el aniquilamiento del enemigo y en la liberación del territorio. La retaguardia llevaba hasta el combatiente de primera línea su voluntad de vencer al enemigo, su espíritu de unidad en la resistencia y el entusiasmo revolucionario que había despertado la reforma agraria. Millares de cartas y telegramas de todos los rincones del país llegaban cada día al frente de Dien Bien Fu. Jamás nuestro pueblo se había preocupado tanto por sus hijos combatientes, jamás las relaciones entre la retaguardia y el frente habían sido tan estrechas y fraternales como durante esta campaña de invierno-primavera. Verdaderamente, una retaguardia sólida es un factor permanente que decide la victoria en una guerra revolucionaria. En la campaña de Dien Bien Fu y, en general, en toda la campaña de invierno-primavera, nuestro pueblo contribuyó dignamente a la victoria común de la nación. No podríamos pasar en silencio la simpatía y el apoyo caluroso de los pueblos hermanos del mundo entero, entre ellos el pueblo francés. Cada día llegaban hasta el frente noticias de todos los rincones del mundo: de la Unión Soviética, China, Corea del Norte, Alemania Oriental, Argelia, India, Birmania, Indonesia y otros numerosos países, expresando la adhesión sin reservas de la humanidad progresista al justo combate del pueblo y el ejército de Vietnam. Era un formidable estímulo para los combatientes del Ejército Popular vietnamita en Dien Bien Fu y en los otros frentes.  


VII. LA GUERRA DE LIBERACIÓN DE NUESTRO PUEBLO HA SIDO UNA LARGA Y PRODIGIOSA BATALLA COMO LA DE DIEN BIEN FU  
La victoria de Dien Bien Fu y, de manera general, las victorias del invierno de 1953 y la primavera de 1954 son las más grandes alcanzadas por nuestro ejército y nuestro pueblo en su larga resistencia a la agresión imperialista. En Dien Bien Fu nuestro ejército aniquiló el campo fortificado más poderoso del enemigo en Indochina y puso fuera de combate a 16 000 hombres de sus tropas más aguerridas. En el curso de esta campaña del invierno de 1953 y la primavera de 1954, en el conjunto de los frentes que actuaban en coordinación con Dien Bien Fu, las pérdidas del enemigo se elevaron a un total de 110 000 hombres. El plan Navarre se saldaba con una catástrofe. Los imperialistas franceses y norteamericanos habían fracasado en su tentativa de prolongar y extender la guerra en Indochina. Dien Bien Fu tuvo inmensa importancia. Esta victoria, junto a nuestros triunfos en los otros frentes, logró la liberación de Hanoi, la capital, y de todo el norte del país. Se conquisto la paz. Con el plan Navarre los franceses y norteamericanos pretendían librar una batalla decisiva. Y efectivamente Dien Bien Fu fue decisivo. Esa gran victoria de nuestro pueblo y nuestro ejército constituyó una aplastante derrota de los imperialistas. Dien Bien Fu fue una prueba de fuerza que enfrentó a nuestro pueblo y su ejército con el Cuerpo Expedicionario de los agresores franceses ayudados por los Estados Unidos. Nosotros fuimos los vencedores. Dien Bien Fu perpetuará para siempre el espíritu indomable de nuestro pueblo que opuso al poderoso ejército de un país imperialista la fuerza de su unidad combativa, el heroísmo de un pequeño pueblo muy débil y de un ejército popular muy joven. Este heroísmo estimuló a nuestro pueblo y a nuestro ejército durante toda la resistencia. Y podemos afirmar que cada uno de nuestros combatientes tenía el “espíritu de Dien Bien Fu”, que la guerra de liberación de nuestro pueblo fue toda ella una larga y prodigiosa batalla de Dien Bien Fu. En Dien Bien Fu nuestra guerra nacional obtuvo una brillante victoria. Este éxito, que demuestra la lucidez y la firmeza de nuestro partido en su papel dirigente, fue un triunfo del marxismo-leninismo, en la guerra de liberación de una nación débil y heroica. Nuestra nación puede estar orgullosa de ello. Bajo la dirección de nuestro partido, con el presidente Ho Chi Minh a la cabeza, hemos demostrado esta gran verdad histórica: un pueblo colonizado, débil pero unido en la lucha, que se alza para defender con decisión su independencia y la paz, es perfectamente capaz de vencer a las fuerzas agresivas de una potencia imperialista. Por ello, Dien Bien Fu no es solamente una victoria para nuestro pueblo; es también una victoria para todos los pueblos débiles en lucha por desembarazarse del yugo de los imperialistas y los colonialistas. Esta es su profunda significación. Y ese día, que se ha convertido en día de fiesta para todo el pueblo vietnamita, es también un gran día de alegría para los pueblos de los países hermanos, para los pueblos que acaban de reconquistar su independencia o combaten todavía por su liberación. Dien Bien Fu ha entrado para siempre en los anales de la lucha por la liberación nacional de nuestro pueblo y de los pueblos débiles del mundo. Históricamente figurará como uno de los acontecimientos cruciales de la lucha de los pueblos de Asia, África y América Latina que se alzan para liberarse y hacerse dueños de su país y de su destino. La unión en la lucha bajo la dirección de nuestro partido fue la vía que condujo a nuestro pueblo a la victoria de Dien Bien Fu. Esa unidad nos conducirá indiscutiblemente a nuevas victorias aún mayores en la construcción del socialismo en el norte de Vietnam y en la lucha por la reunificación del país por medios pacíficos.


ANEXO


I. LA FISONOMÍA DEL FRENTE DURANTE EL VERANO DE 1953
 
EL invierno de 1950 señaló una nueva evolución en la situación militar de Vietnam. Después de su gran victoria en la batalla de la frontera, nuestras fuerzas emprendieron una serie de importantes campañas en la región media, sucesivamente en la ruta número 18 y en Ha Nam-Dinh-Minh Binh en 1951, en Hoa Binh durante el invierno de 1951 y la primavera de 1952 y en el noroeste en el invierno de 1952. En el curso de esas campañas, todas victoriosas, el enemigo perdió decenas de millares de hombres y liberamos amplios territorios en la región montañosa del norte de Vietnam. Las importantes provincias de la frontera chino-vietnamita: Cao Bang, Lang Son, Lao Cai, la provincia de Hoa Binh, que une el Viet Bac a la IV interzona, la mayor parte de la región al noroeste del Río Rojo hasta la frontera vietnamita-laosiana fueron sucesivamente liberadas. Nuestra retaguardia se extendió considerablemente. En la región montañosa del norte de Vietnam, el enemigo no ocupaba ya más que la provincia de Hai Ninh al noreste, la ciudad de Lai-Chau y el campo fortificado de Na San en el noroeste. Mientras el grueso de nuestro ejército iba de victoria en victoria en el frente principal, la lucha guerrillera se intensificó considerablemente en toda la retaguardia enemiga en el norte. Especialmente en el curso de la campaña de Hoa Binh, nuestras unidades regulares penetraron profundamente en la zona ocupada del delta del Río Rojo. En coordinación con las tropas locales y las formaciones paramilitares, ensancharon nuestras bases y zonas guerrilleras y liberaron a millones de compatriotas. El enemigo no controlaba más que un tercio de las aldeas que ocupaba en los alrededores inmediatos de las carreteras y las ciudades importantes.22 En los otros frentes situados en la retaguardia enemiga, en el Binh-Tri-Thien, en el sur del centro de Vietnam y en el sur de Vietnam, las guerrillas continuaban actuando y ampliándose, causando serias pérdidas al adversario. Durante el verano de 1953 las fuerzas del Pathet Lao, cooperando estrechamente con las unidades de voluntarios vietnamitas, lanzaron un ataque contra la ciudad de San Neua, aniquilando a la mayor parte de la guarnición. La liberación de toda la provincia de San Neua y de vastas zonas del Alto Laos constituyeron una nueva amenaza para el enemigo. Si se considera la fisonomía del teatro de operaciones en el frente norte de Vietnam, se comprueba que a partir de 1950 nuestras fuerzas conservaron constantemente la iniciativa, reduciendo cada vez más al enemigo a la defensiva. Para salir de este callejón sin salida, aquél apeló cada vez más a los norteamericanos, cuya intervención en la guerra de agresión en Indochina no cesó de intensificarse. Durante ese tiempo el gobierno francés relevó muchas veces el mando de su Cuerpo Expedicionario. Después de la batalla de la frontera, envió a Indochina a su mejor general, De Lattre de Tassigny. Todos sabemos que desde el reagrupamiento de las fuerzas y la creación de una línea de fortines hasta la ofensiva de Hoa Binh, todas las tentativas del general De Lattre de Tassigny para recuperar la iniciativa de las operaciones fracasaron totalmente. Su sucesor, el general Salan, asistió impotente a las aplastantes derrotas del Cuerpo Expedicionario Francés en los frentes del noroeste y del Alto Laos. En esas críticas circunstancias, los norteamericanos aprovecharon el armisticio de Corea para intervenir más activamente en Indochina. El plan Navarre marcó una nueva tentativa franco-norteamericana para prolongar y extender la guerra de agresión.  


II. LA NUEVA TENTATIVA DEL ENEMIGO: EL PLAN NAVARRE  
Hacia mediados del verano de 1953, de acuerdo con Washington, el gobierno francés designó al general Navarre como comandante en jefe de las fuerzas francesas en Indochina. El general Navarre y los Estados Mayores francés y norteamericano estimaron que el Cuerpo Expedicionario Francés se encontraba en una situación cada vez más crítica a consecuencia de que, para hacer frente a la actividad de nuestros guerrilleros, había diseminado extraordinariamente sus efectivos en millares de puestos y guarniciones esparcidas por todos los frentes. De hecho no quedó ninguna fuerza móvil bastante poderosa para resistir a los ataques de nuestro ejército regular. Durante este tiempo nuestras fuerzas crecían sin cesar, los efectivos de nuestras unidades móviles aumentaban de día en día, nuestras campañas tomaban cada vez más amplitud. Partiendo de esta comprobación, el general Navarre y el Pentágono elaboraron un plan con la esperanza de mejorar la situación y obtener en breve plazo un éxito estratégico decisivo. El plan Navarre preconizaba la organización de una fuerza móvil estratégica muy poderosa, capaz de destruir rápidamente todas nuestras ofensivas y aniquilar después al grueso de nuestras fuerzas. El general Navarre ordenó retirar de ciertos puestos sus mejores unidades europeas y africanas para reagruparlas. Al mismo tiempo recibió refuerzos de Francia, Alemania occidental, África del Norte y Corea. En la ejecución de su plan el enemigo tropezó ya con una seria contradicción, con una grave dificultad: si mantenía la dispersión de sus efectivos para ocupar el terreno, le era imposible constituir una fuerza móvil poderosa; en cambio, si retiraba sus tropas de ocupación para reagruparlas, nuestros guerrilleros se aprovecharían para intensificar sus actividades, sus puestos serían amenazados o aniquilados, las autoridades títeres locales derribadas, y se restringirían las zonas ocupadas por el Cuerpo Expedicionario Francés. El general Navarre creyó resolver esta dificultad desarrollando en amplia escala las formaciones complementarias vietnamitas destinadas a relevar a las unidades europeas y africanas que se transferían a los puntos de reagrupamiento. En realidad este procedimiento no era nuevo: fue ya sistemáticamente aplicado por el general De Lattre de Tassigny. Ante una nueva situación cargada de amenazas, el general Navarre, de acuerdo con el plan franco-norteamericano, decidió organizar 54 batallones vietnamitas y duplicar esa cifra al año siguiente. Posteriormente el enemigo tuvo que reconocer que con ese plan no pudo resolver el problema, pues el aumento de fuerzas complementarias vietnamitas no hizo sino aumentar cuantitativamente los efectivos a expensas de su calidad. Los franceses y los norteamericanos pretendieron emplear esta importante fuerza móvil para un plan bastante audaz: aniquilar nuestro ejército regular y terminar la guerra en dieciocho meses. Concentrando sus fuerzas en el delta del Río Rojo durante el otoño e invierno de 1953, pensaban emprender violentas operaciones de limpieza para destruir nuestras bases guerrilleras mientras lanzaban ataques contra nuestra zona libre a fin de inmovilizar, desgastar y agotar a nuestras fuerzas regulares. Simultáneamente continuaban creando activamente nuevas unidades complementarias y reagrupando a sus fuerzas. Después del invierno, que es la época de las grandes operaciones en el norte de Vietnam, aprovechando un descanso tomado por nuestras tropas, trasladaron, a comienzos de 1954, la mayor parte de sus unidades móviles al sur, donde las condiciones climatológicas eran más favorables en esa estación. Intentaban lanzar grandes operaciones para ocupar todas las zonas libres que nos quedaban en la V y la IX interzonas. El dominio de estas regiones les permitiría eliminar la grave amenaza que constituían estas zonas libres. Aprovechándose del entusiasmo provocado por estas victorias, reclutarían nuevas unidades complementarias, activando al mismo tiempo el reagrupamiento de sus fuerzas móviles para preparar una ofensiva decisiva en el frente del norte. Si ese plan pudiese realizarse con éxito, en el otoño e invierno de 1954, trasladarían al norte todas sus fuerzas, considerablemente aumentadas y, además, fortalecidas por sus recientes combates victoriosos, para lanzar una gran ofensiva contra nuestras bases que les permitiría ocupar nuevos territorios, aniquilar la mayor parte de nuestras unidades regulares, terminar la guerra y transformar definitivamente a Vietnam en colonia y en base militar de los imperialistas franco-norteamericanos. Poniendo en obra este plan, el enemigo concentró sus fuerzas durante el verano de 1953. A comienzos del otoño, sus agrupaciones móviles ascendían a 84 batallones en toda Indochina. Para realizar la primera fase táctica de su plan, el general Navarre reunió en el delta del Río Rojo más del 50 % de las fuerzas móviles de toda Indochina y proclamó su intención de pasar a la ofensiva para recuperar la iniciativa de las operaciones. Empleó decenas de batallones en violentos peinados del delta a fin de consolidar su retaguardia. Un raid paracaidista sobre Lang Son se consideró como un golpe muy duro asestado a nuestra retaguardia, aunque en realidad no sufrimos más que daños insignificantes. El enemigo lanzó contra Nho Quan y la región limítrofe de las provincias de Ninh Binh y Thanh Hoa un ataque de envergadura que presentó como el preludio de una ocupación inminente de esta última provincia, pero sus tropas tuvieron que replegarse después de haber sufrido graves pérdidas. En el noroeste evacuó la guarnición de Na San para llevarla al delta. Esta posición, que había sido considerada hasta entonces como un “segundo Verdún” que debería cerrar el camino “al avance comunista hacia el sur”, perdió súbitamente todo interés militar ai menos en su propaganda. Sus agentes organizaron bandas de piratas que continuaban operando en amplias zonas al norte de esta localidad después de su evacuación. El 20 de noviembre de 1953, fuerzas bastante importantes fueron aerolanzadas en el valle de Dien Bien Fu. La intención del Cuerpo Expedicionario Francés era reforzar esta posición para marchar después sobre Tuan Giao y Son La, reocupar Na San y enlazar con Lai Chau. Dien Bien Fu se convertiría así en un sólido punto de apoyo que amenazaría el flanco de nuestra base del Viet Bac. El alto mando francés esperaba con ello obligarnos a distribuir nuestras tropas entre el delta y la montaña, mientras protegía el Alto Laos y creaba una base para la gran ofensiva que proyectaba, con un ala subiendo de la llanura y otra descendiendo de Dien Bien Fu. Dien Bien Fu se convirtió así poco a poco en una posición clave del plan Navarre. Está claro que durante ese otoño e invierno todas las actividades del enemigo tendían a un mismo fin: reagrupar sus tropas, consolidar su retaguardia, diezmar y dispersar nuestras fuerzas y preparar las condiciones favorables para grandes operaciones futuras. Estimaba que la primera fase de su plan había sido un éxito precisamente cuando se inició nuestra campaña de otoño-invierno.  


III. NUESTRO PLAN PARA EL INVIERNO DE 1953 Y LA PRIMAVERA DE 1954; LA EVOLUCIÓN DE LA SITUACIÓN MILITAR EN LOS DIVERSOS FRENTES  
Desde el alto al fuego en Corea habíamos previsto que franceses y norteamericanos trasladarían sus esfuerzos a Indochina, reforzando su potencia para extender las hostilidades. A comienzos del verano de 1953 la situación del Cuerpo Expedicionario Francés se agravó visiblemente. Aprovechando las dificultades que encontró después de sus derrotas sucesivas a partir de 1950, los Estados Unidos intervinieron más a fondo en la dirección de la guerra. Mientras tanto, nuestro ejército y nuestro pueblo estaban en condiciones de lanzarse a sus grandes campañas victoriosas. Las guerrillas intensificaban sus actividades en todas las regiones ocupadas. Nuestro ejército había adquirido más experiencia táctica; las experiencias de las campañas así como la instrucción militar contribuyeron a elevar sensiblemente su nivel táctico y técnico. Además, apareció un factor nuevo: la política de reducción de las rentas sobre las tierras y de realización de la reforma agraria decidida por el partido y el gobierno. Después de los cursos de educación política sobre la movilización de las masas campesinas para la reforma agraria, nuestros cuadros y combatientes comprendieron el objetivo de nuestra lucha: el ejército se batía por la independencia nacional y se batía también para que la tierra fuese de los campesinos. Su combatividad aumentó con ello considerablemente. Nunca, anteriormente, nuestro ejército, pleno de entusiasmo, estuvo tan dispuesto a marchar al frente para aniquilar al enemigo. Debíamos destruir a toda costa el plan Navarre y los nuevos propósitos de los imperialistas. ¿Pero cuál debía ser nuestro plan de operaciones? Frente a las nuevas dificultades que surgían, ¿cómo analizar la situación para determinar una justa línea de acción que garantizase la victoria? Concretamente, el problema era el siguiente: el enemigo estaba tratando de concentrar fuerzas en el delta para lanzar ofensivas contra nuestra zona libre. ¿Debíamos concentrar nuestras fuerzas para hacerle frente o llevarlas en otra dirección para realizar nuestra propia ofensiva en otros sectores? Era un problema verdaderamente difícil. Al reunir nuestras fuerzas para combatir al enemigo en el delta, podíamos defender nuestra zona libre. Pero el Cuerpo Expedicionario era aún poderoso y nuestras unidades podrían sufrir pérdidas. En cambio, atacando en otros sectores con el grueso de nuestras fuerzas, podíamos explotar los puntos vulnerables del adversario para asestarle golpes más mortíferos aunque se mantuviese la amenaza sobre nuestra zona libre. Después de un examen profundo de la situación, el Comité Central del partido lanzó, para destrozar el plan Navarre, la consigna siguiente: “Dinamismo, iniciativa, movilidad, rapidez de decisión ante las situaciones nuevas.” Conservando la iniciativa, debíamos concentrar nuestras fuerzas para atacar los sectores estratégicos que el enemigo había dejado relativamente al descubierto. Si lográbamos conservar la iniciativa, podríamos obtener triunfos que obligarían al adversario a dispersar de nuevo sus fuerzas y finalmente le impediríamos realizar su plan de ataque contra nuestra zona libre. En cambio, manteniéndonos a la defensiva, no solamente nos colocábamos en la imposibilidad de infligir pérdidas al enemigo, sino que corríamos el riesgo de sufrirlas nosotros mismos y finalmente no podríamos descartar la amenaza que pesaba sobre nosotros. En todos los frentes el plan de nuestra campaña de invierno-primavera materializó esta concepción estratégica. En octubre decenas de millares de trabajadores civiles fueron movilizados para activar los preparativos. Hacia mediados de noviembre nuestras unidades regulares se pusieron en marcha hacia el frente. Comenzaba la campaña de invierno-primavera. La liberación de Lai Chau


El 10 de diciembre de 1953 abrimos el fuego en el frente de Lai Chau después de haber liquidado o forzado a rendirse a millares de piratas en las regiones de Muong La y Chau Thuan. En la noche misma del 10, tomamos el puesto avanzado de Pa Ham, a unos treinta kilómetros de Lai Chau. Desde que comprobó la llegada de nuestras unidades regulares, el enemigo, lleno de pánico, ordenó a la guarnición evacuar Lai Chau y retirarse a Dien Bien Fu por las pistas de la montaña. Nuestras tropas marcharon sobre Lai Chau mientras una de nuestras columnas atacó en dirección al oeste para cortar la retirada del enemigo, cercarle y aniquilarle. El 12 de diciembre Lai Chau fue liberado. El 13, en Muong Pon, aniquilamos a la columna enemiga que se batía en retirada. Después de diez días y diez noches de combate, de persecución y cerco en una región montañosa muy accidentada, liberamos todo lo que restaba de la zona ocupada por el Cuerpo Expedicionario en la provincia de Lai Chau. El adversario perdió 24 compañías. Fue la primera gran victoria de nuestra campaña de invierno-primavera. Reafirmó la confianza de nuestro ejército y nuestro pueblo. Este triunfo obligó, además, al alto mando francés a enviar refuerzos a Dien Bien Fu, y fue el primer fracaso del plan de reagrupamiento de las fuerzas de Navarre. Nuestras fuerzas comenzaron a cercar el campo fortificado de Dien Bien Fu. La liberación de Thakhet y de varias regiones del Laos Medio

 
Mientras proseguían los preparativos para la toma de Lai Chau, las unidades de voluntarios vietnamitas recibieron la orden de cooperar con las tropas del Pathet Lao para romper el frente del Medio Laos donde el enemigo estaba relativamente al descubierto. A primeros de diciembre el enemigo descubrió nuestros planes y envió urgentes refuerzos a dicho sector. El 22 de diciembre unidades vietnamitas y laosianas se apoderaron del puesto fortificado de Ban Nafao, que controlaba la frontera. Otras unidades penetraron hasta la retaguardia enemiga. Después de una serie de victorias, las fuerzas vietnamitas y laosianas marcharon rápidamente hacia Thakhet persiguiendo a la columna enemiga que se batía en retirada por la ruta número 9. El enemigo, derrotado, evacuó Thakhet y se replegó hacia Seno, cerca de Savannakhet, después de haber perdido tres batallones de infantería y una unidad de artillería. El 27 de diciembre las unidades del Pathet Lao y los cuerpos de voluntarios vietnamitas, entraron en Thakhet, alcanzando la orilla izquierda del Mekong. Las zonas liberadas se extendieron hasta la ruta número 9. Esta fue nuestra segunda victoria importante en la campaña de invierno-primavera. Para detener a tiempo nuestra acción, el alto mando francés tuvo que retirar fuerzas móviles del delta del Río Rojo y del sur de Vietnam, y enviarlas a Seno, que fue transformado en un gran dispositivo fortificado para impedir la penetración de las unidades vietnamitas y laosianas en el Bajo Laos. El general Navarre se vio obligado a seguir dispersando sus tropas en varias direcciones. La liberación de la meseta de Bolovens y la de la ciudad de Attopeu

 
Mientras se desarrolla nuestra ofensiva en el frente del Medio Laos, un destacamento de las fuerzas laosianas y vietnamitas, avanzando por las pistas de las montañas, se infiltró en el Bajo Laos, enlazando con las unidades regionales. Los días 30 y 31 de diciembre las fuerzas laosianas y vietnamitas destruyeron un batallón enemigo en la región de Attopeu y liberaron la ciudad. Explotando su victoria, avanzaron en dirección de Saravane y liberaron toda la meseta de Bolovens hasta el sur de la ruta número 9. El enemigo tuvo que enviar refuerzos a Paksé. La liberación de Kontum y del norte de los altiplanos del centro de Vietnam

 
Pese a sus derrotas en diversos sectores, el enemigo seguía sobrestimando sus posibilidades. Como había ocupado sin dificultades Dien Bien Fu, pensó que no estábamos en condiciones de atacar. Estimó que el campo fortificado era demasiado poderoso para nuestras tropas y que su alejamiento de nuestra retaguardia planteaba a nuestro ejército, en caso de ataque, dificultades de aprovisionamiento insuperables. Consideró que si habíamos pasado a la ofensiva en varias direcciones era porque no sabíamos qué hacer ante Dien Bien Fu. Creía que en poco tiempo nos veríamos obligados a evacuar el noroeste a causa de dificultades logísticas. Entonces sería la ocasión de infligir grandes pérdidas a nuestras unidades regulares y continuar la ejecución de su plan ocupando Tuan Giao y Son La, y hasta volviendo a Na Sam. Esta persistente sobrestimación de sus fuerzas le llevó a lanzarse a la operación Atlante contra el sur de Fu Yen, en la V interzona. Este ataque, preparado durante largo tiempo, debía ser, según las previsiones del plan Navarre, el primer paso para la ocupación de toda nuestra zona libre en el sur de Vietnam Central. De acuerdo con nuestro principio estratégico: “dinamismo, iniciativa”, nuestras tropas de la V interzona recibieron la orden de dejar sólo una pequeña parte de sus efectivos para contener al enemigo, y que el grueso de nuestras fuerzas pasase a la ofensiva en el norte de los altiplanos. Iniciamos la campaña el 26 de enero de 1954. Inmediatamente nos apoderamos de Mang Den, el más poderoso subsector de la provincia. Poco después, el puesto de Dakto cayó en nuestras manos y liberamos todo el norte de la provincia de Kontum. El 17 de febrero liberamos la capital de la provincia, barriendo al enemigo de todo el norte de los altiplanos. Nuestras tropas alcanzaron la ruta número 19. Simultáneamente efectuamos una incursión hacia Pleiku. El enemigo, derrotado, tuvo que detener su ofensiva en las llanuras costeras de la V interzona y retirar unidades del Medio Laos y de la región de Hue para reforzar su dispositivo de los altiplanos. Esta nueva victoria de nuestro ejército probó una vez más la justeza de la dirección del Comité Central. La desmoralización del enemigo aumentaba de día en día. Las unidades que había retirado del delta del Río Rojo para reforzar el Medio Laos tuvieron que ser enviadas a los altiplanos. El enemigo, que había concentrado sus fuerzas para una ocupación rápida de nuestra liberada V interzona, se veía obligado a dispersarlas para hacer frente a nuestros golpes. Nuestra ofensiva en los altiplanos continuó hasta junio de 1964, obteniendo varias victorias, especialmente la de la batalla de An Khe, donde hicimos pedazos la agrupación móvil número 100 llegada de Corea, con lo que liberamos An Khe y recuperamos un gran número de vehículos y una importante cantidad de municiones. La liberación de Fong Sa Ly y de la cuenca del Nam Hou. La vanguardia en dirección a Luang Prabang

 
Después de la caída de Lai Chau, Dien Bien Fu se encontró totalmente aislado. Para restablecer la comunicación entre el campo fortificado y el Alto Laos, el alto mando francés envió tropas con el propósito de controlar la cuenca del Nam Hou hasta Muong Khoa. Para desconcertar al adversario, seguir debilitándolo y obligarle a dispersar todavía más sus tropas, creando así condiciones favorables para el ataque a Dien Bien Fu, nuestras unidades recibieron la orden de cooperar con las del Pathet Lao a fin de liberar el valle de Nam Hou. El 26 de enero, las fuerzas vietnamitas y laosianas atacaron Muong Khoa, aniquilando a un batallón de tropas europeas. Explotando ese éxito, limpiaron de enemigos el valle de Nam Hou y avanzaron hasta las puertas de Luang Prabang, mientras una columna lanzó una vanguardia hacia el norte y liberó a Fong Sa Ly. Ante nuestra potente ofensiva el enemigo tuvo que retirar más unidades móviles del delta del Río Rojo para enviarlas al Alto Laos. Navarre se vio obligado así a acentuar la dispersión de sus fuerzas. Nuestros éxitos en la retaguardia del enemigo en el delta del Rio Rojo, en la región de Hue y en el Nam Bo

 
Aprovechando que el enemigo estaba en difícil situación en todos los frentes, nuestras fuerzas armadas locales y nuestras milicias populares guerrilleras intensificaron sus actividades en su retaguardia en coordinación con el frente principal. En el delta del Río Rojo las posiciones cayeron en serie, la ruta número 5 fue gravemente amenazada y a veces cortada durante semanas. En particular, en el curso de las dos grandes incursiones contra los aeródromos de Cat Bi (7 de marzo de 1954) y de Gia Lam (8 de marzo de 1954), destruimos 78 aparatos enemigos. En las provincias de Quang Binh, Quang Tri, Thua Thien23 y en el extremo sur de Vietnam central, nuestras fuerzas estaban activas. Ampliaron nuestras bases guerrilleras y obtuvieron grandes éxitos en el trabajo de propaganda entre el enemigo. En el Nam Bo, durante toda la campaña de invierno, intensificando sus actividades de coordinación, nuestras fuerzas obtuvieron brillantes triunfos: más de un millar de posiciones y de fortines fueron tomados o forzados a replegarse y numerosas localidades fueron liberadas. Millares de soldados enemigos se pasaron a nuestras filas. Desde marzo de 1954 el desarrollo de las operaciones indicaba ya el fracaso del plan Navarre. En lo esencial, el reagrupamiento de sus fuerzas se frustró. Las unidades móviles del Cuerpo Expedicionario no estaban concentradas ya en el delta del Río Rojo, sino dispersas en diversas direcciones: en Luang Prabang y Muong Sai, en el Alto Laos; en Seno, en el Medio Laos, al sur de los altiplanos en la V interzona. Importantes efectivos estaban inmovilizados en Dien Bien Fu. En el delta del Río Rojo las fuerzas móviles no contaban ya más que con 20 batallones cuya mayor parte había perdido su movilidad al esparcirse para la defensa de las vías de comunicación, principalmente la ruta número 5. Las hostilidades tomaron un sesgo no previsto por el enemigo. Mientras que el general Navarre pretendía reagrupar sus fuerzas en el delta del norte para recuperar la iniciativa de las operaciones, le obligamos a desperdigarlas en diversas direcciones, poniéndole constantemente a la defensiva. Nuestras fuerzas regulares, lejos de sufrir las pérdidas que Navarre pretendía infligirles, le asestaron golpes muy duros. Mientras que el general Navarre intentaba pasar a la ofensiva contra nuestra zona libre, atacamos su propia retaguardia, amenazando el conjunto de sus dispositivos. Sin embargo, los generales franceses y norteamericanos se negaron a reconocer lo trágico de esta situación. Seguían estimando que durante el invierno de 1953 y la primavera de 1954 nuestras tropas habrían agotado toda su capacidad ofensiva, que tendrían que replegarse, que seríamos absolutamente incapaces de proseguir las operaciones y que en ese momento habría llegado su oportunidad. Por ello, para recuperar la iniciativa, el 12 de marzo el enemigo continuó la operación Atlante momentáneamente interrumpida y desembarcó en Qui Nhom. No podía imaginarse que al día siguiente, 13 de marzo de 1954, nuestras fuerzas lanzarían su gran ataque contra Dien Bien Fu. Comenzaba la histórica batalla.  


IV. LA HISTÓRICA CAMPAÑA DE DIEN BIEN FU  
El valle de Dien Bien Fu, con 18 kilómetros de ancho, en las montañas del noroeste, es la mayor y más rica de las cuatro llanuras de esta accidentada región, cercana a la frontera vietnamita-laosiana. Domina una importante red de comunicaciones: al norte hacia Lai Chau; al este y el sureste hacia Tuan Giao, Son La y Na Sam; al oeste hacia Luang Prabang, y al sur hacia San Neua. En el teatro de operaciones del Bac Bo y el Alto Laos, Dien Bien Fu constituye una posición estratégica de primera importancia, que puede convertirse en una excelente base aeroterrestre. La guarnición, que al comienzo sólo contaba con diez batallones, fue reforzada progresivamente durante la batalla. En el momento de nuestro ataque se elevaba a 17 batallones y 10 compañías, en su mayoría unidades selectas integradas por europeos, africanos y paracaidistas. El campo disponía, además, de tres grupos de artillería, un batallón de ingenieros, una compañía de blindados, una unidad de transporte de 200 camiones y una escuadrilla permanente de 12 aviones. En total, 16 200 hombres. Las fuerzas estaban repartidas en tres subsectores que debían sostenerse mutuamente, englobando 49 puntos de apoyo. Cada uno de ellos tenía su dispositivo de defensa autónoma y varios estaban agrupados en “centros de resistencia complejos”, dotados de fuerzas móviles y artillería y rodeados de trincheras y alambradas en centenares de metros de profundidad. Cada subsector incluía numerosos centros de resistencia bien fortificados. El subsector más importante era el central, situado en el corazón de la aldea de Muong Thanh, capital del distrito de Dien Bien Fu. Cerca de los dos tercios de la guarnición estaban concentrados allí. Se componía de muchos centros de resistencia ligados que protegían el puesto de mando, las bases de artillería y la intendencia, así como el aeródromo. Al este un conjunto de colinas formaba el dispositivo de defensa más importante del subsector. El enemigo había afirmado en diversas ocasiones que Dien Bien Fu era una fortaleza inexpugnable, y que jamás la lograríamos conquistar. En efecto, el subsector central por sí solo disponía de poderosos efectivos y las alturas del este eran difícilmente atacables. Además, la artillería y los blindados de la base eran bastante potentes para destruir toda tentativa de aproximación a través de la llanura; el sistema de trincheras y alambradas bastaba para rechazar nuestros asaltos; las fuerzas móviles formadas por batallones de paracaidistas estaban prestas a apoyar a los centros de resistencia contraatacando nuestras oleadas de asalto. El subsector norte englobaba los centros de resistencia de Him Lam, Doc Lap y Ban Keo. Las posiciones muy fortificadas de Him Lam y Doc Lap debían detener toda ofensiva de nuestras tropas procedentes de Tuan Giao y Lai Chau. En cuanto al subsector sur, llamado también subsector de Hong Cum, debía detener toda ofensiva que partiera del sur y proteger la carretera hacia el Alto Laos. La artillería enemiga estaba repartida en dos bases, una en Muong Thanh y otra en Hong Cum, que podían sostenerse mutuamente y proteger todos los puntos de apoyo circundantes. Dien Bien Fu poseía dos aeródromos, el principal en Muong Thanh, y un terreno de reserva en Hong Cum. Un puente aéreo directo con Hanoi y Haifong aseguraba un tráfico diario promedio de 70 y 80 transportes de aprovisionamiento. Los aviones de reconocimiento y de caza de la escuadrilla permanente volaban sin cesar sobre la región. Las misiones de ametrallamiento y bombardeo eran ejecutadas por aviones que llegaban de las bases de Gia Lam y Cat Bi. El general Navarre afirmaba que, con fuerzas tan poderosas y un dispositivo de defensa tan sólido, Dien Bien Fu era una “fortaleza inexpugnable”. El general norteamericano O'Daniel, después de haber visitado el campo, fue de la misma opinión. Partiendo de este punto de vista subjetivo, el enemigo consideró como poco probable que nuestras tropas pudiesen lanzar una ofensiva contra Dien Bien Fu y hasta se alegraría de que le atacásemos, pues ello le daría oportunidad de infligirnos una severa derrota. Por nuestra parte, inmediatamente después de la liberación de Lai Chau, nos planteamos el ataque a Dien Bien Fu. Considerábamos que la base, por muy bien fortificada que estuviese, tenía sus puntos vulnerables. Un ataque presentaba para nosotros una multitud de dificultades de orden operativo, táctico y logístico, ciertamente enormes pero no insuperables. Después de haber analizado la situación de las dos partes en presencia y pesado bien el pro y el contra, decidimos atacar con la consigna de atacar y avanzar a paso seguro. Nuestra táctica sería atacar separadamente cada centro de resistencia del enemigo, cada parte del campo fortificado, para crear las condiciones de una ofensiva general que aniquilaría completamente el campo. Entre el día en que fueron lanzadas en Dien Bien Fu tropas paracaidistas y el inicio de nuestra campaña habían transcurrido cerca de tres meses. Durante ese tiempo la guarnición mejoró cuanto pudo su sistema defensivo, recibió refuerzos, abrió nuevas trincheras y consolidó sus atrincheramientos. Pero esos tres meses fueron igualmente para nosotros tres meses de intensos preparativos de nuestro ejército y nuestro pueblo, que, aplicando las directrices del Comité Central del partido y del gobierno, hicieron los mayores esfuerzos para garantizar el éxito de la campaña de invierno-primavera, de la que Dien Bien Fu era la clave. Nuestras tropas lograron liberar los sectores circundantes, aislar completamente el campo atrincherado, obligar al enemigo a diseminar sus fuerzas y reducir así sus posibilidades de enviar ulteriormente refuerzos a los sitiados. Para allanar todas las dificultades tácticas, abrimos a costa de indecibles esfuerzos los caminos carreteros, los pasos para el transporte de los cañones, construimos casamatas para la artillería, arreglamos el terreno para la ofensiva y el cerco; en resumen, modificamos en nuestro favor el terreno del campo de batalla. Logramos nuestro objetivo con enormes dificultades. Pedimos a la población de la región que suministrase los víveres; se establecieron líneas de abastecimiento de varios centenares de kilómetros, desde Thanh Hoa o Fu Tho hasta el noroeste. Por caminos muy accidentados y elevados puertos montañosos, empleamos todos los medios imaginables para resolver el problema de los transportes. Durante meses un torrente ininterrumpido de tropas y trabajadores voluntarios subió sin cesar al frente a despecho de los bombardeos y ametrallamientos de la aviación enemiga. Todos los preparativos se terminaron en los primeros días de marzo: la artillería se abrigó en sólidas casamatas, el terreno se acondicionó para servir de base de partida a la ofensiva, los víveres y municiones fueron almacenados en cantidades suficientes. Compenetrados del sentido y del objetivo de la campaña, los cuadros y los combatientes estaban firmemente decididos a aniquilar al enemigo. Estaban persuadidos de que sólo la destrucción del campo fortificado de Dien Bien Fu permitiría destruir el plan Navarre. El 13 de marzo de 1954 nuestras tropas recibieron la orden de atacar Dien Bien Fu. La campaña se desarrolló en tres fases: en la primera, nuestras tropas aniquilaron el subsector norte; en la segunda, la más larga y la más encarnizada, tomaron las alturas del este del subsector central y estrecharon el cerco; en la tercera, desataron la ofensiva general y aniquilaron al enemigo. La primera fase: aniquilamiento del subsector norte


La primera fase se inició el 13 de marzo y finalizó el 17 de ese mismo mes. En la noche del 13, nuestras tropas tomaron el centro de resistencia de Him Lam, obra defensiva sólidamente fortificada que dominaba la carretera de Tuan Giao a Dien Bien Fu. El combate fue de los más encarnizados. Con un fuego concentrado, todas las baterías enemigas arrojaron sobre nuestras fuerzas de asalto decenas de millares de obuses. Nuestras tropas se apoderaron de la posición por la noche. Esta primera victoria tendría profundas repercusiones en el desarrollo de la campaña. En la noche siguiente, el 14 de marzo, nuestras tropas se concentraron para asaltar el centro de resistencia de Doc Lap, segunda obra fortificada del subsector norte, que dominaba la carretera de Lai Chau a Dien Bien Fu. La batalla duró hasta el amanecer del día siguiente. El enemigo puso en acción todos sus medios para rechazar nuestros ataques, lanzó miles de obuses y, desde Muong Thanh, envió unidades móviles apoyadas por tanques para mantener la posición. Nuestras tropas combatieron con heroísmo, se apoderaron del punto de apoyo y rechazaron los refuerzos llegados en socorro de la guarnición. El tercero y último centro de resistencia del subsector norte, el puesto de Ban Keo, se encontró así aislado y directamente amenazado. Ese punto de apoyo poco sólido estaba defendido por una guarnición formada en su mayoría por tiradores de Thai. El 17 de marzo, abandonó el combate y se rindió. Después de la conquista del subsector norte la presión se acentuó en el sector central, ahora al descubierto en sus dos flancos este y norte. En los combates de la primera fase, la rapidez de nuestras decisiones tácticas, la excelencia de nuestra defensa antiaérea y de nuestros fuegos de contrabatería disminuyeron mucho la eficacia de la aviación y la artillería enemigas. Además, la precisión de nuestros tiros infligió al enemigo grandes pérdidas. Comenzábamos a amenazar el aeródromo principal. Nuestras baterías de DCA, que entraron en acción por primera vez, abatían muchos aviones. Pero, por encima de todo, fue su heroísmo, su espíritu de sacrificio y su voluntad de vencer lo que distinguió a nuestras tropas en el curso de estos combates. El brillante triunfo que cerró la primera fase de las operaciones entusiasmó a nuestro ejército y a nuestro pueblo y dio a todos la certeza de la victoria final. En cuanto al enemigo, pese a los golpes recibidos, aún tenía confianza en la capacidad de resistencia del subsector central, en el poder de su artillería y de su aviación. Confiaba en haber infligido tan pesadas pérdidas a nuestras tropas, que éstas no podrían ya continuar su ofensiva, y serían obligadas a retirarse a consecuencia de las dificultades logísticas ocasionadas inevitablemente por la prolongación de la campaña y la destrucción de sus comunicaciones. La segunda fase: toma de las colinas del este, estrechamiento del cerco del subsector central

 
La segunda fase fue la más importante de la batalla, pues tenía como objetivo el subsector central, el más poderoso de todos. Su posición en el centro de la llanura de Muong Thanh nos obligó a resolver un gran número de nuevas dificultades en cuanto a la realización de las operaciones. Nuestras tropas tuvieron que trabajar hasta el agotamiento para terminar los preparativos. Fue necesario abrir una amplia red de trincheras que, partiendo de las colinas circundantes, surcaran la llanura a fin de bloquear el subsector central y aislarlo totalmente del sector sur. Esta progresión de nuestras líneas que cercaban las posiciones adversarias se hizo a costa de duros combates. El enemigo intentó encarnizadamente impedir nuestros preparativos. En el curso de incesantes acciones, bajo los ametrallamientos y bombardeos de la aviación y el martilleo de la artillería, nuestras tropas se acercaban cada vez más a sus posiciones con una fuerza irresistible. La segunda fase de la batalla comenzó en la noche del 30 de marzo. Lanzamos un ataque de gran envergadura para conquistar las alturas del este y cierto número de puntos de apoyo del oeste a fin de cerrar nuestro cerco, y dificultar y cortar el aprovisionamiento de la guarnición. En esa noche del 30 de marzo concentramos efectivos importantes para atacar simultáneamente las cinco alturas fortificadas del este. En la misma noche logramos tomar las colinas E-l, D-l y C-l, pero no llegamos, sin embargo, a adueñarnos de la colina A-1, la más importante de todas. La línea defensiva constituida por esas alturas era la clave del sistema defensivo del subsector central. Su pérdida debía acarrear irremediablemente la de Dien Bien Fu. Por eso, los combates fueron de un encarnizamiento inaudito. En la colina A-1, principalmente, la última altura que protegía el puesto de mando del general De Castries, en el curso de combates que duraron desde la noche del 30 de marzo hasta el 4 de abril, nuestras tropas disputaron duramente al enemigo cada pulgada de terreno y ocuparon finalmente la mitad de la posición; sin embargo, enterrado en sus casamatas y trincheras, el adversario resistió todavía en la otra mitad. Cuando no nos habíamos apoderado todavía de la colina A-1, la guarnición recibió refuerzos de tropas paracaidistas. La mañana del 9 de abril desató un contraataque para recuperar la colina C-l. Después de terribles combates cuerpo a cuerpo, que duraron cuatro días y cuatro noches, esta posición fue de nuevo ocupada a medias por el enemigo y a medias por nuestras tropas. Mientras la situación permanecía estacionaria en el este, nuestro cerco se estrechaba todavía más en el norte y en el oeste. Nuestras líneas se acercaban cada vez más a las posiciones del Cuerpo Expedicionario y en ciertos puntos no estaban más que a 10 o 15 metros. A partir de las alturas del este recientemente conquistadas, así como de nuestras líneas avanzadas en el norte y el oeste, nuestra artillería y nuestros morteros no cesaron de machacar las posiciones adversarias. Noche y día los combates continuaron. Tratamos de desgastar al enemigo hostigándole, disparando sin cesar sobre sus líneas, mientras nos esforzábamos por tomar sus puntos de apoyo, uno por uno, mediante una táctica de golpes de mano combinados con ataques masivos. Hacia mediados de abril, después de la toma de varias posiciones en el norte y el oeste, nuestras líneas llegaron al aeródromo y poco después lo cortaron transversalmente de oeste a este. Habiéndose estrechado todavía más nuestro cerco, los combates se hicieron cada vez más encarnizados. La guarnición lanzó uno tras otro violentos contraataques apoyados por la aviación y los blindados para tratar de arrebatarnos el terreno y obligarnos a aflojar el cerco. El más violento contraataque fue lanzado el 24 de abril para arrojarnos del aeródromo: le costó grandes pérdidas y el aeródromo quedó en nuestras manos. El sector ocupado por el enemigo se estrechaba de día en día y acabó por reducirse a dos kilómetros cuadrados. Nuestra potencia de fuego era cada vez más efectiva. El aprovisionamiento de la guarnición, ya extremadamente difícil a consecuencia de la pérdida del aeródromo, se hacía ahora por medio de paracaídas. Pero como el terreno que ocupaba era demasiado estrecho y los aviones no se atrevían a descender a poca altura a causa de nuestra DCA, la guarnición no recibía más que una pequeña parte de los víveres y municiones que les lanzaban y el resto caía en nuestras manos. Nuestras tropas recibían así obuses que inmediatamente disparaban contra las posiciones enemigas. Durante toda la segunda fase, la situación fue siempre muy tensa. Los intervencionistas norteamericanos enviaban bombarderos y aviones de transporte para mantener la base de Dien Bien Fu. Los bombarderos, muy activos, atacaban sin cesar nuestras posiciones y los presuntos emplazamientos de nuestras baterías. Incendiaban con napalm toda la vegetación de las alturas que rodeaban a Dien Bien Fu, machacaban noche y día nuestras líneas de aprovisionamiento, lanzaban bombas de gran potencia, otras de acción retardada y racimos de obuses sobre los caminos. Pero esos desesperados esfuerzos no les dieron los resultados deseados. El enemigo no logró cortar nuestros aprovisionamientos, asegurados por decenas de millares de trabajadores populares e interminables convoyes de caballos y camiones. No pudo impedir la realización de nuestro plan de un cerco cada vez más estrecho, que debía aniquilarlo. Los generales franceses y norteamericanos comprendieron entonces que el campo fortificado de Dien Bien Fu corría peligro de ser liquidado. El alto mando del Cuerpo Expedicionario pensó en una ocasión en reunir el resto de sus fuerzas para intentar un ataque contra nuestra retaguardia, en dirección del Viet Bac, a fin de cortar nuestras líneas de aprovisionamiento y forzarnos a retirarnos por falta de municiones. Pero no tuvo ni fuerza ni posibilidad. Temía, además, que una acción tan temeraria terminase en una catástrofe. En otra ocasión planeó disponer la guarnición de Dien Bien Fu en varias columnas que intentarían romper nuestro cerco y abrirse camino a toda costa hacia el Alto Laos. Tuvo que abandonar igualmente ese proyecto por demasiado arriesgado y se resignó a mantenerse en sus posiciones. La tercera fase: aniquilamiento del enemigo

 
La tercera fase comenzó el lo. de mayo. En el curso de diversos ataques que se sucedieron sin interrupción del lo. al 6, ocupamos sucesivamente la colina C-l, la colina A-l, clave del último sistema defensivo del subsector central, varios puntos de apoyo que se escalonaban desde la base de las colinas del este hasta la orilla del río Nam Giom y finalmente otros situados al oeste. El enemigo estaba arrinconado en un kilómetro cuadrado, batido desde todas partes por nuestras baterías, sin ninguna altura que le protegiese. El problema del aprovisionamiento se hizo extremadamente grave. La situación de la guarnición era cada vez más precaria y peligrosa: había sonado la hora final del campo fortificado. En la tarde del 7, partiendo del este y el oeste, nuestras tropas lanzaron un ataque masivo contra el puesto de mando situado en Muong Thanh. En numerosas posiciones el enemigo enarboló bandera blanca y se rindió. A las 7 y 30 nos apoderamos del puesto de mando enemigo. El general De Castries y su Estado Mayor fueron hechos prisioneros. Todo lo que quedaba de la guarnición de Dien Bien Fu se rindió a su vez. Los prisioneros fueron bien tratados por nuestras tropas. La bandera de nuestro ejército, que lleva en letras de oro la divisa de “Resuelto a combatir, decidido a vencer”, ondeó sobre el valle de Dien Bien Fu. En la noche del 7 atacamos el subsector sur. Toda la guarnición, más de 2 000 hombres, fue capturada. La campaña histórica de Dien Bien Fu terminó con nuestra victoria total. Nuestro ejército había combatido con extraordinario heroísmo durante 55 días y 55 noches. Durante este tiempo nuestras tropas sé mostraron muy activas en todos los teatros de operaciones para coordinar su acción y la del frente principal. En la retaguardia del enemigo, en el delta del Río Rojo, aniquilaron una tras otra numerosas posiciones y amenazaron seriamente la ruta número 5. En la V interzona atacaron la ruta número 19, aniquilando al grupo móvil número 100, liberando An Khe, penetrando profundamente en la región de Cheo Reo y amenazando Pleiku y Banmethuot. En el Binh-Tri-Thien y en el Nam Bo igualmente nuestras tropas pasaron vigorosamente a la acción. En el Medio Laos las unidades laosianas y vietnamitas reforzaron sus actividades en la ruta número 9 y avanzaron hacia el sur. Nuestras tropas lograron la victoria en todos los frentes. Tal fue a grandes rasgos la situación militar durante el invierno de 1953 y la primavera de 1954. En todos los teatros de operaciones hicimos perder al enemigo 112 000 hombres y 177 aviones. En Dien Bien Fu aniquilamos o hicimos prisioneros a 16 200 hombres, incluido todo el mando del campo fortificado —un general, 16 coroneles, 1 749 oficiales y suboficiales—, abatimos o destruimos en tierra 62 aviones de todos los tipos, ocupamos todos los armamentos, municiones y equipos del enemigo, principalmente más de 30 000 paracaídas. Estas grandes victorias del pueblo vietnamita y de su Ejército Popular, tanto en Dien Bien Fu como en los otros frentes, destrozaron el plan Navarre e impidieron a los imperialistas franceses y norteamericanos prolongar y extender la guerra. Liberaron el norte de nuestro país, contribuyendo al éxito de la Conferencia de Ginebra y al restablecimiento de la paz en Indochina sobre la base del respeto a la soberanía, la independencia, la unidad nacional y la integridad territorial de Vietnam y de los países vecinos, el reino de Khmer24 y el de Laos. Son páginas gloriosas en la historia de nuestro Ejército Popular y nuestro pueblo. Ilustran el brillante éxito de nuestro partido en la dirección del movimiento de liberación nacional contra los imperialistas franceses y los intervencionistas norteamericanos.


Notas a pie de página

1 Kuomintang chino. Partido nacionalista-burgués fundado en 1919 por el doctor Sun Yat Sen, el cual desempeñó un papel determinante en la revolución democrático-burguesa comenzada en China en 1911. En sus comienzos el Kuomintang mantenía una política progresista cuyos principios eran colaborar con el Partido Comunista Chino, aceptar la colaboración con éste de la Unión Soviética y ayudar a los obreros y campesinos. Después de muerto el doctor Sun Yat Sen, dirigente máximo del Kuomintang, Chiang Kai-shek traicionó los postulados del Kuomintang en 1927, poniéndose en contra del Partido Comunista Chino, iniciando una guerra civil en China y realizando una gran matanza en todo el país. Se convirtió en un partido que respondía a los intereses de la burguesía y los latifundistas así como a los intereses imperialistas. El Partido Comunista Chino luchó tenazmente contra el Kuomintang hasta destruirlo después de 22 años de lucha, dando término así a su dominación sanguinaria y fascista en 1949, año en que se fundó la República Popular China. 2 Kuomintang vietnamita. Organización derechista vietnamita que sigue la línea reaccionaria del Kuomintang chino y a la vez es dirigida por el mismo. 3 El 6 de marzo de 1946 se efectuó una convención preliminar que estableció la base para las negociaciones ulteriores que deberían llegar a un acuerdo oficial entre Vietnam y Francia. Las cláusulas de la convención eran las siguientes:  
1) Cese inmediato de las hostilidades en el sur de Vietnam. 2) Que la República Democrática de Vietnam, siendo un miembro de la “Unión Francesa”, era un Estado libre que tenía su gobierno, un parlamento y su ejército propios. 3) Que las fuerzas armadas francesas deberían retirarse de Vietnam en un plazo de 5 años.  
Poco tiempo después, el 17 de abril de 1946, se efectuó la Conferencia de Dalat, conferencia preparatoria de la de Fontainebleau en París. En esta conferencia no hubo acuerdos concretos. En septiembre de 1946 se realizó la Conferencia de Fontainebleau, en la cual se discutieron todos los temas de la Conferencia de Dalat, basados en la convención preliminar. La conferencia fracasó por culpa del gobierno francés. Después del fracaso de la Conferencia de Fontainebleau el presidente Ho Chi Minh firmó con el gobierno francés un modus vivendi (acuerdo provisional) para salvaguardar la paz en Vietnam. El modus vivendi estipulaba el cese de las hostilidades y preconizaba el arreglo de los problemas pendientes de negociaciones. Este acuerdo provisional se firmó el 14 de septiembre de 1946. 4 Zonas rojas. Bases guerrilleras así llamadas porque estaban representadas por óvalos rojos en los mapas utilizados por los vietnamitas. 5 Bunker: Casamata. 6 Tal era la situación cuando se escribió este artículo. (E.) 7 Partido Nacionalista de Vietnam. 8 Artículo escrito con motivo del 15o. aniversario del Ejército Popular de Vietnam. 9 Como puede comprenderse, este trabajo fue escrito antes de los sucesivos golpes de Estado que se han producido en Vietnam del Sur. 10 El lector deberá sustituir este nombre por el del dictador que ocupe el puesto en el momento de la lectura del libro. 11 Artículo publicado en Hoc Tap, órgano teórico y político del Partido de los Trabajadores de Vietnam, n. 1, 1960. 12 Programa de acción del Partido Comunista Indochino, 1932. 13 Se refiere a la segunda Guerra Mundial. 14 Resolución del VIII Pleno del CC del partido, 1941. 15 El pueblo francés conocía la guerra de Indochina por “la sucia guerra” (la sale guerre). 16 V. I. Lenin, “El programa militar de la revolución proletaria”. Obras Completas, t. XXIII, p. 78. Ed. Política, La Habana, 1963. 17 Las tres provincias de la región de Hue: Quang Binh, Quang Tri y Thua Thien. 18 Trung Bo, centro de Vietnam. 19 La última guerra de Indochina se caracterizó por la ausencia de una línea de demarcación clara entre las fuerzas beligerantes, siempre muy entremezcladas, salvo en lo que nosotros llamábamos los frentes “de primera línea”, teatro de operaciones que habíamos escogido y preparado y donde habíamos efectuado una fuerte concentración de tropas. 20 Meseta del Alto Laos en la provincia de Xieng Khuang. 21 Defensa contra aeronaves. 22 Durante la resistencia se hacía una distinción entre base guerrillera, enclave situado en medio de un territorio ocupado por el enemigo y enteramente dominado por el ejército popular, y zona guerrillera, región en que la correlación de fuerzas no permitía a ninguna de las dos partes dominar enteramente el sector. 23 Región de Hue. 24 Camboya.