Nuevos tiempos, nuevos desafíos, nuevas oportunidades, en la lucha política de la izquierda
En esta nueva etapa de reflujo y resistencia, después del alza de los movimientos sociales que posibilitaron lo gobiernos que encarnaron el neodesarrollismo como alternativa al neoliberalismo en América latina, estamos partiendo de un piso más elevado en la lucha que se refleja en la conciencia social de muchos sectores, a pesar de los resultados electorales.
Los gobiernos que resultaron de aquella correlación de fuerzas, cambiaron los actores en la hegemonía de los bloques dominantes, de los sectores especulativos a los sectores ligados a la exportación, pero no modificaron la estructura productiva ni de dominación, pusieron el eje en lo social pero con una política asistencialista que no modificó la estructura del trabajo genuino; el subsidio a la pobreza con el derrame de las exportaciones, mostro su límite y agotamiento como modelo estable. En Argentina, esto rápidamente quedó evidenciado con el crecimiento de la desocupación por la caída de los programas sociales y los contratos de trabajo precarizado. Pero si tomamos el piso desde donde se partió socialmente en 2001, es notable la amplitud de derechos sociales conquistados o recuperados en muchos terrenos: en lo económico, en protección social, en lo cultural, en organización, en la batalla ideológica, que conforman un contraste notable con los recortes que trae el neoliberalismo, de antes y del derechoso gobierno actual, amplitud que alimentaran las condiciones y el ánimo para la lucha.
Modificada la correlación de fuerzas, en el último tiempo la derecha fue ganando la iniciativa política a tono con el capitalismo mundial, que cada vez expresa más crudamente su carácter depredador, apropiador y represivo. Nuestro país entró en ese escenario, más por desaciertos del gobierno K que por iniciativa de la derecha más retrógrada y esto cambió las condiciones en que se desarrollará la lucha social y política a futuro.
Los tiempos que se vienen son de confrontación, ya se visualizaban y lo analizábamos, aun con otro resultado electoral, no hay ajuste sin lucha y no lo hay sin represión. Habrá persecución ideológica y selectiva; el gobierno cuenta con un aparato represivo altamente incrementado en los últimos años, legislación acorde, el poder judicial, los medios de comunicación y también un logrado consenso social para la misma. En ese marco, nos debemos la construcción política; es para la izquierda un gran desafío pero también es una oportunidad. Las alternativas no son muchas, se consolida la derecha como alternativa política de poder, se fortalece el kirnchnerismo como opción en la oposición o la izquierda construye su herramienta alternativa para las mayorías populares.
En este periodo, como ya mencionamos, la izquierda en general en América Latina en proceso de recuperación de las derrotas producidas por el capitalismo a nivel mundial, y por las ejercidas a través de los procesos represivos dictatoriales a nivel local, quedo diluida políticamente como alternativa. El movimiento social gestado en la confrontación con el neoliberalismo en la década del noventa, fue cooptado y diluido en gran parte por el Kirchnerismo, lo mismo sucedió con el movimiento de DD.HH. y el sindicalismo que despuntó con el piqueterismo de los desocupados por las empresas privatizadas. Esta contradicción no resuelta en el movimiento social entre la aspiración a la justicia social y la alternativa política para lograrla, condicionó el proceso de lucha de toda la etapa.
Esto es lo que hemos presenciado, compartido, visto, andado, desde que decidimos conformarnos como Agrupación Domingo Menna para meternos en el debate de la izquierda, de la cual nos sentimos parte y de la que nos caben todas sus limitaciones y toda su autocrítica: de no haber sabido o no haber podido en toda esta etapa, generar una alternativa para el campo popular desde nuestra ideología; de no haber sabido o no haber podido encontrar los caminos de unidad tan necesarios dentro de la izquierda; de no haber sabido o no haber podido tener la amplitud y la capacidad política, de construir una herramienta de masas y no nos sirven, ni deberían servirnos, los atenuantes de la realidad política internacional y nacional, para eludir nuestra responsabilidad política como hombres de Izquierda, en esta historia.
Debemos pensarnos en el momento presente y empezar a definir ejes claros de construcción política, en este sentido, debemos tener en claro qué construir, para qué y con quiénes. No podemos pensarnos en una alternativa de construcción política en esa dimensión si no nos pensamos con todos los conscientes del cambio revolucionario y con todos los que tienen objetivamente necesidad del cambio revolucionario, para eso debemos resolver la tensión que siempre existe entre lo que deseamos y lo que podemos, entre el núcleo de principios y la necesidad política. Debemos aferrarnos a nuestros principios pero construir con amplitud política, porque lo que necesitamos construir es un frente de liberación nacional y social, capaz de contener, al menos, algunos ejes sociales principales como los de clase, de género, de etnia, de medioambiente, económicos y para eso debemos construir básicamente con lo diferente, acordando en lo posible, con el debate permanente sobre lo estratégico, pero avanzando sobre los acuerdos concretables.
Necesitamos de esa fuerza de gran magnitud si queremos modificar la correlación de fuerzas ante tamaño poder concentrado por las clases dominantes, en lo económico, institucional, mediático, represivo. Esto tiene que aparecer con meridiana claridad para alguien que se pare en un pensamiento de izquierda.
Esos ejes, además, deben reflejarse en un puñado de reivindicaciones sentidas y visualízables por todos, porque en esta etapa es la materialidad, la concreción de la materialidad, lo movilizante, es ser parte de, pero para vivir mejor, lo que por cierto es muy válido.
Desde este pensamiento, por supuesto, deberíamos empezar desde lo menor a lo mayor, desde lo más chico a lo más grande, desde la cantidad a la calidad. Debemos saber superar nuestras contradicciones, poder despojarnos de nuestras pequeñas identidades, soltarnos de nuestras pequeñas seguridades, poder andar con el “otro”, tanto con el circunstancial, como con el estratégico, ampliar lo más posible sin perder de vista nunca en el horizonte la cuestión del poder. La izquierda debería ser capaz de construir en ese proceso con la gente, ni antes ni después, y sobre todo sin miedos, la dirección de ese movimiento para no desvirtuar los objetivos estratégicos del cambio revolucionario. Tiene que poner en tensión toda su capacidad en ese proceso si quiere ser dirigente para no caer en propuestas reformistas que llevan a la decepción o a enfrentamientos estériles que desgastan a las masas, y tiene que hacerlo en esa diversidad de opiniones y posicionamientos que tiene la realidad social, porque esa es la materia con que se construye, no es otra.
Hay viejas discusiones yermas en la izquierda, hay una facilidad tremenda para quedarnos en lo coyuntural, hay personalismos demodeledores de lo político, hay izquierdismo y reformismo agazapado, hay miedos en la construcción política. Los cuadros más capaces deberán poder sacudirse esas limitaciones y construir las herramientas necesarias para el movimiento revolucionario en ese proceso social y para garantizar la dirección y los objetivos, no se dará antes sin ese proceso con las masas en lucha.
Será un proceso largo, donde la organización y la formación son prioritarias en esa construcción y deberíamos empezar por darnos una estrategia para convencer a los convencidos, el debate ideológico no será menor pero, para no repetir malas experiencias, arranquemos con los honestos, con los de confianza política, voluntad política organizada. Los hay por miles, demos el debate, interpelemos ¿quién es responsable de la unidad de la izquierda? solo nosotros somos responsables de nuestro estancamiento y seremos los responsables, además, de garantizar no solo la herramienta política, sino los cuadros dirigentes que tienen que salir de ese proceso, capaces de garantizar su continuidad y el triunfo. La razón está de nuestro lado.
Hemos vivido un proceso mediocre, si no salimos de él no estamos a la altura. El tiempo ya empezó a correr, la construcción es ahora, seremos la alternativa o un nuevo fracaso de la nueva etapa.