POR UN SINDICALISMO DE LOS TRABAJADORES

El proceso iniciado el pasado 10 de diciembre se caracteriza por la fuerte transferencia de ingresos desde los sectores asalariados a los grandes sectores concentrados de la economía. La devaluación del 40%, el levantamiento a las retenciones a la exportación de producción agrícola, la exención del impuesto a los bienes personales, la pérdida de 150.000 empleos formales en el ámbito público y privado, a los que debemos adicionar la gran cantidad de empleos informales, en negro, que no figuran en ninguna estadística y son los sectores más desprotegidos de la sociedad; todos estos factores, sumados a la galopante inflación y al tarifazo, generan un escenario explosivo, una bomba de tiempo.
Ante esta situación, la burocracia sindical, aquellos que en su gran mayoría apoyaron la campaña política del actual gobierno, se llamaron a silencio, no han tenido, tal vez por negligencia o por complicidad, reacción frente al brutal embate contra el pueblo. La demostración de fuerza encarnada en el acto del 29 de abril pasado, dejó en evidencia la nula voluntad de la burocracia de enfrentar seriamente esta situación.
Sin embargo, no toda la clase trabajadora organizada se encuentra inmovilizada. Hay una multiplicidad de experiencias que comienzan a cuestionar el orden de cosas que van, desde nuevas conducciones generales y delegaciones, hasta agrupaciones; desde los Metrodelegados, pasando por trabajadores de prensa, hasta las experiencias en los gremios de la alimentación, la construcción y autopartes, generando alternativas a las conducciones tradicionales y entreguistas. Si bien estas organizaciones se encuentran con diversos grados y niveles de organización lo destacable es el crecimiento y la expansión de las organizaciones de base disidentes. La herramienta gremial no es un obstáculo. A lo que debemos combatir es a los burócratas que cooptan y pretenden transformar a los sindicatos en organizaciones estériles que avalen el status quo.
La solidaridad de clase es un faro que nos debe guiar en el camino de la organización y la lucha contra las políticas represivas y antipopulares de este régimen. Los trabajadores tenemos la obligación de solidarizarnos con aquellos que se encuentren en mayores condiciones de precariedad laboral (tercerizados y trabajadores en negro) y a la luz de la nueva normativa aprobada por la Corte Suprema de Justicia, que apunta a la desmovilización y al control de las protestas que se puedan generar por la agudización de este modelo económico excluyente y la incapacidad de las burocracias de contener la problemática social.
Como en todo proceso social, el análisis de las condiciones materiales actuales nos pide organización, unidad para la lucha desde un lado constructivo y no solo de oposición a un modelo de acumulación; debemos abogar y trabajar por un proyecto alternativo desde los trabajadores y para los trabajadores. Es hora de avanzar y transformar el entorno de esta problemática, las burocracias no son para siempre.