MUJERES QUE LUCHAN Y DIRIGENTES QUE SE PROSTITUYEN

Contexto internacional

La hora actual impide una lectura sencilla. El riesgo de una lectura apresurada podría llevar a errores y enfrentamientos entre organizaciones que, hoy como nunca, deberían ponerse a desandar construcciones prejuiciosas y buscar no una unidad que signifique olvido de la historia sino observación atenta de la misma. Hay de todo para equivocarse: si es inminente o no un enfrentamiento entre los grandes bloques mundiales, cómo caracterizar a cada uno de estos, y qué tipo de presencia es la que ejercen en el propio territorio, son algunas de las cuestiones básicas, y de difícil consideración simplificada. Los tonos se elevan y las fotos reúnen como para que la veleta de los tiempos no sepa verificar si se está actuando en el sentido correcto o no. Insólitamente el modelo neoliberal regional y nacional (fiel a su vieja prédica de “los negocios son los negocios”) habilita una suerte de coexistencia de intereses de todos ellos y no precisamente para bien de la clase trabajadora local: hay un democrático endeudamiento con todos, sin escrúpulos ni mucho detalle.

Como si ocurriera en una galaxia lejana, la prensa da cuenta de movimientos de tropas, actitudes prepotentes, acciones significativas pero que no se convierten en axiales, etc. Incluso se difunden comunicados según los cuales la tercera guerra ya se declaró y se los desmiente a las pocas horas. Todo parece parte de un show mediático en que la población asiste sin entender. Como si lloviera, se comunica que hay que hacer algo con tantos ancianos y pobres que significan un gasto que genera problemas a las economías (sus números, para el Banco Mundial y otras entidades igualmente hediondas, son más importantes que la gente, gracias a la que se pavonean por el planeta en aviones y vehículos caros).

 

Nacional

El gobierno continúa revelando su hilacha de derecha sin más, sin preocupaciones de forma y dispuesto a ejercer de cualquier manera su poder. Tal vez, lo barrialmente visible, esté dado en los operativos de identificación de jóvenes, en que las muy diversificadas “fuerzas del orden” no se quedan con las ganas a la hora de pedir identificación y matizan con cachiporrazos y patadas a quien sea. No es un desmán de individuos aislados sino un hecho preconcebido y ejercido para indicar cuál será, en adelante, el modo de actuar de estas fuerzas para con el pueblo. Son procedimientos ejemplificadores. Tratan de que el miedo repliegue cualquier ejercicio de resistencia popular. Como si ya no hubiera habido ejemplos anteriores.

En el terreno judicial, las amenazas generan bajas entre los últimos jueces que llevaban causas contra implicados en la represión. En el mismo sentido está la persecución e intento de desplazamiento de algunos que no entregan del todo su voluntad a los emprendimientos de todo tipo y poco escrúpulo del actual gobierno. Entre eso, y los genocidas que vuelven por “cuestiones de edad” a gozar de impunidad, queda todo dicho. En sentido absolutamente inverso, y como alerta general, están tanto las causas que se les ha abierto a luchadores populares como también lo que ocurra con causas ya cerradas hace tiempo de los mismos. En estos mismos momentos llegan noticias del intento de encarcelar y enjuiciar a compañeros en Jujuy por supuestas usurpaciones de tierras, casi como para ilustrar el grado de arbitrariedad y desparpajo bajo el cual proceden y judicializan la protesta social.

El Parlamento funciona de a ratos como si no hubiera oposición ni matices, aunque muchos imaginen un caudal de coimas a la hora de todas y cada una de las votaciones. Si no se los comprara, sería difícil de imaginar el nivel de obsecuencia de clase de esta gente votada por el pueblo para representarlo. Ya no se trata de los gobernadores que piden desesperadamente que se vote cualquier cosa con tal de que nada afecte sus presupuestos, sino que no hay muchos modos de entender tanta reverencia hacia un poder que hace votar medidas más propias de un gobierno de ocupación que de uno legítimo. Tal vez sea nomás un gobierno de ocupación.

Especialmente repulsivo, por propio de desclasados, fue el actuar del triunvirato de los dirigentes cegetistas (“los gordos”, según el periodismo). Tras darle vueltas imposibles al asunto, inhabilitan a sus tropas, como si éstas no dependieran de un salario, a realizar movilizaciones conjuntamente con otras agrupaciones, como la de Córdoba, la CTA y otros, y acuerdan un “bono” que nadie sabe si se dará, si alguno se comprometió efectivamente a darlo, y si no es pura declaración para confundir, detrás del cual haya alguna propina ganada por debajo de alguna mesa. Más que dirigentes sindicales parecen ser parte de la patronal en contra de la cual deberían actuar. El salario sigue cayendo, mientras el elenco de cajetillas envalentonados llega, como el ministro Bullrich, a proclamar la necesidad de concluir con los planes sociales a los estudiantes “porque con el dinero recibido compran balas”. Seguramente, a continuación, todo el resto de ministros dirá qué se hace con los restantes planes: qué puede pretenderse cuando la burguesía rancia, entra a gobernar.

Un tema de estos días fue la evaluación de alumnos en las escuelas. Es sabido que se quiere habilitar una reforma que es la misma que en México generara un cerrado intento de oposición y una represión de tales dimensiones que muchos docentes resultaran heridos o muertos. Obviamente cuando el Norte impone, los administradores locales corren a cumplir sin inhibirse ante los costos humanos. La reforma concluirá en que se señale la necesidad de una permanente evaluación externa, que se pagará a enorme costo con un crédito cuantioso que rápidamente (antes de que algún cambio pudiera rechazarlo) será acordado. Esa evaluación externa acordará los contenidos y formas de la cuestión educativa, qué enseñar, qué no enseñar. Por ejemplo, nada que recuerde que esto haya sido alguna vez un país con pretensiones de independencia, justicia, igualdad o solidaridad. Esas cuestiones no convienen a un imperio que se jacte de ser tal. La reforma vendrá a caballo de la problemática de la desigualdad de la mujer, pero no tal y como nuestras mujeres denunciaran los efectos de políticas y actitudes sexistas en nuestras calles, sino con un diseño que tiene más que ver con el de esas voces que se proclamaban “en contra de toda violencia” y sumaban biblias y calefones: animales, hombres y (no lo hicieron aún) vegetales. Como si la hora de crímenes cometidos con las mujeres fuera homologable y se disolviera en cuestiones vagas y de importancia relativa mínima. Ese contenido eje está propuesto como un verdadero caballo troyano: tiene contenidos que van en contra de lo mismo que predican.

El operativo evaluativo pretende nada menos que constituir este sistema de evaluación en un gigantesco operativo de inteligencia a nivel tanto escolar como hogareño: si se hablaba de anonimato por parte del encuestado, estuvo bien claro que los alumnos eran identificables por número asignado a cada uno. O sea: se puede saber qué se enseña, llegar hasta por poco a qué se piensa en esa escuela o el hogar del alumno. Si no se pretende nada de eso, para qué entonces se lo organiza. Ni la Gestapo tuvo tal instrumento.

No es menos importante la sonora e impactante movilización de las mujeres, tanto por el número de las movilizadas, la cantidad de ciudades en que se dio, como por las repercusiones a nivel internacional y las réplicas solidarias generadas en distintas partes del mundo. El último factor deberá merecer nuevos análisis, porque parece partir de una negación de la lucha de clases para instalar como básico y axial el tema de la discriminación y la violencia sexual. Es importante señalar el aspecto de rotunda unanimidad en torno de algunas banderas, su promesa de una posición más agresiva en adelante y también la necesidad de que la izquierda deje oír estos plenos reclamos de la misma manera como se dieron en su irrupción social. Aquí es bueno dar lugar a la reflexión de si realmente está todo dicho, como hasta ahora se ha creído, o si los problemas aceptan otros modos simultáneos de abordaje.

El aparato creado de represión no va a dejar que se lo desarticule o evapore, ya que claramente constituye el reaseguro en un momento de emergencia del partido en el gobierno. Esta vez no es silencioso ni furtivo, y detrás de ellos está la mano de obra liberada, tironeando e imponiendo de a poco sus pretensiones. No interesan los motivos ni las alternativas de por qué están detrás de la escena ni si son exactamente o no los motores ideológicos del partido del gobierno y sus secuaces. El caso es que están de la misma vereda y constituyen los que van a actuar cuando ya los discursos no tengan efecto sobre las masas.

El momento exige pies de plomo y no dejarse involucrar en ningún género de provocaciones, ni tampoco pretender adjudicarse constituir cabecera de la representación de un campo popular disperso y en discusión, cuando en realidad lo que están buscando desde el poder es una excusa que -si no se da- los obligará a simular un auto atentado.

Creer, simplificando, que todas estas cuestiones tendrán fin con votaciones e ilusorios cambios de elencos gubernamentales es nada más que contribuir a un desarme ideológico peligroso. Si hubo un retroceso en estos años se debió fundamentalmente a la creencia de las masas en salvadores providenciales y de que era posible el poder más allá de una política de clases.