De agotamientos, resistencias y alternativas
 
El agotamiento de los “modelos” denominados neokeynesianos, populistas, o con un mayor o menor progresismo socialmente implementado, está una vez más en evidencia en todo nuestro subcontinente. En nuestro país estamos ante el espectáculo de un nuevo fracaso de estas experiencias luego de la derrota electoral del kirchnerismo, con otra decepción para los sectores populares que estaban esperanzados con ella.
En nuestra América, con diferencias y semejanzas en cada país, transitamos el mismo camino. Sólo por poner un ejemplo, si comparamos las situaciones en Venezuela y en Argentina vemos que, en lo político, el proceso en el país caribeño estuvo bastante más a la izquierda que en el nuestro pero, en lo económico, ninguno de los dos rompió la matriz productiva que es causa y efecto de los desarrollos capitalistas dependientes y deformados.
Una vez más debemos recordar lo que nos dijera el Comandante Guevara: “...o revolución socialista o caricatura de revolución”. O cambiamos el sistema desde sus bases económicas, políticas e ideológicas; o nos seguimos conformando con maquillajes estéticos que no modifican la esencia.
Las condiciones objetivas de crisis del sistema se siguen manifestando cada vez con mayor contundencia, con el consiguiente sufrimiento para el pueblo. Pero en las condiciones subjetivas estamos muy lejos de considerarnos en una buena posición. Este es uno de los primeros puntos que nos debe interesar. porque en esas condiciones subjetivas están las causas de nuestros problemas como nueva izquierda revolucionaria, anticapitalista y antiimperialista.
Ganarse los corazones y las subjetividades de las amplias masas es algo esencial para todo proceso revolucionario, y estamos padeciendo no sólo el peso de cinco siglos de dominación capitalista en esas subjetividades, sino también el desarrollo que tuvieron en las últimas décadas los aparatos ideológicos del Estado. Estos aparatos tiempo atrás eran principalmente la religión, la educación, la familia, los partidos políticos del sistema, las burocracias sindicales y el poder judicial; hoy la supremacía por sobre todos ellos la tienen los medios de comunicación masivos, que en la era de Internet tienen una penetración incalculable. Ellos son actualmente los principales reproductores del sistema capitalista en las mentes de todos nosotros. Porque no sólo influyen en términos masivos sino también específicamente en nuestras propias prácticas y análisis políticos como izquierda. Nuestra lucha hoy por hoy es totalmente desigual, por la enorme diferencia entre esos aparatos de dominación y nuestras posibilidades de confrontarlos en el seno del pueblo, pero es la lucha por la hegemonía y es imprescindible darla. De lo contrario acertará una vez más Mariano Moreno cuando decía “...nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.” (Aplicando aquí el concepto a la tiranía del capital, independientemente de las formalidades democráticas).
En esta disyuntiva nos encontramos hoy, muy lejos por cierto de las condiciones subjetivas alcanzadas en las décadas del 60 y 70, donde por primera vez en nuestra historia estuvo planteada explícitamente la cuestión del poder. Desde el Cordobazo hasta el Rodrigazo, las masas en Argentina marcaron la agenda del día a día y generaron dirigentes como Agustín Tosco y Mario Roberto Santucho.
Ayer, hoy y mañana, seguirán siendo prioritarias las tareas por la unidad de las numerosas, pequeñas y dispersas agrupaciones sociales y políticas. Sobre todo de aquellas que se fueron generando después de los años de fin del siglo pasado, de hegemonía neoliberal, que produjeron el estallido de 2001. Si pretendemos estar cien por ciento de acuerdo para iniciar esa unidad, ésta nunca llegará. Esta unidad será tal vez una construcción que deberá plasmarse sobre la base de un programa básico común, pero sobre todo por una práctica común concreta.
O lo logramos en esta etapa o este capitalismo, cada vez más salvaje e inhumano, seguirá siendo ese monstruo grande, que pisa fuerte.
Nos seguimos jugando por la unidad de los que luchan, por la segunda y definitiva independencia, por el socialismo, por aquellas banderas que nos marcaron y nos siguen marcando el camino hacia aquel horizonte de liberación.

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Estudiantes • Resistir en unidad